Ustedes saben que la presencia de Cristo en la Eucaristía es real. Él ha querido
quedarse con nosotros "porque anochece, porque atardece." La comida, que es
vital en todos los pueblos, tiene un significado muy profundo en nosotros como
pueblo de fe, como pueblo de creyentes, porque comer el Pan Sagrado, el Cuerpo y
la Sangre de Cristo, es repetir el misterio de la crucifixión, muerte y
resurrección de Cristo, es la Pascua.
Él, anticipando su
pasión, se queda en el Pan Consagrado. Es una presencia real que sustenta al
hombre, que lo alimenta, que lo nutre. La presencia de la Eucaristía es que, al
recibir el Cuerpo del Señor, entra la vida y se va alejando todo vestigio de
muerte y de pecado. Él se queda con nosotros y se hace don en el signo del pan.
Los católicos, no
tenemos que acostumbrarnos a la Eucaristía, como si fuera una cosa más de tantas
actividades que hace el domingo, el día del Señor. Una cosa más para cumplir.
No. Es realmente un encuentro con lo Divino, con lo absoluto.
Creo que lo decía
Gandhi: "si es cierto lo que dicen los católicos, que Jesús está presente en la
Eucaristía, ¿por qué entonces los cristianos no comulgan más seguido?" si está
presente ¿por qué no lo encontramos? ¿por qué no lo buscamos? ¿por qué no lo
escuchamos? ¿por qué no lo adoramos?
Hay que meditar esto,
Dios nos dejó un testamento ¿y cuál es el Testamento?: la Eucaristía. Nos ha
dejado en mano su Testamento: la Eucaristía, que es su misericordia, que nos
purifica, que nos fortalece, que nos previene y nos ayuda con su gracia, que
expresa su compromiso de amor para vivir en libertad y en su misericordia.
Que nos recuerda
cuando lavó los pies de los Apóstoles y les dijo "¿sabe lo que yo he hecho?" y
qué bueno sería contestarle "¡cómo no me voy a dar cuenta lo que has hecho!" Y
muchas veces falta esta respuesta. por eso hay que escuchar bien la pregunta
para dar bien la respuesta.
Pidamos al Señor
darnos cuenta de la Eucaristía, del reconocimiento. Y que esta pertenencia a Él
nos haga vivir en comunión, en unidad, respetando a nuestros hermanos,
respetando las mediaciones, los respetos humanos que tenemos que tener para con
todos. ¿Cómo vamos a recibir el Cuerpo del Señor y cómo vamos a negar su
presencia en el trato con los hermanos? Siempre las cosas de Dios nos llevan a
las cosas de los hombres.
Que la Eucaristía
esté muy presente en nosotros, y que este alimento eterno, que sacia nuestra
alma y que nos da el apetito del infinito, nos de muchas fuerzas ara vivir con
convicción y no con sensación. Con compromiso y no con ganas, con amor y
voluntad y no con excusas. Que la Eucaristía nos ayude a vivir de Cristo.
Les dejo mi
bendición.
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús