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CUARESMA: TIEMPO
PARA ELEGIR
Carta Pastoral de
Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela,
para la Cuaresma de 2003
“Ustedes hermanos han sido llamados para vivir en la libertad, pero procuren
que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales:
háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor...” (Gal
5,13)
Queridos hermanos:
1.
Al comenzar una vez más el tiempo de Cuaresma vuelvo a ponerme en comunicación
con todos ustedes por medio de esta carta para invitarlos a vivir este tiempo de
gracia y conversión, en actitud de escucha atenta de la Palabra, de austero
recogimiento y de renovado compromiso solidario.
2.
El pasaje de la carta a los Gálatas que encabeza este texto nos recuerda una de
las claves de la enseñanza paulina: la vida cristiana es un llamado a la
libertad. Hoy nadie es cristiano sólo por tradición o porque otros lo eligieron
por uno. Hoy nadie es cristiano por presión social o por condicionamientos de
cualquier tipo. Hoy nadie es cristiano para evadirse de la realidad presente o
para instalarse en un determinado estilo de vida.
3.
Si siempre fue así, mucho más en nuestro tiempo: somos cristianos si lo elegimos
constantemente con libertad y responsabilidad. En otras palabras, la opción que
–en
la mayoría de los casos–
hicieron nuestros padres y padrinos en nuestro bautismo ha de ser renovada por
cada uno constantemente. No sólo en algunos momentos determinados o en ocasiones
particulares (la primera comunión, la confirmación, el matrimonio, una
enfermedad o algún problema grave); sino en todas las circunstancias de la vida:
en las favorables y en las desfavorables, cuando los demás nos acompañan y
entienden y cuando experimentamos la soledad de nuestra opción; cuando estamos
en un marco propiamente religioso y cuando vivimos la vida cotidiana en el
trabajo, el estudio, las amistades, las diversiones, la vida social, política y
económica, etc.
4.
Precisamente el tiempo de Cuaresma es una oportunidad que nos regala Dios para
que año tras año nos preparemos a renovar la elección de ser cristianos en la
Pascua. Esto es lo que nos propone la liturgia de la Vigilia Pascual en la
renovación de las promesas bautismales. Esto es lo que nos propone la liturgia
de cada Eucaristía celebrada responsablemente. Esto es lo que nos propone cada
Reconciliación vivida en plenitud.
5.
Más aún, esto es lo que hacemos cuando libremente hacemos las grandes opciones
de la vida: la opción vocacional, la elección profesional, el estilo de vida
familiar, el modo de relacionarnos con los demás, el compromiso con el bien
común, etc. Porque soy cristiano libremente asumo un camino vocacional que, en
la fe, reconozco querido por Dios para mí. Porque soy cristiano elijo una
profesión o una tarea determinada para realizar mi vida por el trabajo. Porque
soy cristiano elijo una pareja y un estilo de vida familiar característico.
Porque soy cristiano entiendo mi presencia en el mundo y asumo las consecuencias
que ello entraña en el orden social, político, económico...
6.
Este tema es muy amplio y no alcanzaría el espacio limitado de esta Carta para
desarrollarlo de forma exhaustiva. Cada uno podrá revisar a lo largo de esta
Cuaresma, ayudado por la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, si su
vida personal, familiar, laboral, social, es verdaderamente cristiana. No sólo
en ciertas formas exteriores (necesarias, por otra parte) sino en las opciones
concretas en las que se define nuestra identidad y nuestro estilo de vida. A
esto apuntan las prácticas de la oración, el ayuno y la limosna que caracterizan
la espiritualidad cuaresmal.
7.
También, en este mismo sentido, cada comunidad parroquial y educativa, cada
movimiento o institución, podrá revisar si los cinco objetivos diocesanos, que
elegimos para ayudarnos a hacer juntos nuestro camino pastoral en estos años,
están siendo asumidos conforme a la elección que hicimos. La pastoral familiar,
la pastoral juvenil, la formación y la espiritualidad de los agentes pastorales
y la promoción del espíritu solidario son las pistas concretas que nos ayudarán
a ser cada día más la Iglesia que queremos y debemos ser.
8.
Deseo vivamente, y le pido a Dios, que todos los cristianos de la diócesis de
Rafaela hagamos este camino de auténtica conversión para volver a elegir ser
cristianos y vivir nuestra fe con la “gloriosa libertad de los hijos de Dios”.
El Señor nos guía en el camino y nos hace capaces de recorrerlo.
* * *
9.
No obstante, como
Pastor de la diócesis, quiero proponer dos ámbitos concretos a trabajar, además
de lo que todos haremos personal y comunitariamente. Uno de ellos mira más al
interno de nuestras comunidades; el otro a nuestro ineludible compromiso con la
realidad presente.
10.
Quien elige ser cristiano opta por un estilo de vida sencillo y austero, que
sabe conformarse con lo necesario para una vida digna. Por ello prescinde de
muchas cosas, aún legítimas, y aprende a compartirlas con los hermanos más
necesitados. Este es el sentido más profundo del ayuno y de la limosna
cuaresmales. En Cuaresma elegimos ser solidarios. De esta forma quien elige ser
cristiano se encuentra con el Señor al compartir con los hermanos, según la
enseñanza evangélica: “tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me
dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo
y me visitaron; preso, y me vinieron a ver...” (Mt 25,31ss). Para ayudarnos a
vivir esta opción en la diócesis realizamos el gesto solidario de Cuaresma por
el que nos disponemos a compartir con los más pobres el fruto de nuestras
privaciones a lo largo de este tiempo. La totalidad de lo recaudado lo
destinaremos a Caritas para que la Iglesia pueda seguir brindando este
fundamental servicio en favor de los pobres, débiles y sufrientes.
11.
Esta Cuaresma nos ofrece, además, una especial ocasión para elegir ser
cristianos en la vida cívica. Me refiero a las elecciones para la renovación de
autoridades que están previstas para los próximos meses. Pese al bochornoso
espectáculo que brinda buena parte de la dirigencia política estamos llamados a
participar activamente en este espacio típico de una sociedad democrática, si es
que queremos que las cosas cambien. La protesta que hizo eclosión a fines del
año 2001 y que se ha instalado en nuestra sociedad como un estilo permanente,
necesita ser encausada por carriles institucionales. Las elecciones son una
oportunidad privilegiada para ejercer nuestra responsabilidad como ciudadanos y
como creyentes.
12.
Por tanto no se trata sólo de votar. Se trata de elegir en conformidad con lo
que creemos y lo que deseamos para nuestra patria terrena. A esto nos urge
nuestra fe que no nos permite “mirar al costado” o permanecer indiferentes. Es
necesario buscar aquellas opciones que sean más acordes con nuestras
convicciones; hay que animarse a cuestionar a los candidatos, sus ideas y sus
trayectorias personales; conocer lo que proponen (si es que proponen algo) y
verificar la viabilidad de sus propuestas. La enseñanza social de la Iglesia
nos da un marco teórico al que, como cristianos adultos, debemos referirnos
necesariamente aún respetando la pluralidad de opciones partidarias.
13.
Nadie tiene derecho a pedir que los demás se vayan si no está dispuesto a
comprometerse él mismo; mucho menos un cristiano que asume libremente las
consecuencias de su fe en el orden temporal.
Por ello esta Cuaresma, que es tiempo de elección para cada uno, es también
tiempo de prepararnos a elegir con responsabilidad creyente y cívica a quienes
consideremos más capaces de asumir la conducción de los destinos del país, la
provincia, los municipios y las comunas.
* * *
14.
El Papa
nos
ha
propuesto
este
año como Año del Rosario, y nos pide rezarlo
–ojalá en
familia–
para pedir por la paz del mundo y por las familias. Me animo a agregar una
intención por nuestra Patria y por las elecciones que se realizarán en el
transcurso de este año. La Virgen Madre nos ayudará así a ser mejores
cristianos: libres, responsables y solidarios; mejores ciudadanos: honestos,
laboriosos y comprometidos; en definitiva: más santos.
Los saludo y bendigo con afecto cordial,
Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela |
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