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REZAMOS
POR LA ARGENTINA, QUE ESTÁ ENFERMA
Homilía pronunciada por el obispo de Rafaela, Mons. Carlos María Franzini,
durante la misa celebrada el 25 de mayo en la Iglesia Catedral,
con motivo de la fiesta patria
1.
Para los cristianos católicos la misa es la forma más perfecta de oración. En
ella damos gracias a Dios por sus dones, pedimos su ayuda en nuestras
necesidades, ofrecemos lo que somos y tenemos, y hacemos profesión de fe en
Jesucristo muerto y resucitado, a quien reconocemos como el "Señor de la
historia".
2.
La Carta del Apóstol Santiago, que escuchamos en la primera lectura nos indica
que si alguien está enfermo o afligido que llame a los presbíteros de la
Iglesia para que ore por él. Hoy nos reunimos a rezar por la Argentina que
está enferma y afligida.
3.
En el día en que evocamos las gestas fundacionales de nuestra Nación y en un
país que se reconoce católico en la inmensa mayoría de sus habitantes, ésta
es la mejor manera de celebrar esta fecha. Al mismo tiempo es bueno, además de
rezar, que nos detengamos a reflexionar juntos sobre lo que la Palabra de Dios y
la enseñanza de la Iglesia nos dicen sobre qué significa para nosotros ser
Nación.
4.
Es mucho lo que en estos últimos años los obispos hemos dicho sobre la crisis
tremenda que padecemos los argentinos. No es éste el momento de recordar cada
una de esas intervenciones, cuya vigencia sigue actual y cuestionadora.
5.
En esta oportunidad sólo quiero detenerme a reflexionar en dos insistencias de
nuestro magisterio episcopal que me parecen particularmente necesarias y las
propongo a una nueva consideración de todos ustedes: se trata del espíritu
de grandeza y el espíritu de renuncia.
6.
Ambas son notas típicas de la espiritualidad cristiana pero pueden ser
apreciadas y valoradas por todos, aún por quienes no comparten nuestra fe, a la
hora de pensar un futuro mejor para la Nación.
7.
El espíritu de grandeza, la magnanimidad, nos hace aspirar a los bienes
superiores, a un estilo de convivencia
l
basado en la verdad, la justicia, el respeto a la dignidad de todos, la
laboriosidad;
l
logrado mediante el diálogo y la mutua estima, en la capacidad de disenso sin
agravios personales;
l
caracterizado por el compartir equitativo de todos y sin privilegios (o en todo
caso donde los únicos privilegiados sean los más indefensos).
8.
El espíritu de grandeza nos ayuda a no conformarnos con el "no te
metás", "hacé la tuya" o la "viveza criolla"; nos
estimula a superar un estilo de vida cuya expresión más plástica es el
popular juego del "truco": el del ojo guiñado, la mentira como
criterio de éxito y el "irse al mazo" cuando "las papas
queman".
9.
El espíritu de grandeza nos hace recordar que todavía hay valores como la
honradez, la palabra empeñada, la fidelidad a los principios, la coherencia
entre lo que se proclama y se vive, que siguen vigentes aunque muchos no los
vivan y otros los ridiculicen.
10.
Espíritu de grandeza es valorar la alegría del gesto solidario y del
compromiso perseverante y saborear la satisfacción de la misión cumplida, más
allá de todo rédito.
11.
En
definitiva el espíritu de grandeza es reconocer que hay Alguien, Jesucristo el
Señor de la historia, que ha vivido de esta forma y que nos invita y hace
capaces de seguir sus huellas.
12.
Es cierto que esta propuesta suena utópica e irrealizable, ardua y compleja. No
obstante, si estamos dispuestos a salir de nuestra comodidad e individualismo,
es posible. Para ello también venimos reclamando de todos los argentinos
espíritu de sacrificio.
13.
Espíritu de sacrificio que parte de la convicción de que la vida es un don y
se plenifica dándola, entregándola para que los demás vivan. (¡Tantas madres
podrían enseñarnos de qué estamos hablando!). Se trata de estar dispuesto a
postergar el propio interés en pos del interés común y reconocer que el bien
particular siempre es más estrecho que el bien común.
14.
¿Qué significa hoy espíritu de sacrificio para refundar la Nación? ¿A qué
estamos dispuestos a morir cada día para que la Nación viva?
15.
Sobre esto debemos interrogarnos todos, sobre todo quienes tenemos más
responsabilidad sobre el bien común de la Nación
l
¿Estarán los políticos dispuestos al
sacrificio de dar un paso al costado o a revalidar su genuina representatividad
por medio de elecciones generales, diáfanas y libres?
l
¿Estarán los empresarios dispuestos a
postergar aún legítimas ganancias para compartir con quienes menos tienen y
hace mucho que vienen sufriendo a causa de este sistema injusto?
l
¿Estarán los dirigentes gremiales
dispuestos a no utilizar la representatividad recibida para proteger intereses
personales o sectoriales?
l
¿Estarán los docentes dispuestos a no hacer
víctimas directas de sus reclamos, aún aquellos más justificados, a los
niños que se les han confiado para que eduquen?
l
¿Estarán los comunicadores sociales
dispuestos a ofrecer un servicio veraz y sobrio, cuyo único objetivo sea
transmitir la verdad y favorecer el entendimiento entre todos?
l
¿Estaremos los líderes religiosos
dispuestos a cumplir nuestra misión con sencillez y perseverancia, rechazando
la tentación del protagonismo y de ocupar lugares que no nos corresponden?
l
¿Estarán los simples ciudadanos dispuestos
a rechazar la protesta estéril y violenta para convertirla en propuesta
constructiva y transformadora?
En
la respuesta a estas preguntas seguramente encontraremos algunas pistas para
responder qué significa hoy espíritu de grandeza y espíritu de renuncia.
Jesucristo,
Señor de la historia, ha abierto un camino y muchos han seguido sus huellas. De
entre ellos también los padres fundadores de nuestra Nación, que con espíritu
de grandeza y muchos sacrificios supieron forjar una patria digna y próspera,
abierta y acogedora, esperanza para muchos -como nuestros abuelos- que aquí
encontraron trabajo, paz y oportunidades para una vida plena y feliz.
No
hagamos de esta celebración una pura evocación nostálgica o –lo que sería
peor– hipócrita. Miremos sus ejemplos y sigamos sus pasos.
¡Dios
no se olvida de su pueblo. Dejémonos ayudar por Él!
Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela
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