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“SERVIDOR DE LA VIDA”


Homilía de monseñor Carlos María Franzini, obispo de Rafaela,
en la misa exequial de Juan Pablo II
(Rafaela, 8 de abril de 2005)


1. “Hemos perdido un padre”; así se expresaba el Presidente de Italia al enterarse de la muerte del Papa. Así quiero  yo también comenzar esta homilía, en la solemne celebración eucarística con la que, como Iglesia diocesana, despedimos al Papa Juan Pablo II y lo encomendamos a la misericordia de Dios.


2. Este mundo nuestro, huérfano de padres, carente de auténticos modelos, sin líderes genuinos y referentes claros, siente que con la ausencia física del Papa queda más expuesto a la intemperie, le falta algo; más bien, le falta Alguien. No es casualidad que sus exequias celebradas hace pocas horas en Roma con la presencia silenciosa y orante de multitud de fieles, y seguida –gracias a la televisión– por millones, hayan convocado a los más variados grupos de personas: niños, jóvenes y adultos; gobernantes de casi todas las naciones y dirigentes sociales; líderes religiosos de diversos credos y tradiciones. En definitiva un icono de la humanidad que expresa de esa forma su gratitud a este gran hombre, protagonista singularísimo de este tramo fascinante y dramático de la historia que estamos transitando.


3. En efecto, los católicos somos conscientes que Juan Pablo II ha sido un don de Dios no sólo para la Iglesia, sino para todo el mundo. Así lo experimentamos la inmensa mayoría, creyentes o no, y -aunque no falten miradas estrechas y prejuicios deletéreos- hoy sentimos la necesidad de dar gracias a Dios por la vida y el ministerio pastoral  del Papa. De un modo particular  los argentinos que por varias razones tenemos con él una especial deuda de gratitud.


4. Por eso, como Iglesia diocesana, hemos querido reunirnos en la celebración eucarística que es la acción de gracias por excelencia. Por eso hemos querido invitar a participar de nuestra celebración a la comunidad hebrea de Rafaela. Los hebreos son nuestros “hermanos mayores”, como le gustaba llamarlos a Juan Pablo. También a los hermanos cristianos de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, con quienes nos vinculan tantos lazos de fe y de tradición. A las autoridades públicas y a representantes de distintas organizaciones intermedias, que de alguna manera expresan el entramado social de nuestra región. A todos les agradecemos sinceramente esta presencia que nos anima y reconforta. Los momentos decisivos de la existencia - ¡y vaya si la muerte lo es! - se comparten en silencio con los que se ama. Gracias, entonces, a todos por estar aquí.


5. Les decía al comenzar que el sentimiento más fuerte en estos días es el de la pérdida de un padre. Y un padre lo es, en la medida que engendra vida. De las muchas cosas que se podrían decir de Juan Pablo II quisiera detenerme esta tarde para reflexionar con ustedes de este aspecto central del ministerio de Juan Pablo II: él ha sido un auténtico servidor de la Vida.


6. Como discípulo y servidor del Único Pastor, también Juan Pablo pudo decir que su ministerio fue “...para que las ovejas tengan Vida y la tengan en abundancia...”  Me parece encontrar aquí una “clave” para leer e interpretar toda la vida y el ministerio pastoral de Karol Wojtyla, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal.


7. Ya desde el inicio de su ministerio pastoral nos invitaba a abrir las puertas al Redentor, a no tener miedo, a dejarnos “tomar” por este Señor que se ha llamado a sí mismo Camino, Verdad y Vida. Y al culminar el Gran Jubileo del año 2000 -en lo que algunos interpretamos como su “testamento pastoral”- nos proponía a Jesucristo, “al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir con él la vida trinitaria y transformar con él la historia...”. Juan Pablo II, servidor de Jesucristo, el Señor de la Vida; Juan Pablo II, servidor de la Vida.


8. Este servicio a la Vida Juan Pablo lo manifestó en su largo pontificado a través de cuatro compromisos:


9. Compromiso con la dignidad humana. Se sirve a la Vida defendiendo la vida humana desde el primer instante de su concepción hasta su fin natural. Se sirve a la vida defendiendo los derechos humanos, en primer lugar el derecho a la libertad religiosa. Se sirve a la Vida promoviendo la dignidad del trabajo, sin el cual el hombre no se realiza como persona. Se sirve a la Vida señalando los límites éticos de la investigación científica, sin los cuales se convierte al hombre en mero sujeto de experimentación. El compromiso de Juan Pablo con la dignidad humana ha sido manifiesto e incontestable.


10. Compromiso con la paz, que es el “humus” necesario para que se desarrolle la vida verdadera. De qué vida se puede hablar donde hay guerra, violencia, injusticia e inseguridad. Los argentinos hemos sido beneficiarios directos de este compromiso del Papa en los inicios de su ministerio cuando ofreció su mediación para evitar una guerra absurda y de consecuencias imprevisibles con nuestros hermanos chilenos. Hace muy poco tiempo hemos visto al Papa desplegando toda su autoridad moral para evitar la guerra en Irak. Aunque fracasado en su intento, los acontecimientos no han hecho más que confirmar lo legítimo de su compromiso y la validez de sus reclamos. Su extenso magisterio y su compromiso permanente con la causa de la paz han caracterizado los 26 años de su servicio pastoral.


11. Compromiso con el diálogo, entendido no como estrategia coyuntural de convivencia y tolerancia sino como actitud profunda del corazón que escucha, valora, espera y necesita del otro.  Tenemos grabada en nuestra memoria cordial aquel estupendo encuentro de Asís, en el año 1986, con los líderes de las distintas religiones. Y tantos otros momentos en que se manifestó el inclaudicable compromiso del Papa con el diálogo para la comunión y la creciente fraternidad.


12. Compromiso con el perdón, que brota de la viva conciencia de ser pecadores perdonados, siempre objetos de la misericordia de Dios. Perdón como actitud personal, que el mismo Papa nos enseñó visitando y perdonando a su agresor, después del atentado de 1981; perdón como estilo permanente de vida eclesial, que expresó de manera formidable en la celebración de la “Purificación de la memoria”, durante el Gran Jubileo y en tantas otras circunstancias.


13. Estos cuatro compromisos al servicio de la Vida el Papa los desplegó en cuatro ámbitos que signaron su itinerario pastoral:


14. Los pobres, en quienes se evidencia el valor de la vida por sí misma, sin los maquillajes y artificios con los que a menudo creemos hacerlo valiosa: el poder, el dinero, el éxito...


15. La familia, santuario de la vida, ámbito natural para que la vida comience y se desarrolle armónicamente, sustento seguro de una vida social saludable.


16. Los jóvenes, centinelas del mañana, desbordantes de vida, capaces de opciones de vida valiosas y definitivas, por lo que Juan Pablo no dudó en hacerles propuestas fascinantes pero exigentes. Ellos han sido, sin duda, objeto privilegiado de sus desvelos; ellos lo acompañaron hasta el fin; a ellos dedicó su última bendición.


17. La Eucaristía, el Pan de Vida que suscita un “estilo de vida eucarístico” y que es garantía y fuente de nuestra identidad y de toda comunión eclesial. Creo que los católicos debemos reconocer en la insistencia del Papa en el tema eucarístico, sobretodo estos últimos años, una intuición y un llamado.


18. Mis queridos hermanos, al reconocer el gran don que Dios nos ha hecho en Juan Pablo II pidamos a Jesús, el Señor de la Vida, que sepamos honrar su memoria no sólo con palabras y homenajes sino con un renovado compromiso de cada uno de nosotros a favor de la Vida, siguiendo las huellas de este gran pastor de la Iglesia.


19. La Virgen Madre, que acompañó la vida de este hijo “todo suyo”, nos acompañe en nuestra peregrinación. Y Él, que ya ha llegado, nos siga bendiciendo, ahora desde el cielo, como nos decía hoy a la mañana el cardenal Ratzinger al sepultarlo.


Mons. Carlos María Franzini,
obispo de Rafaela



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