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DOMINGO DE RAMOS


Homilía de monseñor Carlos María Franzini, obispo de Rafaela,
para
el Domingo de Ramos (20 de marzo de 2005)


1. Al comenzar esta celebración, antes de la procesión se nos proclamó el Evangelio. Contemplamos a Jesús aclamado por multitudes que –entre esperanzadas y confundidas siguen al Maestro que los ha cautivado.

2. Jesús no se deja atrapar por el aplauso fácil ni se engaña con la adhesión superficial, fruto de la euforia y el contagio gregario.

3. La solemne proclamación de la Pasión del Señor nos permitió contemplarlo perseguido, insultado, descalificado por la prepotencia autoritaria de los poderosos de turno. La verdad se tergiversa y parcializa, la información se subordina a intereses bastardos, la opinión pública se manipula. Todo con un solo objetivo: eliminarlo porque molesta, su mensaje cuestiona, su testimonio desnuda a los ideólogos y a los corruptos.

4. Jesús permanece con la serena firmeza de quien se sabe amado eternamente por su Padre y llamado a una misión, de la que nada ni nadie podrá apartarlo: “se humilló hasta  aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz”, nos recordaba la carta a los filipenses.

5. La contemplación del Señor en su Pasión nos ha llevado a descubrirlo abandonado incluso por sus más allegados, aquellos que hasta pocos momentos antes le profesaban amor, gratitud y cercanía. El misterio de la iniquidad llega hasta descomponer los vínculos más genuinos, las lealtades más seguras, los compromisos más firmes, y hace su trabajo sutil mediante la sospecha, la ingratitud  y el olvido.

6. Sólo la presencia silenciosa y valiente de la Madre y unos pocos le alientan para amar hasta el extremo, perdonar a sus verdugos y entregar su espíritu.

7. Desde hace veinte siglos este drama se actualiza día a día y la victoria del Resucitado garantiza la victoria de todos sus discípulos fieles, como él mismo lo había anunciado: “no les teman, yo he vencido al mundo”.. Ya lo decía San Agustín en el siglo IV: “la Iglesia peregrina entre los consuelos de Dios y las persecuciones del mundo”.

8. Al comenzar la Cuaresma les proponía en mi Carta Pastoral que recorriéramos este tiempo de conversión pidiendo la gracia de ser “crucifijos vivientes” para dar la misma respuesta de Jesús a un mundo que nos desprecia, ridiculiza, rechaza y persigue.

9. Al terminar la Cuaresma, a las puertas de la Semana Santa y a la luz de acontecimientos que son de dominio público, vuelvo a hacerles esta propuesta: animémonos a vivir la vida cristiana en plenitud, para ser crucifijos vivientes, que con sólo vivir anuncian el Evangelio a un mundo hostil a su mensaje.

10. Sin dejarnos deslumbrar por éxitos o reconocimientos fugaces y sin amilanarnos ante la prepotencia autoritaria de los poderosos de hoy.

11. Seguros de la inquebrantable fidelidad de Dios que siempre cuida de su pueblo; firmes en la misión que cada uno ha recibido del Padre; siempre dispuestos a ofrecer la mano fraterna que dialoga, sirve y perdona.


Mons. Carlos María Franzini,
obispo de Rafaela



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