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SÓLO DE DIOS NOS VIENE LA FUERZA COMO IGLESIA


Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en la Basílica de Luján con motivo de la Peregrinación Diocesana (11 de septiembre 2005)


Queridos hermanos:

Estamos aquí, una vez más, a los pies de la Santísima Virgen para aprender, reconocer, agradecer y tomar fuerzas. Porque todos nosotros, como familia, estamos cansados de tantas dificultades externas, de tantas dificultades internas. Pero hoy venimos a tomar aire puro, a tomar fuerzas. A reconocer y saber que sólo de Dios nos viene la fuerza como Iglesia, para que podamos vivir y cumplir con nuestra misión.

El lema de este año es “Con María cumplamos nuestra misión”. ¿Y qué significa cumplir con nuestra misión? Significa, en primer lugar, saber de dónde nos podemos nutrir. Y nos nutrimos de su Hijo, de Cristo el Señor. El Señor que está presente en la Eucaristía y nos muestra en ella su amor incondicional para cada uno de nosotros.

Nosotros  tenemos que entender que la Eucaristía, es la misma que aquella en la que Él se sacrificó por nosotros. Y que ese amor redentor reclama, de nosotros, respuestas. Reclama de nosotros fidelidad. Reclama de nosotros no mirar para otro lado. Y saber que nosotros, como Iglesia y pueblo santo de Dios, nos nutrimos bajo un mismo pan. Y ese Pan es Cristo.

Y si nos nutrimos de ese único Pan, que es Cristo, de acá nosotros tenemos que salir a trabajar por la unidad. Por la unidad de la familia. Por la unidad de la Iglesia.  Por la unidad de los hombres. La Eucaristía crea en nosotros cultura, nos educa, nos enseña, nos forma, nos fortalece. Nos saca del pecado del egoísmo, de la superficialidad, para que podamos vivir ese amor redentor de Dios eucarístico en nosotros.

La unidad no es abstracta. La unidad no son palabras. Son obras, son gestos, comunitaria y jerárquicamente. La unidad tiene una estructura, y esa estructura tiene que expresarse, tiene que hacerse carne y vida en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestro presbiterio, en nuestra diócesis.

Hoy venimos a pedirle a la Virgen que nos de la fuerza para poder vivir seriamente, esta misión que el Señor nos ha encomendado: “Con María cumplamos nuestra misión”.

El mundo está resquebrajado, por no decir roto. Que eso no suceda en medio de nosotros y nuestras comunidades. Nosotros tenemos que hacer y testimoniar con nuestra propia vida, lo que el Señor nos enseña. Los políticos dicen otra cosa. Las sociedades dicen otra cosa. El sistema dice otra cosa. Pero nosotros tenemos algo que decir y es diferente: Cristo el Señor, es capaz de hacernos reconocer como hermanos entre nosotros.

Cristo es capaz de tratarnos responsablemente.

Cristo es capaz de provocar en nosotros esta realidad de ser hijos de Dios y de ser hermanos entre nosotros.

La presencia de la Virgen, la llena de gracia, despeja el pecado, despeja la adicción, despeja la intriga, despeja la ruptura. Que Ella se haga presente hoy en nosotros, en nuestra Iglesia, en nuestras familias y en nuestro querido país.

Estamos cansados, hay mucho cansancio. Y uno se cansa más cuado se lo guarda para sí. Uno se cansa más y pierde el entusiasmo, cuando no vive en la verdad y no vive en el Señor.

En el breviario, en la liturgia de la horas, en el oficio de lecturas, justamente hoy el Himno dice una frase que quiero compartir con ustedes y pedirle al Señor: “Tú que nos diste la inmensa dignidad de ser tus hijos, no dejes que el pecado y que la muerte, destruyan en el hombre el ser divino.”

Que se lo pidamos hoy a la Virgen, para que vuelva en nuestra vida la alegría de la Gracia de Dios. Para que vuelva a nuestras familias la alegría de vivir los valores que el Señor, a través del Evangelio, y que la Iglesia a través de él, comunica y nos enseña.

Cuando hay valores, hay entusiasmo, hay fuerza, hay convicción y hay testimonio. Se lo pedimos hoy a la Virgen, para nuestra diócesis, para nuestras comunidades. Y que el malo no destruya lo divino que está presente en cada uno de nosotros.

Que así sea.


Mons. Rubén Oscar Frassia,
obispo de Avellaneda-Lanús



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