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LA PASCUA: TRIUNFO DE LA ESPERANZA Y DEL COMPROMISO CRISTIANO


Mensaje de Mons.
Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya,
para la
Pascua de  2003


1. ¡Cuántas señales de muerte a nuestro alrededor!: violencia, terrorismo, guerra, corrupción generalizada, anarquía, inseguridad, exclusión y pobreza... Tanto desprecio de la vida, aborto, egoísmo... ¡el pecado que esclaviza!

Nos duele la patria Argentina, deteriorada en su tejido social, porque no se ha logrado aún realizar la justicia tan largamente esperada, ni se han podido resolver problemas tan vitales como el trabajo, la alimentación, la salud y la educación para todos. Nos duele verla presa del desánimo y la tristeza, desorientada y saturada de tantos discursos alejados de la realidad.

Por eso, una dolorosa sensación de opresión y angustia nos invade. Caminamos en la noche de un túnel del que no vemos la salida... Es así que nos asalta la tentación del desaliento, o bien soñamos ilusoriamente con una solución mágica.


2. Pero, en la noche cerrada, brilla la luz de la Pascua que nos posibilita mirar la realidad con ojos nuevos. Y entonces, el anuncio testimonial de la Resurrección del Señor, con su mensaje de vida y esperanza, incide como un tajo luminoso que parte la espesa oscuridad de este presente de dolor y muerte.

Por eso hoy, por primera vez desde que soy obispo, tengo la inmensa alegría de anunciarles, en la Fe de la Iglesia Católica,  el Pregón pascual: “Cristo me amó y se entregó por mí. Cristo murió en la Cruz por nuestros pecados, pero está vivo. ¡RESUCITÓ! ¡No tengan miedo! Jesús está con nosotros. ¡Aleluia! Es la Pascua del Señor y nuestra pascua! ¡Aleluia!”  Por eso cantamos: “¡Alégrense, dice el Señor, Yo estaba muerto y aquí estoy! ¡Alégrense y de corazón demos gracias a Dios!”


3. Cristo nos salva por su muerte y resurrección y participa con nosotros su victoria sobre el pecado y la muerte. ¡Nosotros también resucitaremos con Él! Creer en la Resurrección nos lleva, necesariamente, a una nueva postura existencial ante la realidad, puesto que por más oscura y cerrada que se nos presente, siempre habrá una salida positiva hacia la luz, hacia la vida. Como el grano de trigo muere y florece en la espiga, así el Señor estuvo muerto y ahora vive.

Cristo resucitado frente al desaliento nos enciende en la esperanza y frente al recurso ilusorio de la magia nos conforta con su Espíritu para el compromiso real y concreto.

Para los cristianos no hay alternativa: Jesucristo con sus opciones de vida es nuestro Camino. A Él seguimos y con Él proseguimos su causa exigente y feliz de la liberación integral del hombre. Con Él optamos por la vida contra la muerte, por la paz contra la guerra. “Vayan y cuenten, celébrenlo, murió la muerte, triunfó el Amor”.


4. En esta Pascua 2.003 soñamos y nos comprometemos con una Argentina de valores morales firmes, donde se cumpla la Ley y la Constitución, donde se implante la cultura del trabajo contrapuesta a la cultura de la dádiva y del clientelismo, donde se asuma una política educativa y socio-económica que revierta el proceso de la pobreza creciente, donde nuestros jóvenes campesinos se realicen permaneciendo y trabajando dignamente en nuestros campos, donde se reconozca en primer lugar los derechos de Dios que es fundamento de toda razón y justicia. Soñamos y nos comprometemos con la Argentina del perdón, la reconciliación, la fraternidad, la solidaridad, la justicia, la paz, y ¡de la esperanza!

A esta Argentina, en las próximas elecciones del 27 de abril, le debemos un voto responsable, memorioso y crítico que elija a candidatos que funden sus aspiraciones en la integridad moral demostrada en sus propias vidas en el valor de sus proyectos, en el compromiso por el bien común, y no en suscitar emociones engañosas. A esta Argentina le debemos, como cristianos, la vivencia personal y comunitaria de la Pascua con un absoluto compromiso con Dios y con el Hombre. La realización de este sueño y de este compromiso es posible por la gracia del Señor Jesús, por “la extraordinaria grandeza del poder con que Él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza” (Efesios 1, 19).

La Pascua, así vivida, es el triunfo de la Esperanza y del compromiso cristiano.“Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y de la verdad” (1ª Corintios 5,8).

Un abrazo enorme. ¡Felices Pascuas para todos y cada uno! Que la Virgen de la Esperanza nos aliente en la vivencia y el testimonio gozoso de su Hijo resucitado.


Mons. Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya



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