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VENIMOS A ADORAR AL SEÑOR


Mensaje de monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús a los
jóvenes (2 de mayo de 2005)


Queridos Jóvenes:

Esta noche nos hemos reunido para recibir la fuerza del Espíritu Santo. Es Él quien que da sentido a nuestra existencia y nos enseña a vivir con audacia los valores. Sí, los valores, que son pisoteados y aplastados por muchos. No sean como los demás: no vivan criticando, no vivan con indiferencia, no se acostumbren a vivir de un modo egoísta, superficial, pasajero, sin compromiso.

Es el Espíritu quien nos da vida, ¡y vida en abundancia! En El encontramos la fuerza para vivir con entusiasmo.

Pero, ¿qué es necesario? ¿qué tenemos que hacer? Es muy simple: hay que saber escuchar con atención a Dios y poner en práctica sus mandamientos. ¿Cómo se hace? Amando y viviendo con coherencia, de acuerdo a cómo pensamos.

Hoy más que nunca, no debemos prestar oídos a las propuestas fáciles que nos proponen, incluso desde medios estatales. Ellos no presentan ni se animan a hacer una propuesta auténticamente verdadera. Creen que con facilitar las cosas ayudan a los jóvenes a solucionar sus problemas. ¡Pobres, cómo se equivocan! No se dan cuenta de que, bajando los ideales, se irá a parar a una desastrosa chatura.

En efecto, en los últimos treinta años -por lo menos-, la sociedad ha ido separando el sexo del amor. Como si el sexo fuera una cosa, y el amor y la responsabilidad otra. Y casi nadie se atreve a comunicar un mensaje verdadero sobre estos aspectos que tocan a la dignidad de la persona y nuestro futuro como Nación. Le corresponde a la Iglesia, Madre y Maestra, asumir esta tarea. Y a cada uno de nosotros. Si no queremos terminar mal, tenemos que levantar la mirada hacia el bien, la verdad y la vida. También nosotros tenemos una responsabilidad. ¡No consumamos basura como si fuera un exquisito manjar!

¿Quién da el sustento a todos los valores? Dios, que “es fuente y razón de toda justicia”, como dice la Constitución Argentina.

Por eso, no hay que conformarse a los criterios de este mundo. Es más, animados por Dios y apoyados en los valores, nosotros debemos marcar el rumbo de nuestra historia, tanto la personal como la de nuestra sociedad.

Venimos a adorar al Señor. Cristo está presente en la Eucaristía, “Pan Compartido”. Ella es nuestra fuerza: alimento sagrado que da el impulso y el sentido para orientar nuestra vida. Es necesario cambiar de rumbo. De ustedes, de cada uno de ustedes, depende cómo piensan y cómo eligen vivir. Esto requiere una decisión. ¡La hora es vuestra! No se distraigan, no se engañen y no se mientan.

Que la Virgen María les ayude a decir SI: sí a la vida, sí al amor, sí a la verdad, sí al compromiso, sí a la verdadera alegría, sí a vivir como hermanos y no enemigos unos de otros.

Que en nuestra Iglesia, que en nuestra Diócesis, haya gente joven que piense, que se comprometa, que se sepa importante y protagonista, y no mero consumidor de un mensaje que no  tiene vida, que no conlleva ningún proyecto.

Como muchas veces les decía a los jóvenes el querido, inolvidable, Juan Pablo II: “Jóvenes, no tengan miedo”. ¡Vale la pena decir sí a Cristo, sí a la Iglesia, sí a la Vida! Y ustedes, que tienen sed de lo Absoluto y están en búsqueda de “algo” que dé significado a su existencia, “diríjanse a Cristo, y no serán defraudados”. “Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella, grande. Con esta amistad, se abren las puertas de la vida” (Benedicto XVI).

Este debe ser vuestro testimonio. Es necesario tomar decisiones heroicas, hoy más que nunca. Escuchen el llamado que Dios hace a algunos a seguirlo más de cerca, en la vida sacerdotal, religiosa, o de especial consagración; y a todos nos llama a volver a evangelizar a las familias, la cultura, el estudio, el trabajo y la sociedad.

Este será nuestro modo concreto de misionar. El Espíritu no se recibe en vano: con su presencia seamos testigos de que el Señor está vivo en medio de nosotros, en medio de la Iglesia y del Mundo.

Cristo habla al corazón de cada uno, y espera una respuesta personal. Cuenten con mi oración y bendición.


Domingo 2 de mayo de 2005
Mons. Rubén O. Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús



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