Mensaje de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para la
Cuaresma 2005
El Santo Padre, en su mensaje para la Cuaresma 2005, cita un texto del libro del
Deuteronomio. Son unas palabras que Moisés dirige al pueblo invitándolo a
estrechar la alianza con el Señor: “Escoge la vida, para que vivas, tú y
tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a Él”
(Dt 30, 19-20).
El Papa se refiere
a este pasaje bíblico con el fin de alcanzar una mayor comprensión de la función
que las personas ancianas están llamadas a ejercer en la Iglesia y en la
sociedad. El Santo Padre nos llama la atención sobre ellos, con el fin de volver
a darles el lugar que deben ocupar. Este reconocimiento exige un verdadero
compromiso de nuestra parte. Quien honra a los mayores, se honra así mismo;
quien se olvida de ellos, comete un acto de injusticia.
Escoger la vida es
honrarla, es tomarla como un don gratuito, es comprometernos en cultivarla y
acrecentarla. Escoger la vida es actualmente un desafío muy grande, nos golpean
por todos lados. Hoy son muchos los que desprecian la vida: están aquellos que
se arrogan la pretensión abusiva de tomar decisiones sobre la vida del otro, por
ejemplo, intentando imponer y legitimar a toda costa el aborto. La pretensión de
exacerbar los derechos, olvidándonos de las consabidas obligaciones; también
están quienes fomentan el deterioro constante de la cultura del trabajo; los que
promueven la exaltación de lo sexual, por encima de otros valores que son más
importantes, como el respeto hacia el otro, el valor de la integridad y de la
fidelidad, el respeto a la palabra dada. Estos valores se omiten generalmente,
como si debieran estar ausentes de nuestro horizonte personal. Están quienes
pretenden la igualación de los comportamientos humanos, como si cada uno no
tuviera su propia identidad personal. El acostumbrarnos a la violencia, el mal
de la droga, que involucra a todos los estamentos de nuestra sociedad. Estos
elementos, lejos de entusiasmarnos, lo único que logran es despreciar y destruir
el mismo valor y bien que conlleva a la vida.
La Cuaresma,
momento propicio para intensificar la oración y la penitencia, es un tiempo de
gracia para reconocer nuestra pertenencia a Dios Padre, mejorando y
reorganizando nuestro proyecto de vida. Hoy nos falta un proyecto de vida, por
eso hay desorientación, opacidad y tristeza. ¿O acaso no nos damos cuenta que el
hombre alejado de Dios se pierde así mismo?
Como Iglesia
Particular, quisimos poner en el centro nuestra misión diocesana. Le
toca, a cada comunidad parroquial, comprometerse a comunicar los valores en que
creemos, a dar testimonio de nuestra fe, a ensanchar el horizonte y a ayudar a
que los demás puedan encontrar un sólido proyecto de vida, de sociedad y de
Nación. Todo converge para el bien: no dejemos pasar este tiempo de gracia,
¡en nombre del Señor echemos las redes! Nadie lo va a hacer por nosotros;
esta es nuestra hora, la realidad exige nuestra respuesta.
Tengo la alegría de
compartir con ustedes la inauguración de la sede definitiva de nuestro Seminario
Diocesano “Pablo VI”, el próximo jueves 3 de marzo a las 19 hs.,
recordando el cuarto aniversario de mi toma de posesión de esta diócesis. Están
todos invitados a rezar y a velar por el Seminario, que es nuestro presente y
nuestro futuro eclesial. La Celebración Eucarística será presidida por el Sr.
Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, y concelebrada por los sacerdotes
presentes. La dirección del Seminario es Dr. Antonio Caviglia 340, en Wilde.
Participemos de esta alegría.
Además, el 12 de
marzo a las 10 hrs., en la Iglesia Catedral, ordenaré a siete diáconos para
nuestra Iglesia Diocesana: cuatro de ellos en orden al Sacerdocio Presbiteral y
tres como Diáconos Permanentes. Como vemos, tenemos diversos motivos para dar
gracias a Dios por su bondad y por su ternura para con nuestra familia
diocesana. Les deseo de corazón que podamos vivir de acuerdo a tantos dones y
regalos que Dios nos concede.
Nosotros que somos
sus discípulos debemos tomar en serio este itinerario espiritual y ponernos en
camino: no nos conformemos con seguirlo, también podemos imitarlo.
Con mi bendición de
Padre y Pastor los bendigo de corazón.
Avellaneda, 20 de febrero de 2005
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús.