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HAY QUE SER JÓVENES DE ESPÍRITU Y
TENER VALORES
Mensaje de monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús a los
jóvenes en la Vigilia de
Pentecostés
(Colegio Inmaculado Corazón de María, Lanús, 14 de mayo de 2005)
Esta noche estamos acá
para recibir al Espíritu Santo. Venimos a buscarlo y ¿saben qué? nosotros lo
venimos a buscar porque Él nos busca primero. Mas que iniciativa nuestra es
respuesta a su iniciativa. Me alegro tanto que estemos esta noche acá, de ver a
cada uno de ustedes, a sus comunidades, de ver a tantos hermanos y hermanas, y
que todos estemos dispuestos a tomar una decisión profunda
¡Qué bueno que Dios nos hable
al corazón!
¡Qué bueno que Dios nos dice
cosas serias, cosas profundas!
No como el mundo, no como los
medios. No como tantas cosas que son huecas, superficiales, sin contenido. Una
vida que nos proponen sin sentido. Hoy nosotros, cada uno personalmente, quiere
tomar fuertemente el sentido de su propia vida. Es el Espíritu, es Dios. No
somos nosotros. Pero Dios quiere que nosotros le demos nuestra respuesta y
nuestra colaboración.
Somos, de alguna manera,
privilegiados porque podríamos vivir en la vía, andar errando, estar muy
desorientados. Podríamos ser muy superficiales, muy egoístas, muy pequeños.
Podríamos ser muy mediocres y sin embargo, Dios nos va mostrando que podemos ser
otra cosa y podemos ser distintos.
Así se agranda nuestro
horizonte. Cuando uno se acerca realmente a Dios, se acerca a los demás. Cuando
dejamos que Él entre en nuestra vida, nuestra vida se humaniza más. Porque Dios
no compite con nosotros, Él quiere darnos la fuerza de su Espíritu ¡sin Él no
hay nada! ¡sin Él no existiríamos! ¡sin Él nuestra vida no tendría sentido! Y el
mundo pretende, por medio de la soberbia o la estupidez, construirse sin Él ¡ y
ya vemos los resultados!
¡Aquél que quiere construir
un mundo sin Él, lo hará a expensas de los demás! ¡Le va a importar un cuerno el
otro! ¡Lo van a tratar con indiferencia al otro! ¡Van a hacer “la suya” creyendo
que van a eternizar un momento! ¡Van a pasar y van a quedar viejos! ¡Pero viejos
no sólo en edad, sino viejos porque les va a faltar el Espíritu!
Ustedes, queridos jóvenes,
¡tienen que ser jóvenes! No solamente en edad, sino en Espíritu, con valores
que tienen que alimentar y construir así la vida personal de cada uno de
ustedes. ¡Tendrán que luchar, y luchan, con un mundo que presenta otra cosa! Sin
embargo es el Espíritu que viene a completarnos, a santificarnos, a iluminarnos
¡a darnos calor y vida!
¡No tengan miedo! Porque es
lo mejor que les puede pasar. Es Dios que quiere estar en nosotros, vivir con
nosotros y nosotros con Él. Queremos ser personas normales. Queremos ser
personas íntegras, sanas, abiertas, comunicativas, creativas ¡libres! Con esa
libertad, no que uno hace lo que se la canta, sino la libertad de aquel que se
pertenece y porque se pertenece es libre y puede amar más. Y puede amar mejor. Y
puede servir mejor.
Yo diría en esta noche, que
no le pongan condiciones a Dios. Dejen que Él entre en su vida. Más bien díganle
así:
Mira Señor, sin Vos yo no soy
nada, haz de mi lo que Tú quieras.
Dame fuerzas para que en el
momento de la fragilidad, de la debilidad, de la oscuridad, yo siga siendo fiel
a esta convicción, a esta noche.
Quiero ser normal, pero quiero ser distinto.
Quiero vivir de valores.
Quiero vivir como persona.
Quiero vivir como creyente.
Quiero vivir como cristiano.
Quiero vivir como católico.
Quiero dar testimonio de todo esto.
Porque no es sólo para uno. Es para uno y para los demás. Quiero que nuestra
pertenencia repercuta en la Iglesia. Me tengo que formar, tengo que trabajar,
tengo que romperme el alma por Cristo y por los demás. Tengo que ser coherente.
Tengo que ser una persona educada. Tengo que ser una persona que incida en la
sociedad. Que hace las cosas que tiene que hacer cotidianamente, pero hacerlas
bien. Si trabajo, trabajo bien. Si estudio, estudio bien. Si estoy de novio,
estoy de novio bien. Si soy hijo y soy hermano, soy buen hijo y buen hermano.
Tengo que transformar la chatura que reina y está presente en este mundo de
mediocridad.
Podemos ser distintos, pero
normales. Un tipo fiel es normal pero es distinto. Una chica fiel es normal,
pero es distinta. No queremos vivir según el proyecto que se nos presenta, que
se nos facilita con un montón de cosas pero que ¡nos está vaciando de valores! Y
no se dan cuenta que les están dando ¡hasta la alpargata!, es decir uno se va
como arruinando porque se va secando interiormente.
En esta noche, la noche del
Espíritu Santo, dejémoslo entrar. Que Él nos lleve a Jesús. Que Él nos lleve al
amor del Padre. Sabiendo que contamos con Él, nuestra vida tiene sentido.
Tenemos una misión y nadie la puede cumplir por el otro. Cada uno tiene que
descubrirla.
¡Vayan y
descubran cuál es su misión!
¡Ustedes tienen sentido!
Pero vayan y díganlo.
Que nada ni nadie los aplaste.
Que nada ni nadie los corrompa.
Que nada ni nadie los perturbe.
Que no se les quite la integridad de los valores.
Que no se les
quite la alegría y la paz que uno tiene cuando vive en la presencia de Dios.
Haciendo, cumpliendo la voluntad del Señor.
Esa paz, esa alegría, no
tiene precio y no se compra en ningún kiosco. No se encuentra en ningún boliche.
No se encuentra en ningún lado. Sólo Dios lo da y sólo uno tendrá que recibir,
que cultivar, que trabajar y responder.
Quiero dejar que el Señor se
los diga en su corazón , en su vida. Cuando uno percibe que Dios es
misericordioso, que Dios es bueno, que Dios es amor y que quiere contar con
nosotros, es capaz de seguirlo. Seguirlo a Él
¿Cómo será? ¿Cuánto tendrá
que sufrir? ¿Cuánto tendrá que ser burlado, perseguido? Uno no lo sabe. El
seguimiento a Cristo no les quitará los sufrimientos que conlleva este
seguimiento, ¡pero vale la pena!
¡Vale la pena seguir a
Cristo!
¡Vale la pena vivir de
valores!
¡Vale la pena amarlo con todo
el corazón, con toda el alma, con toda la vida, aunque uno tenga que sufrir
tantas veces!
En estos días en la India, en
Pakistán, en China, persiguen a los cristianos, a los católicos, los meten
presos, los acusan porque dicen que, si leen la Biblia, están hablando mal de
Mahoma, mal de esto, mal de lo otro. Los persiguen y ellos tienen que dar
testimonio.
A nosotros no se nos persigue
de esta manera pero ¿saben cómo se nos persigue? Cuando nos quitan los valores.
Así nos quitan las piernas para seguir andando. Hay diferentes persecuciones,
hay diferentes martirios, pero la respuesta es la misma: ¿quieren ustedes correr
el riesgo de seguir a Cristo? ¿quieren ustedes, con Él, ser fieles? ¿quieren
ustedes aventurarse a vivir esta aventura? Yo les aseguro que vale la pena.
Que lo puedan
pensar.
Que lo puedan decidir.
Que lo puedan vivir.
Que así sea. |