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MENSAJE DE NAVIDAD 2003


Mensaje de Mons. Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya para la Navidad


Queridos hermanos y hermanas:

1. En Navidad, algo muy bello resplandece y nos cautiva en “un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc. 2,12). No es sólo el hecho de un niñito en los brazos de su madre, sino que, sobre todo, nos conmueve la hondura del Misterio que celebramos.

Porque en el rostro de este Niño contemplamos la cercanía  de la gloria de Dios y la feliz noticia del gratuito e incondicional amor de Dios por el hombre... ¡Dios haciéndose hombre se hermana con nosotros, para que seamos sus hijos y amigos! ¡Felices los invitados a la fiesta y al banquete de la amistad divina! “Por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu” (Ef. 2,18).

Por eso, Jesús, el Hijo de Dios, hecho carne en María Santísima y nacido por nosotros nos conmueve y nos llena de asombro, de gratitud y de gozo... Nos asombra la cercanía de Dios que comparte el dolor, la pobreza y nuestra cruz. Nos maravillan los dones que nos trae: el perdón, la reconciliación, la paz y la esperanza. En Cristo es posible el sueño de Dios: que los hombres vivamos como hermanos.

¡Qué inmenso es el amor de Dios por el hombre! ¡Qué dignidad la del hombre, así amado por Dios!

¡Adoremos y demos gracias!


2. Con los pastores vayamos a Belén al encuentro de Jesús. Encuentro en la fe comprometida que se hace imitación y seguimiento del Señor para reproducir sus actitudes... Luego, con el testimonio personal y comunitario, resonará el anuncio gozoso: “Hemos encontrado al Mesías”.

De Él nos impactan:

* su amor y misericordia

* sus exigencias de justicia y fraternidad,

* su ejemplo de pobreza y humildad,

* su testimonio de entrega por todos los hombres. (NMA Nº 52)


Seguir a Jesús es exigente... Pero su persona y su mensaje nos cautivan porque es bella su vida, su entrega y su propuesta... Miremos toda su existencia para aprender de Él a ser hombres auténticos: “Jesús, hijo y hermano, modelo perfecto del hombre, tiene rostro de adolescente en Nazaret, de hombre sencillo y trabajador en su aldea, buen vecino y ciudadano honrado, que quiere a todos; cercano a los débiles, enfermos, extranjeros y pecadores, abierto al diálogo y de una sola palabra; que trata sin distinción y por igual varones y mujeres, abraza a los niños; busca al Padre con confianza y le reza en lo secreto. En su vida manifiesta solidaridad para con todos, también con los olvidados, ignorados y excluidos. Jesucristo es nuestra Buena Noticia”.(cfr. NMA Nº 53)

Que esta Navidad nos regale ser hombres nuevos y comunidades nuevas, testigos de la eterna novedad de Jesucristo.

Que esta Navidad nos regale ser hombres nuevos y comunidades nuevas, testigos de la eterna novedad de Jesucristo.


3. No puedo finalizar este mensaje sin hacer referencia al Congreso Eucarístico Nacional, a celebrarse en Corrientes desde el 2 al 5 de setiembre de 2.004. Porque Jesús se hizo carne, podemos verdaderamente comer su Cuerpo y beber su Sangre en la Eucaristía.

Que el Congreso sea un verdadero acontecimiento de gracia, correspondido por nuestro compromiso eclesial y ciudadano, para que hombres y mujeres honestos y capaces amen y sirvan a la Patria.

Que la Eucaristía, que hace presente al “Cristo que nos amó y se entregó por nosotros” (Gál. 2,20), sea modelo y fuente de nuestra entrega.

Que cada familia sea una escuela de comunión, de servicio y de santidad.

Que la reconciliación cure las heridas de la división y el desencuentro.

Que las heridas de la desocupación y la pobreza sean sanadas en la verdad, la justicia y la solidaridad.

Así será verdad el mandato de Jesús que es el lema del Congreso: “Denles ustedes de comer”.

El himno del mismo nos hace cantar:

“¡Quédate con nosotros, Jesús, que da miedo tanta oscuridad!

No es posible morirse de hambre en la Patria bendita del pan.

¡Quédate con nosotros, Señor, que hace falta un nuevo Emaús,

la propuesta será compartir como Vos y en tu Nombre, Jesús”!


Que el pan partido, símbolo de la Eucaristía, nos recuerde durante todo el año nuevo esta propuesta de solidaridad y del compartir.

Hermanos y hermanas, junto con mis sacerdotes, les deseo una Navidad llena de esperanza y un año nuevo sereno y en paz bendecido por Dios. Nos cuide a todos nuestra tierna Madre de Itatí y nos bendiga con el fruto  bendito de su vientre, Jesús.

¡Feliz Navidad y Año Nuevo! Un abrazo y bendición.

Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya


Mons. Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya



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