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CUANDO UNO NO MIRA A JESÚS EMPIEZA A SUCUMBIR


Reflexión dominical de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" (7 de agosto de 2005)


Evangelio de San Mateo 14, 22-3


Recordatorio

Hoy es la Fiesta de San Cayetano, por lo tanto agradezcamos a Dios que nos ha regalado este Santo. Pidamos a San Cayetano, el Patrono de la Providencia, por el pan y por el trabajo. Un trabajo digno para obtener dignamente el pan.

Que Dios bendiga a todos los peregrinos que se acercan al Santuario, y a aquellos que se unen, para que nuestra Nación sea una Nación laboriosa, disciplinada, que tenga trabajo y que, dignamente, podamos construir un presente y un futuro más promisorio.

¡Feliz día de San Cayetano!


El Evangelio de hoy: “Jesús camina sobre las aguas”

¡Qué texto hermoso!

¡Qué cosa tan simple!

Fijémonos bien: están los discípulos en una barca, que conocen muy bien lo que es la inclemencia del tiempo, pero se someten a las circunstancias, tienen miedo. Luego está el Señor que va caminando por encima del agua, como si fuera tierra firme.

Visto con ojos humanos, parecería una cosa imposible. Pero para la fe no hay nada imposible. Cuando uno tiene fe, la presencia de Cristo incide en la naturaleza y ésta se encuentra sometida a Dios Padre el Creador, a Cristo el Hijo Redentor y al Espíritu Santo, el Santificador. Por lo tanto, la incidencia de Cristo no es solamente moral, espiritual; también incide en la naturaleza, en los comportamientos naturales.

Pedro se anima, ya que ve caminar a Jesús sobre las aguas. El quiere hacer lo mismo. Pero viene una dificultad: la inclemencia del tiempo. Pedro empieza a dudar, se asusta y comienza a hundirse.

A nosotros, ¿a veces no nos pasa lo mismo?

Hacemos proyectos.

Queremos seguir al Señor.

Hacemos un apostolado.

Emprendemos una tarea apostólica o misionera.

Queremos hacer el bien, y después nos viene un mar de dificultades, un mar de problemas. Con olas muy grandes y muy fuertes. Y a veces, la presión de ellas, pueden asustarnos.

Cuando uno se asusta, y no mira a Jesús, empieza a sucumbir.

No asustamos de las tentaciones, de las presiones.

Siempre hay una constante que tener y seguir. ¿Cuál es? Mirar siempre al Señor, a Jesús, y quedarse ahí. Quedarse quietito en el Señor. En el Sagrario. En la Eucaristía. En la oración personal. ¡Quedarse ahí!

Esto es lo que les digo a todos ustedes, y a mí mismo: tenemos que quedarnos con el Señor ante las dificultades. Y escuchar esto en nuestros oídos: “¡Tranquilícense, no teman. Soy yo! ” Esta palabra que es un consuelo enorme: ¡Soy yo, el Señor!

El Señor está, aunque a veces uno no lo vea, no lo perciba, no lo reconozca.

¡A seguir luchando!

En la historia de los hombres, en las familias, ¡cuántas veces nos sorprende una dificultad! Una familia que estaba muy bien, y de pronto una hija que se enferma. Como que “le cortan las piernas” a esa familia. Antes estaba todo tranquilo, ordenado, prolijo y de golpe viene el caos. Entonces ahí: “tranquilícense, no teman soy YO”. Escuchemos esto y veremos que, de la prueba, saldremos fortalecidos.

Que San Cayetano interceda por todos y cada uno de ustedes.

Les dejo mi bendición.


Mons. Rubén Oscar Frassia,
obispo de Avellaneda-Lanús



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