Recordatorios
El jueves 4,
recordamos al Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney. Es el día del párroco.
Como feligreses recen por su párroco, vayan a saludarlo y ténganlo en cuenta en
sus oraciones.
El sábado 6, es
la Fiesta de la Transfiguración del Señor. También es el aniversario del
fallecimiento del querido Papa Pablo VI. Ese día debemos acordarnos del
Seminario y rezar mucho por nuestros seminaristas. El Seminario es el centro y
el corazón de nuestra diócesis, en la formación, en la oración, en el
sostenimiento, con la ayuda de los Amigos del Seminario. Todo lo que sea porque
estamos formando a nuestros futuros pastores, que nos van a guiar en los
próximos años, en la Iglesia particular de Avellaneda Lanús.
Evangelio de hoy: “La multiplicación de los panes”
Ahí están las
cosas: la oración donde Jesús se pone a solas con el Padre; la necesidad de la
gente que lo sigue; la respuesta que da Jesús; la intervención de los Apóstoles,
que ofrecen lo que tienen, un poco de pan y algún pescado; y el Señor que
pronuncia su bendición, se produce la multiplicación los panes y el milagro.
Esas son las cosas que Dios nos da.
Dios nos colma
con su presencia.
Dios sacia
nuestro corazón, nuestra alma y nuestra sed.
¿Y de qué lo
sacia? De algo que tenemos en nuestro interior. Que cada uno lo tiene, por más
que alguno lo quiera rechazar, negar o postergar: es el apetito de lo infinito,
de lo absoluto, de lo eterno, de lo divino.
“Mi corazón está
inquieto, Señor, hasta que no repose en ti”, nos dice San Agustín y es lo más
importante que tenemos que tener en cuenta. Algo que no se agota, porque la
presencia de Dios es inagotable.
La Iglesia,
siguiendo a Cristo, quiere responder a todas las necesidades. Pero todas las
necesidades no pueden ser reducidas, o acotadas, a las cosas materiales.
Es mucho más que
eso:
Es el Pan de la
Eucaristía,
Es el Pan de la
Palabra,
Es el Pan del
respeto para los otros,
Es el Pan de la
atención al desvalido, al marginal, al pobre, al anciano, a aquel que no se vale
por sí mismo.
Cuántas cosas
uno puede seguir haciendo infinitamente, porque cuando uno tiene amor y
decisión, siempre es creativo. Y el amor no sólo inventa sino descubre la real
necesidad de los demás.
Cuánta gente
vive con la Internet o con la televisión; pero ¡cuánta gente vive sola,
incomunicada, sin entusiasmo, sin sentido! Entonces, ¿de dónde sacamos la
fuerza? De la Eucaristía.
La fuerza nos la
da Dios para robustecer nuestra vida.
Para
fortalecerla.
Para empeñarnos
en el compromiso testimonial por medio de la misión.
Para
vivir con entusiasmo.
Para no seguir
colaborando con un mundo que está roto, fracturado, quebrado de tantas cosas
superficiales.
Tomemos fuerzas
de la Eucaristía; ofrezcamos lo poco que tenemos y lo poco que somos, y
entonces, con y con amor, veremos el milagro. “No te canses de hacer el bien,
porque el que te eligió te dará la fuerza para seguir haciendo el bien”.
Les dejo mi
bendición.