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NAVIDAD 2004


Mensaje de monseñor Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya, para la Navidad



Queridos hermanos y hermanas:

Quiero estar muy cerca de ustedes en esta Navidad y Año Nuevo con un saludo portador de luz y de esperanza, y de aliento para un renovado compromiso cristiano.


1. “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz”. A los pastores, en la Noche de Belén, “la gloria del Señor los envolvió con su luz”. “La luz verdadera que ilumina a todo hombre” es Jesucristo. Si EL está con nosotros todo se vuelve luminoso y se enciende la esperanza. En la Navidad somos invitados a la Fiesta de la Luz y de la Esperanza.


2. Sin negar la oscuridad que nos rodea y da miedo, hoy, iluminados por el Espíritu Santo, queremos levantar los ojos de la Fe y de la confianza clavándolos en el Rostro de Jesús que viene a revelarnos el amor infinito del Padre. Vamos a Belén y encontramos al Niño Jesús en los brazos de la Virgen... Nos llenamos de emoción, de ternura, de alegría y gratitud, y somos contagiados por su bondad y santidad.

                “Se llamó Dios con nosotros y entre nosotros vivió;
                supo del sudor y el llanto, del trabajo y del amor...
                fue un hombre de carne y hueso como ustedes, como yo...
                ¡verdaderamente hombre, verdaderamente Dios!”

Le ofrecemos el don de nuestra obediencia de la Fe y lo adoramos... El es el Salvador, el Mesías, el Señor (Lc. 2,11). ¡Lo anunciamos con alegría!.


3. Ahora bien, nuestra Fe y Adoración exigen un compromiso y testimonio cristianos que las manifiesten en los hechos cotidianos.

*La Navidad alienta el compromiso de mujeres y hombres nuevos que le hagan lugar a Dios en su propio corazón, en su familia y en la convivencia social.

Al Dios cristiano reconocido, amado y obedecido. La Persona humana es plenamente feliz cuando es amiga de Dios y camina obedeciendo su Ley. “La máxima perspectiva de la dignidad humana es el llamado a vivir en amistad con Dios que Jesús nos hace” (N.M.A. 6).

*La Navidad alienta el compromiso de respeto a la vida humana, porque la Navidad es también la fiesta de la vida humana asumida por Jesús. Hoy, le pedimos a la Virgen que nos preste a su Niño... Con El en nuestros brazos optamos por la vida. ¡Qué grande y hermoso es el don de la vida humana!. Este Niño de Belén nos recordará un día, en el Sermón de la Montaña, el precepto: “No matarás”, y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza (Cat.I.C.2262). “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento mismo de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida” (Cat.I.C.2270).

*¡Qué triste y doloroso es nacer y no poder crecer y vivir con dignidad!. Por eso, la Navidad alienta el compromiso de una Argentina fraterna, justa y solidaria, donde se legisle y se asuman políticas de Estado para proteger y favorecer la vida, la familia y el trabajo, tanto en la ciudad como en el campo. Una Argentina que se haga cargo del prójimo sin ninguna exclusión, privilegiando a los pobres, débiles y sufrientes. (N.M.A. 58), porque son los preferidos de Jesús. Una Argentina que privilegie saldar la deuda social con sus privaciones que ponen en grave riesgo el sostenimiento de la vida, la dignidad de las personas y las oportunidades de florecimiento humano.


4. A nuestra Argentina le debemos hombres y mujeres que sean creyentes convencidos y santos, que vivan responsablemente su compromiso ciudadano. Hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria.

Esta propuesta de la Navidad Cristiana es posible ya que la Navidad es la afirmación rotunda de que todos somos hermanos porque Dios se hizo hermano en Jesús. Fraternidad, con la marca registrada de Jesús que es gracia ofrecida a quien quiera recibirla, para vivirla en la entrega cotidiana.

Que este Año Eucarístico Internacional, mediante una profunda y renovada Catequesis sobre la Eucaristía, nos ayude a descubrir la cercanía de nuestro Amigo Jesús (N.M.A. 52). Y nos ayude a seguir construyendo entre todos la comunión eclesial: “Una auténtica espiritualidad de comunión nace de la Eucaristía. Ella colma con sobrada plenitud los anhelos de unidad fraterna que alberga el corazón humano”

(N.M.A. 85).

Hermanos y hermanas, junto con mis Sacerdotes, les deseo una Navidad llena de Luz y un Año Nuevo en Paz, bendecido por Dios. Que cada día sigamos la exhortación de San Pablo: “No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien” (Rom.12,21).

Nos cuide y nos bendiga nuestra Tierna Madre de Itatí.

¡Feliz Navidad y Año Nuevo!. Un abrazo y bendición.


Mons. Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya



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