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PALABRAS DE MONS. RICARDO OSCAR FAIFER
En la
ceremonia de su consagración episcopal
y toma de posesión de la diócesis de Goya, 12 de diciembre de 2002
1.
Al finalizar esta bella celebración, en primer lugar es justo que
haga memoria del paso de Dios por mi vida... ¡Cómo me eligió, me
cuidó y fue entretejiendo los hilos de mi historia personal!
¡Grande ha sido su misericordia para conmigo! ¡Mucha ha sido su
delicadeza y la confianza que me ha tenido! “Me eligió no por mis
obras, sino por su propia iniciativa y por la Gracia... desde toda
la eternidad” (2da. Tim. 1,9).
- Por
eso me siento maravillado... adoro y alabo a la Santísima Trinidad y
le doy gracias: ¡Gracias por la vida, gracias por la fe y el
Bautismo, gracias por el Ministerio sacerdotal!
- Pero
este amor de Dios se me mostró en rostros y corazones humanos a
quienes les debo gratitud y es bueno que hoy los recuerde. Mis
padres; mis hermanos; los sacerdotes de la querida Parroquia San
José de Gualeguaychú; Mons. Jorge Chalup que me ordenó Sacerdote,
Mons. José María Mestres que me dio su afecto, Mons. Pedro Boxler
que me dispensó tanta confianza, Mons. Luis Eichhorn, que me nombró
su Vicario; los Formadores del Seminario de Paraná y de la
Gregoriana; los hermanos de las comunidades de Galarza, Santa
Teresita y Catedral; los Hermanos Sacerdotes que me distinguieron
con su confianza y amistad; tantos amigos y amigas... a todos
¡muchas gracias!
- Dice
la Virgen: “Mi alma canta la grandeza del Señor, porque miró con
bondad mi pequeñez (Lc. 1, 46-47)... Hoy percibo mi pequeñez y
desproporción frente a la misión que el Señor me encomienda por
decisión del Santo Padre Juan Pablo II, a quien manifiesto mi
reconocimiento y obediencia. Soy convocado al servicio Episcopal: “Deja
tu tierra entrerriana y ven...” Este momento lo vivo como una
gracia muy grande y como un fuerte llamado a la conversión para una
identificación con Cristo, Buen Pastor.
“Aquí
estoy, Señor porque me has llamado”... “No tengas miedo, yo
estaré contigo”. Esta fue la frase Bíblica que resonó en mi
corazón el día de mi Ordenación Sacerdotal, y hoy resuena con mayor
fuerza, invitándome al abandono confiado en las manos del Padre.
Estoy
seguro, Señor, que cuento con tu Gracia y con la bondad, oración y
colaboración de esta porción de tu pueblo que hoy me confías. Esto
me da serenidad y ánimo.
2.
Queridos hermanos y hermanas de Goya:
- Hoy
ustedes me miran con los ojos de la fe y contemplan en mí a su
Obispo. Aquí estoy: soy un hermano débil como ustedes,
cristiano con ustedes, Obispo para ustedes. ¡Qué
maravilla ha sucedido en mí y ante ustedes esta noche!
Verdaderamente ha venido sobre mí el Espíritu Santo para darme la
plenitud del Sacramento del Orden, constituirme Sucesor de los
Apóstoles y miembro del Colegio Episcopal y hacerme Cabeza Visible y
Pastor de esta Iglesia Particular de Goya.
-
Desde hoy soy, junto con los Presbíteros y los Diáconos, el signo
sacramental de Cristo Pastor para hacerlo presente y operante en
medio de ustedes. Lo que es verdad en la Gracia del Sacramento, lo
sea en nuestra entrega cotidiana ...
- Como
Obispo, que sea una imagen del Padre, que en mi corazón esté la
compasión de Jesús y tenga la unción y el fuego del Espíritu Santo,
y la disponibilidad de María y la pasión por evangelizar de San
Roque González y de tantos heroicos misioneros del N.E.A.
-
Déjenme decirlo con humildad: quiero estar a la altura de esta
misión y de aquellos Obispos que, especialmente en nuestra Patria,
honraron al Episcopado con la santidad de sus vidas.
3.
Hermanos y hermanas de Goya:
- Mi
vida ha quedado ligada para siempre a ustedes. Por eso, estarán
grabados como un sello sobre mi corazón (Cantar 8,6). Y como
signo de mi amor fiel llevaré el anillo episcopal en mi mano para
que me lo recuerde día a día.
- En
esta celebración hemos vivido un gesto muy significativo: durante la
oración de la consagración episcopal, estaba el Libro de los
Evangelios abierto sobre mi cabeza, indicando una gracia y un
desafío: la gracia de la Palabra que ilumina y conforta, el desafío
de que el Obispo y su Iglesia particular vivan sometidos al
Evangelio de Jesús. Le pido, entonces, al Señor que nuestra
Iglesia, fiel a la Palabra, hable más con los hechos que con las
palabras y que los valores se encarnen en compromisos cotidianos.
- Aquí
estoy para comenzar un proceso de identificación con ustedes. El
Padre Celestial los preparó desde siempre como una gracia para mí,
a ustedes con su historia y cultura, a ustedes con su rica vivencia
eclesial. Que este encuentro soñado por el Padre entre ustedes y yo
sea feliz y fecundo.
- He
elegido como lema episcopal las palabras de Jesús “Para servir”
(Mt. 20,28) Así lo siento en mi corazón y quiero vivirlo con ustedes
y para ustedes. Servir al Evangelio de Jesucristo. Servir
a la comunión y a la esperanza. Servir con amor gratuito a
todos, con predilección por los pobres, los enfermos y los
necesitados (Catic. 1586). “El Obispo es el padre y hermano de
los pobres. El no debe dudar, cuando es necesario, en hacerse
portavoz de los que no tienen voz, para que sus derechos sean
reconocidos y respetados” (X Asamblea General Ordin. del Sínodo
de los Obispos). Servir a la reconciliación, al diálogo y a
la amistad social para la reconstrucción de la Nación Argentina.
- Que
el servicio y la entrega de Jesús en la Cruz y en la Eucaristía sean
la medida y la fuente de nuestro servicio y entrega cotidianos. El
Pan partido, símbolo de la Eucaristía, sea signo-gracia-propuesta de
una Iglesia-comunión, fermento de una nueva sociedad.
4.
Y ahora, dejen que se ensanche el corazón para dar cabida a todos,
abrazarlos y saludarlos:
- A
toda la gente del sur correntino: la de las ciudades con sus barrios
y la del campo. A los de la costa del Paraná y a los de la costa del
Uruguay. A los que trabajan y a los desocupados. A los niños,
jóvenes y adultos. A los ancianos y a los enfermos. A todos, sean
creyentes o no.
- A
las hermanas y hermanos que interceden por nosotros en la vida
contemplativa.
- A
los que trabajan apostólicamente en la Diócesis: los hermanos y
hermanas de la vida consagrada y los queridos laicos.
- A
los hombres de Buena Voluntad, amados por Dios.
-
Saludo especialmente a los queridos hermanos Sacerdotes y al
Diácono, principales colaboradores en la misión Apostólica. Quiero
brindarles confianza y amistad cordial, con el corazón y el oído
atentos para la escucha receptiva. Quiero ser Padre para ustedes
¡Ayúdenme a serlo!
Y este
especial saludo se extiende a los Seminaristas, que se entusiasmen
en el seguimiento de Jesús para poder entregarse generosamente al
servicio del pueblo.
- A
los queridos jóvenes: un fuerte abrazo y una pregunta: ¿no se
animan a quemar sus vidas por Jesús, por los hermanos, por los
pobres?. . .
5.
Mi corazón y mis labios expresan ahora reconocimiento y gratitud
-
Gracias a los Hermanos Obispos aquí presentes por su compañía y por
el testimonio de Comunión y Colegialidad; a los Consagrantes, por
el Don del Espíritu; al Señor Nuncio Apostólico que con su presencia
nos ha hecho cercano a Juan Pablo II.
-
Agradezco a Mons. Luis Stockler porque ha dejado una Diócesis viva,
en marcha, organizada. Ojalá la cuide con tanta entrega como él.
- Mi
recuerdo agradecido también a Mons. Alberto Devoto, Pastor bueno,
sacrificado y fiel, que puso los cimientos de esta Diócesis.
-
Agradezco al Pbro. Tomás Von Schulz, Administrador Diocesano, y al
Colegio de Consultores por el gobierno pastoral de estos meses.
-
Gracias a los que han venido desde la Diócesis de Gualeguaychú para
manifestarme su amistad. En ella he vivido mis treinta y ocho años
de servicio Sacerdotal. Gracias por su bondad, colaboración y
comprensión! He recibido mucho amor... los llevo muy dentro, no los
podré olvidar.
-
Gracias a las autoridades aquí presentes por la delicadeza de
habernos
acompañado.
- Y
ahora, finalmente, aunque uno quisiera que este momento no acabe, mi
emocionado gracias, muchas gracias!, a los hermanos de la Diócesis
de Goya por esta fiesta de la fe tan alegre y colorida: a todos mi
primer abrazo y bendición de Padre y Pastor:
A los
hermanos del Departamento de Lavalle... de Esquina... de Sauce... de
Monte Caseros... de Curuzú Cuatiá... de Mercedes... de Goya...
6.
Pongo mi servicio Episcopal bajo el cuidado de Nuestra
Señora de Itatí, Patrona de la Diócesis: Se que Ella me ayudará
a parecerme, en parte, al Obispo que ustedes pedían en la bella
oración que rezaban en la espera. Nuevamente le digo: “quiero ser
un buen correntino, por eso quiero ser tu hijo”.
- Que
San José sea nuestro protector y modelo de “espíritu interior, de
paz, de silencio, de trabajo y oración al servicio de la Santa
Iglesia”. (Beato Juan XXIII)
- Que
Santa Teresita haga descender su “lluvia de rosas” sobre nuestra
querida Diócesis de Goya.
Hermanos y hermanas:
Hoy me
incorporo a caminar con ustedes en esta Iglesia Diocesana.
Los
convoco a vivir con pasión el presente y a abrirnos con
esperanza al futuro, confiando-sirviendo-compartiendo,
bajo la mirada tierna y el cuidado de Nuestra Señora de Itatí.
Mons. Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya |