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25 DE MAYO
Homilía de monseñor Carlos María Franzini, obispo de Rafaela en la
celebración de Acción de Gracias por el 25 de Mayo de 2005
1. La Providencia de Dios ha querido que el pasaje evangélico proclamado,
que corresponde a la misa de este día, ilumine esta celebración de acción de
gracias en un nuevo aniversario del 25 de mayo de 1810.
2. En esta fecha cargada de resonancias para el pueblo argentino queremos
dejarnos iluminar por la Palabra de Dios, que está siempre presente en la vida
de los hombres y de los pueblos y que siempre quiere para nosotros lo mejor.
3. Iluminados por la Palabra, queremos dar gracias por todos los
beneficios recibidos, queremos pedir perdón porque no hemos sabido
corresponderlos, queremos poner en las manos del Señor nuestro futuro como
Nación.
4. El evangelista Marcos nos presenta a Jesús manifestando con creciente
claridad su camino, en obediencia a la misión recibida del Padre: “dar su
vida en rescate por una multitud”.
5. Los discípulos entre temerosos y asombrados, preocupados por sí
mismos, no llegan a calibrar el peso de lo anunciado por el Señor. Se “escapan”
al futuro, queriendo asegurarse “un lugar”, “el puestito”, la felicidad fácil,
el éxito sin esfuerzo, en definitiva, el propio interés. Para ello recurren a la
astucia, a la competencia, a pasar por encima de los demás...
6. Jesús, el Maestro paciente y misericordioso, los invita a la reflexión
y al cambio de actitud. El Reino que él propone es de otro orden. Allí el éxito
a menudo es fracaso; la victoria, pérdida; el poder, servicio; los primeros son
lo últimos; los grandes son los pequeños; los ricos son los pobres; los que
verdaderamente triunfan son los que sirven. El paradigma del ciudadano del
Reino de Jesús es el servidor, ya que él -Maestro y Señor- se ha hecho
Servidor de todos y ha dado su vida para que todos tengamos vida.
7. La Palabra de Dios, “viva y eficaz, más penetrante que espada de
doble filo”, nos convoca esta mañana del 25 de mayo de 2005 a
recuperar esta propuesta del Señor: recuperar la cultura del servicio,
como único estilo de vida y convivencia en una Nación que quiere ser
genuinamente grande, según la pensaron nuestros padres fundadores.
8. Somos invitados a reconstruir la Patria desde los auténticos valores
que le dieron origen y que la sustentan, a pesar de todo. Reconstruirla no desde
la “viveza criolla” oportunista o el pragmatismo inescrupuloso. Reconstruirla
desterrando el enfrentamiento violento de grupos y personas, abandonando la
intolerancia que excluye el diálogo y los consensos. Reconstruirla con ideales,
proyectos comunes y compromisos perseverantes. Así la soñaron nuestros próceres
y nuestros mayores; así la cantó nuestro poeta Vecchioli:
Patria que no es la simple alegoría
de un himno, una bandera y un escudo
Patria que no es un nombre que se grita,
ni un mero límite geográfico,
sino un deber que obliga,
una herencia de luz que recibimos
y debemos legar con luz más viva.
Patria que sólo se honra y engrandece
con el trabajo, la conducta digna,
la paz, el orden, el respeto mutuo,
fuentes de amor, de dicha,
de bienestar y de progreso.(1)
9. En definitiva la patria es una comunidad en la que el servir
es consigna
común y compartida; en la que todos nos preguntemos qué puedo darle y no qué me
puede dar.
10. Recuperando esta cultura del servicio seremos capaces de avanzar
hacia el bien común, privilegiando a los más débiles, a los pequeños, a quienes
casi siempre quedan excluidos del banquete de la vida.
11. La proximidad del bicentenario de la Revolución
de mayo nos debería animar a intentarlo. En 1810 las cosas no eran más fáciles
que hoy: un imperio decadente nos tenía sojuzgados, el contexto internacional
era por demás complejo, la coyuntura interna fragmentada. Sin embargo había un
grupo de hombres entusiastas, honrados y convencidos; había un pueblo motivado y
un horizonte de libertad y de progreso que movilizaba a todos.
12. Esta mañana, reconociendo con realismo nuestras dificultades,
iluminados por la Palabra de Dios, queremos volver a hacer del servicio nuestro
estilo de convivencia ciudadana, para poder decir con todos los creyentes:
“...Queremos ser Nación,
una nación cuya identidad sea
la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos, Señor, la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda...”
(2)
Notas:
(1)
Vecchioli, Mario: “Canto a
la Patria”, en Obra
Poética, pp. 428-429.
(2)
Cfr. CEA: “Oración por la Patria”,
9/7/2001.
Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela |