Con gran alegría el Espíritu
Santo y los Cardenales han elegido al Papa Benedicto XVI, Cardenal José
Ratzinger, como sucesor de Pedro. Quiero afirmar esto que es fundamental: este
es el elegido por Dios y este es el que va a guiarnos y conducirnos a lo largo
de este inicio del tercer milenio.
Estamos agradecidos a Juan
Pablo II por todo lo que ha dado, por todo lo que se ha entregado a Dios a la
Iglesia y al mundo ¡bendito sea Dios que nos ha regalado tan grande Papa!
Tenemos que saber que el
espíritu de Dios continúa en la Iglesia a través de las mediaciones y Benedicto
XVI es el elegido.
Quiero afirmar, y quiero que
ustedes piensen, que ustedes reconozcan, que den testimonio, que es el Espíritu
de Dios quien lo ha elegido, y no hay otros argumentos. Porque es inteligente,
porque es capaz, porque es muy conocedor, es éste.
Jesús, cuando eligió a Pedro,
no le preguntó ¿qué programa, qué proyecto tienes para la Iglesia? Simplemente
le dijo: “Pedro ¿me amas más que estos? Apacienta mi grey.” Esa es la pregunta
que Jesús también le hace al Cardenal José Ratzinger para que conduzca al
pueblo, para que conduzca esta barca en este tercer milenio.
Que vivamos con fe para saber
descubrir la presencia de Cristo en “el dulce rostro de Cristo”, que es el Santo
Padre.
Evangelio de San Juan 14, 15-21
Una cosa tan simple, pero tan
profunda. Tenemos que acostumbrarnos a discernir y a pensar: “Si ustedes me aman
–nos dice Jesús– cumplirán los mandamientos” ¿Qué significa? ¿Estarán de acuerdo
con lo que les pido? ¿Se moverán de acuerdo a los sentimientos? ¿Se moverán de
acuerdo a su sensibilidad, sus experiencias, a lo que les va pasando? ¿Estarán
siguiendo este mundo, esta cultura tan atomizada, tan fragmentada, tan poco
solidaria? ¿Vivirán todo lo instantáneo, lo superficial? ¿Cuáles serán los
criterios que tendremos para poder dar una respuesta?
Todas las cosas que les pasa
a los demás, también nos pasa a nosotros que vivimos en esta cultura. La cultura
del “ya fue” o de todo rápido, o de la imagen. Casi en detrimento de lo que es
la realidad. Sin embargo las palabras de Jesús siguen teniendo la misma verdad:
“si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.”
El cumplir los mandamientos
está apoyado en la voluntad, no en las ganas. Voluntad. Y cuando uno tiene
voluntad, pone esa voluntad. Cuando uno no tiene esa voluntad, es frágil en su
seguimiento.
Los cristianos tenemos que
acostumbrarnos a saber dar razones de nuestra fe, y poner la voluntad, poner el
amor. Es lo mismo que el amor que pone un papá o una mamá. Que hacen tantas
cosas en su vida, y no siempre con ganas, pero ponen amor. Y el amor es el
motivo que funda ese compromiso, esa fidelidad. El amor y la voluntad es el
motivo que funda esa perseverancia. Y así es la vida.
Tenemos que acostumbrarnos a
movernos por la voluntad. ¡No es lo mismo el deber ser! El deber ser no siempre
es la voluntad y a veces no tiene libertad. Fundamentalmente es el amor y la
voluntad.
¿Cómo vamos a llegar adelante
con esto? Porque contamos, y tenemos la certeza, de que Cristo va a pedirle al
Padre, para nosotros, para que siempre esté el Padre con nosotros, y para que el
Espíritu de la Verdad esté siempre en nosotros. Aunque el mundo no lo pueda
recibir, porque no lo ve y no lo conoce, pero nosotros sí lo conocemos porque
tenemos fe.
El compromiso de la respuesta
y el amor que nosotros ponemos, está apoyado y fundamentado por la oración de
Cristo. Por esas llagas vivas de Cristo que murió por nosotros, se las ofreció
al Padre por nosotros. El va a rezarle al Padre por nosotros. Por usted, por mí,
por aquel chico, por aquel huérfano, por aquel enfermo.
¿Ven que no estamos solos?
¿Ven cómo la oración de Dios
está presente?
Si sabemos que El está y reza
por nosotros, nos bendice y podemos reconocerlo por la fe y por el Espíritu
¡reconozcámoslo! ¿Y cuál es la respuesta? El amor por medio de una decisión y
por medio de la voluntad.
Que Dios los bendiga y hasta
la semana que viene, si Dios lo permite.
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús