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BENEDICTO XVI
Homilía de monseñor Carlos María Franzini, obispo de Rafaela en la misa por en
el inicio del ministerio pastoral del papa Benedicto XVI (Catedral San Rafael,
24 de abril de 2005)
1. En
las últimas semanas hemos sido protagonistas de unas páginas inolvidables y
decisivas de la historia de la Iglesia
y también de la humanidad.
2. La
larga agonía, la muerte y las exequias de Juan Pablo II. La expectativa, la
preparación y la elección de su sucesor. Hoy hemos asistido, junto a millones de
personas a través de los medios, al solemne inicio del ministerio pastoral de
Benedicto XVI.
3. Como
nunca lo habíamos visto hasta ahora, se trata de acontecimientos que han
movilizado a todo tipo de personas: dirigentes sociales, políticos y religiosos
de los más variados signos; simples ciudadanos, creyentes y no creyentes;
ancianos, adultos, jóvenes y niños, de toda raza y condición.
4. Para
muchos, la inmensa mayoría, la partida de Juan Pablo ha sido vivida con intenso
dolor, conmoción y gratitud. La llegada del nuevo Pastor estuvo precedida de
expectativa, curiosidad y una buena cuota de frivolidad en determinados
ambientes. Finalmente la elección del Cardenal Joseph Ratzinger como nuevo
sucesor de San Pedro ha provocado reacciones diversas: alegría y esperanza para
unos; decepción y rechazo para otros.
5. Al
reconocimiento casi universal de la figura inmensa de Juan Pablo ha sucedido una
recepción bastante menos favorable de la figura de su sucesor en algunos
ambientes, incluso eclesiales. Esta actitud desfavorable ha sido amplificada en
buena medida por los medios. Pareciera que muchos, que no soportaron el
incuestionable liderazgo y la alta valoración que se tuvo de Juan Pablo,
estuvieran ahora desquitándose con saña en la persona de Benedicto XVI. Las
razones son diversas y no es éste el momento de considerarlas.
6. Los
creyentes católicos hemos de “leer” todos los acontecimientos de nuestra vida a
la luz de la fe. Por ello así como miramos y vivimos desde la fe la “Pascua” de
Juan Pablo así también somos invitados a mirar y vivir con la misma disposición
creyente la llamada de Benedicto XVI al servicio de Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia
Universal.
No nos deslumbran los aparentes “éxitos” de Juan Pablo ni nos desaniman los
aparentes “fracasos” de Benedicto. Atrás de cada uno de ellos descubrimos la
mano Providente de Dios que guía y conduce la historia y, en ella, a su pueblo.
7.
Porque de esto se trata, mis hermanos: la elección de un nuevo sucesor de San
Pedro ante todo es un acontecimiento de fe. La Iglesia y sus instituciones nunca
serán plenamente entendidas si no se las considera primordialmente desde la fe.
Si los parámetros para juzgarla son sólo sociológicos, históricos, ideológicos o
periodísticos, sin duda no llegaremos a una captación auténtica del hecho
cristiano. En todo caso sólo tendremos aproximaciones que –a menudo- nos darán
una perspectiva errónea e inapropiada del misterio de la Iglesia.
8.
Joseph Ratzinger hoy, como Simón Pedro hace dos mil años, ha sido llamado por
Jesús para apacentar su rebaño. Como a Pedro también a él, Jesús sólo le ha
pedido que lo ame y que lo siga: “me amas, apacienta mis corderos...”. No
le ha preguntado por su pasado, no le ha pedido “títulos” ni méritos, no ha
considerado sus límites ni sus pecados. Sólo amor y seguimiento; o, mejor, amor
que es seguimiento. Por eso hoy, al iniciar solemnemente su ministerio,
Benedicto nos decía que su programa es hacer la voluntad de Dios, que así se
expresa el amor auténtico. El ministerio pastoral siempre es “servicio de amor”,
como enseña San Agustín.
9.
Frente a este acontecimiento cada uno de nosotros es interpelado en su propia fe
para –también nosotros- seguir más de cerca al Señor. La elección de un nuevo
Papa es para todos los católicos también una llamada y una invitación a ser más
creyentes y, por ello, más humildes y disponibles; no anteponiendo miradas
subjetivas y prejuicios al camino misterioso pero fecundo de la mediación
eclesial.
10. Por
tanto quisiera proponerles muy fraternalmente algunas actitudes que nos ayuden a
vivir este acontecimiento como lo que es (un acontecimiento de fe).
Quienes no comparten nuestra fe pueden discrepar con nosotros, ojalá que siempre
con respeto; pueden no entendernos cabalmente; pueden incluso criticar nuestras
convicciones. Pero nosotros, creyentes, no debiéramos desperdiciar esta
oportunidad que el Señor nos regala para afianzar nuestra identidad católica,
que reconoce en el Sucesor de Pedro un regalo de Dios para su Iglesia.
11. Ante
todo conviene recordar que el único Pastor de
la Iglesia
es Jesucristo
que siempre cuida y guía a su Iglesia a través de frágiles instrumentos; ayer
Juan Pablo, hoy Benedicto. Los veinte siglos de historia cristiana nos dan
cuenta de los más variados personajes en la Cátedra
de Pedro. De cada uno de ellos se ha servido el Señor, con sus luces y sus
sombras, para conducir su Iglesia, según las necesidades de cada tiempo.
12.
Además necesitamos purificar nuestra mirada del poder “corruptor” de
ciertos grupos, potenciados por algunos medios periodísticos, que manipulan,
tergiversan y predisponen nuestro conocimiento y aún nuestras convicciones. Es
penoso cuando los cristianos asumimos sin el menor sentido crítico opiniones y
pareceres de gente que –intencionadamente o no- busca desacreditar a la Iglesia
o la analiza como una mera institución humana. No se trata de no tener juicios
propios; más bien se espera de un creyente una disposición que parta de la fe y
desde ella discierna y evalúe toda realidad, incluida la misma Iglesia.
13.
También nos ayudará dejarnos sorprender por el “Dios de lo imprevisto”,
que siempre quiere lo mejor para su Iglesia. Así lo enseña la historia y así lo
experimentamos a diario cada uno de nosotros. Quizás un ejemplo no muy lejano
en el tiempo pueda iluminarnos: cuando fue elegido Papa el Beato Juan XXIII
fueron muchos los escépticos que esperaban muy poco de aquel anciano, pensado
sólo para la transición...y sin embargo pocos papados marcaron tanto la historia
del siglo XX como el suyo.
14. Por
fin, reconocer en la fe la gracia del ministerio petrino, el don que
significa para la Iglesia el servicio pastoral del Papa. Independientemente de
quien sea el que lo ejerza. Y por ello comprometernos desde ya a apoyarlo con la
oración y a aceptar con religiosa disponibilidad su magisterio y su pastoreo
todo.
15. Como
hemos propuesto los obispos argentinos en nuestra declaración al concluir la
reciente Asamblea Plenaria, también yo los invito a unirnos en la oración por
Benedicto XVI: que el Señor lo ilumine y fortalezca para que pueda conducir con
sabiduría y mansedumbre la barca de Pedro. Que el Señor le haga dócil
instrumento suyo que le permita llevar adelante sus designios. Que el Señor le
regale el consuelo de su Presencia y el premio de los servidores fieles. Así
sea.
Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela |