Homilía de
monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en la misa de ordenaciones
sacerdotales (Catedral de Avellaneda-Lanús, 19 de noviembre de 2005)
Queridos hermanos
En primer lugar
quiero agradecer a todos los sacerdotes que vinieron del Seminario de Mercedes
Luján y de La Plata. A todo el presbiterio de nuestra diócesis. A nuestros
diáconos, a los diáconos permanentes, a las religiosas. A los familiares de
estos diáconos que hoy van a ser ordenados sacerdotes. A las comunidades. A
los jóvenes que se han esmerado y trabajaron mucho para esta celebración, para
que Dios nos encuentre dignos ante el regalo que Él nos hace, con la bendición
de cuatro nuevos sacerdotes.
Es difícil
sintetizar en poco tiempo tanta grandeza, tanta significación, de lo que es el
Ministerio Sacerdotal. Pero, en primer lugar, yo creo que los que estamos en el
Ministerio sabemos que todo es gracia. Y que todo es don de Dios. Y que Dios los
ha sacado a ustedes de una realidad para que se conviertan en otra realidad.
Para que se conviertan en lo que El quiere que ustedes sean: hombres de Dios
para su pueblo. El sacerdote tiene que ser hombre de Dios para su pueblo.
Ante este
llamado de Dios, ninguno de ustedes puede apropiarse. Una vez, alguien muy
cercano a mí, me decía “sacerdote no te engrupas porque Dios te llama para ser
lo que tenés que ser y para representar lo que tenés que representar: sacerdote
de Cristo, sacerdote de la Iglesia, sacerdote de tu pueblo.” No se engrupan, no
se pertenecen tampoco a ustedes. Han sido llamados y se han entregado; y deben
ser continuos buscadores de la voluntad del Padre, y hacer siempre lo que El
quiere.
¡Busquen a Dios y se encontrarán!
¡Busquen a Dios y encontrarán a su gente!
¡Busquen a Dios y tendrán alegría, y paz!
Hay algo que
también es importante: el sacerdote es aquel que se va configurando, que va
buscando su identidad. Aquel que va creciendo para poder amar más. ¿Por qué
renuncia, un sacerdote, a tener una familia personal o particular? ¿Por qué
renuncia a un proyecto personal? Renuncia para algo más importante donde, de
alguna manera, los límites se abren, se expanden. No tendrán hijos propios, pero
sí podrán tener muchos hijos e hijas espirituales, si son verdaderamente padres.
El padre es el que engendra, y el padre espiritual debe engendrar en los hijos,
para que sean reconocidos ustedes como padres y no como funcionarios. Cuando nos
ven como padres, se enaltece y se enriquece la relación filial con el Padre.
Hoy ustedes son
llamados a entrar, de un modo muy especial, al presbiterio. La presencia de los
sacerdotes que están aquí, es un alto significado de que ustedes son admitidos
al presbiterio. Y al estar unidos al presbiterio, con los presbíteros y con el
Obispo, se realiza el entramado especial que no se debe quebrantar jamás.
¿Cómo se forma
el presbiterio? En esta relación fraterna del Obispo con los presbíteros, de los
presbíteros con el Obispo, y nunca uno puede disociar, separar o quitar esta
hermosa realidad que, no sólo nos es dada, sino que también se debe alimentar,
fortalecer, cuidar y construir. Por eso no es poca cosa entrar en el presbiterio
de esta iglesia diocesana Avellaneda Lanús. Si tienen fe, y si se dan cuenta lo
que significa, van a cuidar -hasta con la vida- la fraternidad en el
presbiterado, en esta unidad que no es secundaria, sino constitutiva y esencial.
Hoy ustedes
están unidos, y llamados, a Cristo Maestro. Ustedes tienen que
enseñar, pero aquel que puede enseñar siempre es capaz de aprender. El maestro
no puede perder jamás la condición interior de discípulo. Cuando uno piensa que
ya se las sabe todas, empieza a no ser maestro. Ustedes seguirán a Cristo
Maestro y tienen que aprender que también tienen que enseñar, tienen que
creer lo que leen, enseñar lo que creen y vivir lo que enseñan., pero es
importante esto: ustedes tienen que mirar siempre a Dios, a la Iglesia y a la
gente.
Cuando uno mira,
no se puede quedar en cosas superficiales.
Cuando uno ve
los dolores de la gente, no puede perder el tiempo.
Cuando uno ve lo
que sufre nuestro pueblo, no puede quedar indiferente.
El motivo de la
mirada superior y sobrenatural será la fe y el amor.
El que tiene fe
y el que ama, ve más.
Quien tiene poca
fe, tiene poca visión.
Quien tiene poco
amor, poco va a dar de sí.
Cristo Sacerdote:
están incorporados y metidos, yo diría casi fusionados, con este misterio de
Cristo. Cristo es donación, ofrenda. Es cruz, es entrega y es resurrección.
Cristo Sacerdote.
Cristo
Eucaristía:
desde la Eucaristía vivirán dando, ofreciendo, todos los sacramentos. Y los
sacramentos que ustedes dan, ¡no son de ustedes, son de Cristo! Cristo bautiza,
Cristo confirma, Cristo consagra, Cristo perdona los pecados. Ustedes serán muy
buenos instrumentos y mediadores de la única realidad importante y fundamental
que es Cristo.
Quiero pedirle
al Señor, en esta mañana, por ustedes para que nunca pierdan el entusiasmo de
dar a Cristo, de reconocer a Cristo, de entregar a Cristo a los demás.
Por último,
estar a unidos a Cristo Pastor. Uno tiene que ir alcanzando la
plenitud, la madurez. ¿Qué significan plenitud y madurez? Ellas son la sabiduría
en la vida. La sabiduría significa poder plasmar personalmente, lo que ha hecho
Cristo, el Buen Pastor. No busca demagogias. No busca intereses particulares. No
hace sus proyectos en la Iglesia, sino que está convencido que será pastor en la
medida que busca y hace la voluntad de Dios. ¡Qué me importa si me mandan a un
lugar o me mandan a otro! Si estoy aquí, en tal comunidad, en cualquier lugar
uno tiene que saber encontrar a Dios, y saber encontrar a su pueblo.
Si no lo
encontramos, de nuevo tenemos poca visión y no tenemos la audacia del amor. El
pastor tiene que ser sabio. Sé que habrá riesgos. Sé que habrá dificultades. Se
que habrá tentaciones, pero recuerden: si quieren dar vida, tendrán que
ofrecerse. Si quieren retener la vida, la van a perder.
Les deseo que el
Señor, en el Espíritu, vaya esculpiendo en el interior de cada uno de ustedes
esta tremenda capacidad: la capacidad de poder vivir con El y poder decir,
siempre, al primer año, a los diez años, a los veinte años de sacerdote, a los
treinta, a los cuarenta, a los que sea: “tengo un gozo extraordinario, soy feliz
y vivo en paz porque todo, pero todo, se lo estoy entregando al Señor y a
nuestro pueblo.”
Que la Virgen,
Nuestra Señora del SI, ella que tiene fe, que confía, que es humilde, que es
grande y que es pequeña, los ayude a vivir con mucha alegaría y con mucha
serenidad. Acuérdense que para poder consolar a esta gente que los acompaña,
tendrán que entregarse. Cuando uno se entrega, se encuentra.
Que la Virgen
los ayude a vivir un día muy pleno. Cuando lleguen al ocaso de sus vidas, no
digan como el primer día, sino que siempre tendrán que crecer en el amor, en la
entrega, ¿saben por que? Porque Dios siempre nos sorprende de nuevo, en el hoy,
en este presente, y en esto que es absoluto y eterno.
Serán curas,
serán sacerdotes, para amar más.
Que cumplan con
este deseo y que pongan toda la vida y toda la voluntad.
Se los deseo de
corazón.
Que así sea.