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LA FUERZA NOS LA DA DIOS PARA ROBUSTECER NUESTRA VIDA


Reflexión dominical de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" (31 de julio de 2005)


Evangelio de San Mateo 14, 13-21



Recordatorios

El jueves 4, recordamos al Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney. Es el día del párroco. Como feligreses recen por su párroco, vayan a saludarlo y ténganlo en cuenta en sus oraciones.

El sábado 6, es la Fiesta de la Transfiguración del Señor. También es el aniversario del fallecimiento del querido Papa Pablo VI. Ese día debemos acordarnos del Seminario y rezar mucho por nuestros seminaristas. El Seminario es el centro y el corazón de nuestra diócesis, en la formación, en la oración, en el sostenimiento, con la ayuda de los Amigos del Seminario. Todo lo que sea porque estamos formando a nuestros futuros pastores, que nos van a guiar en los próximos años, en la Iglesia particular de Avellaneda Lanús.


Evangelio de hoy: “La multiplicación de los panes”

Ahí están las cosas: la oración donde Jesús se pone a solas con el Padre; la necesidad de la gente que lo sigue; la respuesta que da Jesús; la intervención de los Apóstoles, que ofrecen lo que tienen, un poco de pan y algún pescado; y el Señor que pronuncia su bendición, se produce la multiplicación los panes y el milagro. Esas son las cosas que Dios nos da.

Dios nos colma con su presencia.

Dios sacia nuestro corazón, nuestra alma y nuestra sed.

¿Y de qué lo sacia? De algo que tenemos en nuestro interior. Que cada uno lo tiene, por más que alguno lo quiera rechazar, negar o postergar: es el apetito de lo infinito, de lo absoluto, de lo eterno, de lo divino.

“Mi corazón está inquieto, Señor, hasta que no repose en ti”, nos dice San Agustín y es lo más importante que tenemos que tener en cuenta. Algo que no se agota, porque la presencia de Dios es inagotable.

La Iglesia, siguiendo a Cristo, quiere responder a todas las necesidades. Pero  todas las necesidades no pueden ser reducidas, o acotadas, a las cosas materiales.

Es mucho más que eso:

Es el Pan de la Eucaristía,

Es el Pan de la Palabra,

Es el Pan del respeto para los otros,

Es el Pan de la atención al desvalido, al marginal, al pobre, al anciano, a aquel que no se vale por sí mismo.

Cuántas cosas uno puede seguir haciendo infinitamente, porque cuando uno tiene amor y decisión, siempre es creativo. Y el amor no sólo inventa sino descubre la real necesidad de los demás.

Cuánta gente vive con la Internet o con la televisión; pero ¡cuánta gente vive sola, incomunicada, sin entusiasmo, sin sentido! Entonces, ¿de dónde sacamos la fuerza? De la Eucaristía.

La fuerza nos la da Dios para robustecer nuestra vida.

Para fortalecerla.               

Para empeñarnos en el compromiso testimonial por medio de la misión. Para vivir con entusiasmo.

Para no seguir colaborando con un mundo que está roto, fracturado, quebrado de tantas cosas superficiales.

Tomemos fuerzas de la Eucaristía; ofrezcamos lo poco que tenemos y lo poco que somos, y entonces, con y con amor, veremos el milagro. “No te canses de hacer el bien, porque el que te eligió te dará la fuerza para seguir haciendo el bien”.

Les dejo mi bendición.


Mons. Rubén Oscar Frassia,
obispo de Avellaneda-Lanús



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