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MISA POR LOS PERIODISTAS


Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús y miembro de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales, en la Misa por los periodistas
(Catedral de Buenos Aires, 7 de junio de 2005)



Es una alegría reunirnos aquí, en este día para celebrar la Eucaristía por la labor de  todos los periodistas en el marco del mensaje del Santo Padre que nos dice “ los medios de Comunicación al servicio del entendimiento entre los pueblos”

Nos reúne  la misma fuerza de la  “Palabra de Dios hecha carne  y que habitó entre nosotros” (Jn 1.14). Dios se nos manifiesta como el primer comunicador. El Padre nos envía a su Hijo, la Palabra. Se nos comunica, se nos participa dándonos su vida, provocando un encuentro que tenga vida, y que nos lleve a la comunión con todos los hombres, sin  ninguna distinción

Hoy cada uno de nosotros viene a dar gracias, a escuchar y tomar fuerza para cumplir con nuestra misión. Si los periodistas, Uds., reconocen que tienen una vocación que los invita  a cumplir responsablemente  con la misión.

Hoy no podemos negar, y es mas debemos reconocer que estamos frente a un cambio de época. Es algo que entusiasma pero a la vez, es un tremendo desafío no solo para nosotros sino sobre todo  para el bien de la humanidad.

Debemos tomar conciencia que no hay contradicción alguna entre nuestra vocación de cristianos comprometidos y el mundo de la comunicación.

Tenemos un don que implica una responsabilidad mayor. Siempre, pero siempre la comunicación se debe basar en la verdad que debe penetrar en todos los ámbitos de la existencia humana. “En este viaje de la comunicación se manifiesta también la verdad de la persona humana, creada a imagen de Dios y destinada a la comunión eterna con él y se manifiesta la verdad que es el fundamento de toda ética y que están llamados a observar especialmente en vuestra profesión” (Discurso de Juan Pablo II, Jubileo de los Periodistas).

La cuestión ética es inseparable de vuestro trabajo. El periodismo no se puede guiar únicamente por las fuerzas económicas, por los beneficios y por los intereses particulares. Al contrario esta tarea se les confía a través de los poderosos medios de comunicación para el bien de todos y en particular para el bien de los sectores más débiles de la sociedad: los niños, los pobres, los enfermos, los marginados, y discriminados. Hoy mas que nunca debemos pensar como salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, el primado de la familia, célula fundamental de la sociedad y la correcta relación entre las diversas instancias., de la cultura del trabajo, de la justicia social y del comportamiento ético, estas actitudes deben considerar siempre el respeto a la verdad y a la dignidad de la persona humana.

Si estos valores son atacados, se significa con ello que se está atacando el bien auténtico de la humanidad.

No olvidemos aquellas sabias palabras “no provoquen vientos, pues cosecharán tempestades”.

Ante todo esto tenemos una tremenda responsabilidad. Hoy mas que nunca debemos sostener bien alta nuestra mirada y nuestra capacidad de información, de búsqueda desinteresada por el bien común, de comunicar objetivamente, de ser formadores de opinión, cuidando por todos los medios de no ser fiscales o jueces implacables. Hay que evitar todo conato de manipulación o de una reinante mediocridad de lo mediático, ya que esto lejos de edificarnos nos lleva a aumentar más la superficialidad vaciándonos de sentido.

No soy ingenuo, conozco algunas de las abundantes dificultades, pero como nos decía el Santo Padre, Juan Pablo II (el Rápido Desarrollo, 24 de enero de 2005).”No tengan miedo”.  “Por lo tanto desechando la mentira, hablen con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros uno de los otros….No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que los escuchen” (Ef.4, 25-29).

No tengan miedo de la oposición del mundo. Pues El nos ha asegurado “Yo he vencido al mundo” (Jn. 16,33)  “Yo estoy con Ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt.28,20)

Quiera el Señor iluminarnos a cada uno de nosotros, que no nos olvidemos de nuestra misión y de lo que representamos. Todos hemos de dar cuenta de los talentos que hemos recibido y de que manera lo hemos ejercitado. Dios bendiga a nuestras familias y a nuestra querida Patria, y que podamos decir con honor, como cantamos en el Himno Nacional “aquello que supimos conseguir” Que la Virgen Nuestra Señora de los Buenos Aires nos ayude.


Mons. Rubén Oscar Frassia,
obispo de Avellaneda-Lanús y miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social

7 de Junio de 2005.



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