Documentos  
 
INSTITUCIÓN DE MINISTROS DE LA COMUNIÓN


Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en la
misa de institución de ministros de la Comunión
(Catedral Nuestra Señora de la Asunción - 4 de setiembre de 2005)


Queridos sacerdotes, religiosas y religiosos.
Querido pueblo fiel:

En esta Liturgia, donde el Obispo va a dar el mandato a los Ministros Extraordinarios de la Comunión, vamos a reflexionar sobre lo que significa la Eucaristía para cada uno de nosotros. Y lo que significa la Eucaristía para la Iglesia.

Cristo viene a salvarnos en la cruz por amor a Dios, pero sobre todo por nuestros pecados. La Eucaristía es, entonces, Cristo que viene a redimirnos.

El sacrificio de Cristo es el de Él, que se ofrece al Padre. El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía están unidos indivisiblemente. Los dos son la misma cosa en dos tiempos distintos. Son la misma realidad. Por lo tanto, cuantas veces nosotros tratamos con la Eucaristía, estamos tratando con el sacrificio de Cristo.

Quien mira la Eucaristía, mira a Cristo que se sacrifica por amor a Dios y por amor a nosotros. Cuantas veces nosotros tratamos la Eucaristía, estamos memorando el gran amor que Cristo nos tiene al sacrificarse por nosotros, dándose y quedándose en la Eucaristía.

Eucaristía es sacrificio.
Eucaristía es presencia de Dios, todo entero, alma, cuerpo y divinidad.
Eucaristía es banquete, alimento fraterno.

Por lo tanto, todos somos invitados. Y para que no nos queden dudas, todos somos rescatados ya que Cristo en la Eucaristía es nuestro redentor y nuestro salvador. Todos nosotros participamos de la Eucaristía porque somos invitados, admitidos, rescatados, purificados, robustecidos, sanados.

Nos acercamos a este Misterio, pero nunca lo vamos a agotar. Ni el sacerdote, ni el Obispo van a agotar el Misterio de la Eucaristía. De El y por El proviene la Gracia, que nosotros recibimos indignamente pero que Dios nos la da, para que se haga digno aquel que se acerca a la Eucaristía. Aquel que trata lo sagrado. Aquel que trata la cosa divina, el Pan Sagrado dado por nosotros al Padre y entregado para nosotros en el sacrificio.

El primero, el principal y el único es Cristo. Nosotros tenemos la Gracia de acceder, de tratar, pero cuidémonos que nunca nos olvidemos de tratarlo como Misterio, con gratitud, con adoración, con respeto. Lo Santo nos contiene a nosotros. Nosotros no contenemos al Santo.

Hay que tener siempre esa actitud de humildad, de respeto y de adoración, porque nosotros recibimos esto que es un don, un regalo pero también un llamado. ¿Y saben a qué? Curiosamente, un llamado que nos hace la Eucaristía todas las veces que, en su nombre, la Iglesia la celebra. Un llamado a la conversión.

La Eucaristía es fármaco, es remedio, es medicina del alma. Nos robustece, nos cura, nos cambia y nos pone en camino para vivir como Hijos de Dios y como hermanos entre nosotros. Es un don, es un honor, es un regalo que Dios lo da y es temporario. Y no hay que sentirse mal. Lo da un tiempo. ¡Bendito sea Dios! Y luego nos lo quita. ¡Bendito sea Dios!

¡Bendito sea Dios, cuando la Iglesia nos llama! Y ¡bendito sea Dios cuando la Iglesia no nos llama! Porque todos nosotros somos importantes, no por lo que hacemos sino por lo que somos y por el Misterio en el que estamos fundados, sostenidos y alimentados.

Queridos hermanos, el Misterio del Amor de Dios, quiera El que todos los que estamos acá unidos como parte representativa del Pueblo de Dios, nos invite a nosotros a la gratitud, a la adoración y a la comunión. Ya que todos nosotros somos alimentados en una única mesa, en un único Misterio, en un único nombre Jesucristo el Salvador.

Que la Virgen, ella que entendió el Misterio, lo tomó y no lo profanó, nos ayude a recibir el Misterio y a tomarlo con esa actitud de lo sagrado. Y esa actitud tiene que expresarse en nuestra vida cotidiana.

Que el Señor los bendiga. Bendiga a sus parroquias, a sus párrocos, a sus comunidades, a sus comunidades religiosas. Y que este mandato, que el Obispo les da, sea un aproximamiento, una cercanía, y que mirando a Cristo cumplamos una vez más la voluntad del Padre.

Que así sea.


Mons. Rubén Oscar Frassia,
obispo de Avellaneda-Lanús



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.