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“CUARESMA, EUCARISTÍA Y CONVERSIÓN”
Carta pastoral de
monseñor
Carlos María Franzini,
obispo de Rafaela,
para la Cuaresma de 2004
Queridos hermanos:
1.
La Cuaresma, que nuevamente nos disponemos a recorrer, es el tiempo
que anualmente nos regala la Iglesia para prepararnos a la celebración de la
Pascua, viviendo con mayor intensidad nuestra vida cristiana. En
efecto, durante este tiempo somos invitados a profundizar nuestro camino de
conversión para alcanzar una vida cristiana más plena y auténtica. Para ello se
nos proponen estos días de intensa oración, austera penitencia y perseverante
solidaridad.
2. Este año, además, la Cuaresma será para nosotros una muy buena
oportunidad para profundizar la preparación del próximo Congreso Eucarístico
Nacional, que hemos iniciado el año pasado
(1).
Efectivamente, en la convocatoria los obispos decíamos: “La Eucaristía,
celebrada y prolongada en la adoración humilde, es el sacramento de la muerte y
resurrección del Señor, que asegura su eficacia y actualidad. El Congreso
Eucarístico constituye la ocasión providencial para rehacer vínculos de
fraternidad desde voluntades renovadas y purificadas por la conversión y la
penitencia..."
(2)
Por esto nada más oportuno que la Cuaresma para ir “entrando” en el espíritu
con que queremos celebrar este Congreso: más que un acontecimiento acotado en
unos pocos días, se trata de un gran movimiento de renovación espiritual que
brote de la Eucaristía y culmine en ella.
3. La Cuaresma es un tiempo en el que vivimos de forma “intensiva”
la realidad de nuestra vida cristiana. En este tiempo litúrgico todo nos
invita a tomar renovada conciencia del inmenso amor de Dios por nosotros. Amor
manifestado en su voluntad de hacernos hijos, hermanos, familia. Amor que
comparte la íntima comunión trinitaria y, por ello, nos hace partícipes de este
proyecto de comunión. Pero también en la Cuaresma experimentamos la dureza de
nuestro corazón y los muchos obstáculos que se interponen en el camino de la
comunión ofrecida por Dios. Por ello nos sentimos llamados a la conversión; es
decir a cambiar de vida para dejarnos tomar cada día más por el amor de Dios y a
manifestarlo en el amor a los hermanos.
4. En cada Eucaristía celebrada con plena conciencia se actualiza este
designio amoroso de Dios. El Padre nos regala a su Hijo, muerto y resucitado,
para que por la fuerza del Espíritu Santo seamos todos sus hijos, más hermanos
entre nosotros y miembros de su familia. Por ello al celebrar cada Eucaristía
somos capacitados para corresponder al amor de Dios, en una creciente
identificación con Cristo, obediente al Padre y servidor de los hermanos.
Precisamente en esto consiste la conversión.
5. Desde esta perspectiva de fe, nunca vivimos con tanta plenitud
lo que nos propone la Cuaresma como cuando celebramos la Eucaristía. El
camino de la conversión cuaresmal pasa necesariamente por la Eucaristía. Así
vida cristiana, vida cuaresmal y vida eucarística son-de alguna manera-
sinónimos.
6. A través de la celebración eucarística, prolongada y profundizada en
la adoración, el creyente experimenta la certeza del amor de Dios que le invita
a participar de su vida de comunión trinitaria. La Cuaresma nos invita a avivar
esta conciencia en la oración prolongada y la adoración, la meditación de la
Palabra, la intimidad con el Señor. Como enseña Santa Teresa de Ávila, sólo “estando
a solas con él” podemos acrecentar la certeza de su amistad.(3)
7. Pero esta conciencia creyente del amor de Dios se encuentra con los
obstáculos que se nos presentan a diario en el orden personal, familiar,
comunitario, social para vivir esta propuesta de comunión. De aquí nace el
anhelo y la práctica de la reconciliación que necesita verificarse en gestos
concretos y comprometidos. La realidad de tantas familias divididas, los
enfrentamientos entre diversos grupos y sectores que afectan a nuestra realidad
social, y aún a la misma comunidad eclesial, nos urgen a un compromiso decidido
a favor de la reconciliación. En este camino ocupa un lugar insustituible la
Eucaristía ya que ella “es el Pan de la reconciliación que restaura la
comunión de amor, recrea los vínculos fraternos y mueve a iniciativas
reconciliadoras para reconstruir la amistad, la concordia, la unión y la paz.."
(4).
8. La conversión cuaresmal reclama la penitencia. Sin ella no hay
posibilidad de reconciliación auténtica. Pero conviene tener presente que la
penitencia cuaresmal no es una “gimnasia espiritual” destinada a
autocomplacernos con nuestros propios logros; ni mucho menos es desprecio de los
bienes creados. Se trata más bien del ejercicio de nuestra voluntad
reconciliada, que vence nuestras tendencias egoístas y nos abre a Dios y a los
hermanos. Por tanto se trata de un espíritu que caracteriza una práctica, un
modo de relacionarse con Dios, con los hermanos y con las cosas de tal forma que
todo se ordene a la comunión. El Sacramento de la Reconciliación nos hace más
capaces para el espíritu y la práctica de la reconciliación; por ello es
necesario celebrarlo con frecuencia y, de manera especial, en este tiempo. Los
invito a todos a acercarse al sacramento y pido a los sacerdotes mucha
disponibilidad para acoger a quienes deseen reconciliarse.
9. La conciencia del amor de Dios, actualizada en cada Eucaristía, y la
práctica de la Reconciliación propias del tiempo cuaresmal nos abren a la
solidaridad: “La Eucaristía alimenta e impulsa a los hermanos distantes al
reencuentro. Pero también los hace profundamente solidarios, de manera que ya no
vivan para sí mismos, sólo como individuos que se toleran, sino como miembros de
un pueblo, que buscan activamente una patria fraterna y una sociedad solidaria.
Porque los fieles pueden llegar a reconocer que sus vidas llegan a ser
eucarísticas cuando dejan de pensar sólo en sí mismos y asumen el compromiso de
transformar el mundo según el Evangelio..."
(5).
La vida eucarística a la que nos está invitando esta Cuaresma nos estimula
a ser creativos para descubrir nuevos caminos de solidaridad entre nosotros,
como individuos y como comunidad cristiana. Es la “nueva imaginación
de la caridad” de la que nos hablaba Juan Pablo II.
(6)
Tanto más urgente cuanto muchas son las necesidades de quienes, muy cerca
nuestro, están excluidos del banquete de la vida, de la dignidad, del trabajo,
de la salud, de la vivienda, de la educación. Algunos índices alentadores en el
campo económico no deben hacernos perder de vista la dolorosa situación de
muchos hermanos que reclaman nuestro compromiso solidario. Recordemos que
todavía siguen siendo altísimos los índices de pobreza e indigencia en nuestra
patria.
10. Por ello en esta Cuaresma somos nuevamente invitados al gesto
solidario, fruto de nuestras privaciones, que se canaliza a través de
Caritas a favor de nuestros hermanos más pobres. La limosna cuaresmal se
convierte así en un signo elocuente de una comunidad reconciliada y solidaria
que encuentra en el rostro de los hermanos más pobres al Señor que celebra
cotidianamente en la Eucaristía y proclama gozosamente resucitado en la Pascua.
Como tantas veces hemos dicho, no es misión de la Iglesia responder a todas y
cada una de las necesidades de los más pobres. Tampoco le corresponde suplir lo
que es deber indelegable del Estado. Pero sí debe poner gestos concretos que
anticipen y anuncien la presencia del Reino de justicia, verdad y paz que el
Señor ha inaugurado entre nosotros hace dos mil años. Para ello es indispensable
el compromiso y el aporte generoso de todos los que formamos la comunidad
cristiana. Los invito a que busquemos, tanto en el orden personal como familiar
y parroquial, modos concretos de avanzar hacia una solidaridad más activa y
operante. El aporte económico para Caritas nos compromete a todos; pero nuestra
creatividad debe ir más allá para que esta Cuaresma esté signada por un real
paso adelante en el camino solidario de nuestra Iglesia diocesana. También en
esto se manifestará nuestra conversión.
11. La dinámica propia de este tiempo nos lleva hacia la Pascua y ésta
culmina en el mandato misionero: “vayan y anuncien” (Mt 28). De la
intensidad de nuestra vida eucarística, cultivada en esta Cuaresma y estimulada
por la celebración del próximo Congreso, esperamos un renovado compromiso
evangelizador de todo el pueblo de Dios en la diócesis y en la Nación: “La
celebración eucarística impulsa el testimonio misionero y ninguna otra actividad
vigoriza más a la Iglesia en su misión que la Eucaristía...La Eucaristía es el
alimento del amor pastoral y del fervor evangelizador que necesita el Pueblo de
Dios en la Argentina al inicio del nuevo milenio..."
(7)
Una intensa vida eucarística debe generar en nosotros el deseo incontenible de
contar a otros lo que hemos “visto y oído” (Hech 4,20). Hoy son muchos
los que todavía no conocen a Jesucristo, o lo conocen mal o lo han conocido y lo
han olvidado. El vigor de toda comunidad cristiana se verifica en su impulso
misionero; la Cuaresma vivida eucarísticamente es el mejor estímulo para
animarnos a la misión.
12. El fruto de una Cuaresma vivida en clave eucarística será una comunidad
cristiana que vive más intensamente la comunión y, por ello, da testimonio de
una vida más reconciliada, solidaria y misionera. Esta es la gracia que pido
para todos en esta Pascua, por la intercesión de la Virgen Madre, Nuestra Señora
de Guadalupe.
Los saludo y
bendigo con afecto cordial en el Señor,
Notas:
(1)
Como todos saben el Xº Congreso
Eucarístico Nacional se realizará en la ciudad de Corrientes, del 2 al 5 de
septiembre de este año. Oportunamente todas las parroquias han recibido
subsidios pastorales para la preparación del Congreso, que también pueden
encontrarse en la página web de nuestra diócesis:
www.diocesisderafaela.org.ar
(2)
CEA. Convocatoria a la celebración
del Xº Congreso Eucarístico Nacional (Corrientes, 2 al 5 de septiembre de
2004); San Miguel, 31 de mayo de 2003
(3)
Santa Teresa de Jesús: “Libro de la
vida”; Cap. 8,5
(4)
CEA: “Denles ustedes de comer”;
texto para la preparación pastoral del Xº Congreso Eucarístico Nacional; nº 49.
(5)
Ibid., nº 59
(6)
cfr. “Novo millenio ineunte”. Nº 50
(7)
CEA: “Denles ustedes de comer”; nº72
y 73
Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela |