Recordatorio
Hoy es la Fiesta de San
Cayetano, por lo tanto agradezcamos a Dios que nos ha regalado este Santo.
Pidamos a San Cayetano, el Patrono de la Providencia, por el pan y por el
trabajo. Un trabajo digno para obtener dignamente el pan.
Que Dios bendiga a todos los
peregrinos que se acercan al Santuario, y a aquellos que se unen, para que
nuestra Nación sea una Nación laboriosa, disciplinada, que tenga trabajo y que,
dignamente, podamos construir un presente y un futuro más promisorio.
¡Feliz día de San Cayetano!
El Evangelio de hoy: “Jesús camina sobre las aguas”
¡Qué texto hermoso!
¡Qué cosa tan simple!
Fijémonos bien: están los
discípulos en una barca, que conocen muy bien lo que es la inclemencia del
tiempo, pero se someten a las circunstancias, tienen miedo. Luego está el Señor
que va caminando por encima del agua, como si fuera tierra firme.
Visto con ojos humanos,
parecería una cosa imposible. Pero para la fe no hay nada imposible. Cuando uno
tiene fe, la presencia de Cristo incide en la naturaleza y ésta se encuentra
sometida a Dios Padre el Creador, a Cristo el Hijo Redentor y al Espíritu Santo,
el Santificador. Por lo tanto, la incidencia de Cristo no es solamente moral,
espiritual; también incide en la naturaleza, en los comportamientos naturales.
Pedro se anima, ya que ve
caminar a Jesús sobre las aguas. El quiere hacer lo mismo. Pero viene una
dificultad: la inclemencia del tiempo. Pedro empieza a dudar, se asusta y
comienza a hundirse.
A nosotros, ¿a veces no nos
pasa lo mismo?
Hacemos proyectos.
Queremos seguir al Señor.
Hacemos un apostolado.
Emprendemos una tarea
apostólica o misionera.
Queremos hacer el bien, y
después nos viene un mar de dificultades, un mar de problemas. Con olas muy
grandes y muy fuertes. Y a veces, la presión de ellas, pueden asustarnos.
Cuando uno se asusta, y no
mira a Jesús, empieza a sucumbir.
No asustamos de las
tentaciones, de las presiones.
Siempre hay una constante que
tener y seguir. ¿Cuál es? Mirar siempre al Señor, a Jesús, y quedarse ahí.
Quedarse quietito en el Señor. En el Sagrario. En la Eucaristía. En la oración
personal. ¡Quedarse ahí!
Esto es lo que les digo a
todos ustedes, y a mí mismo: tenemos que quedarnos con el Señor ante las
dificultades. Y escuchar esto en nuestros oídos: “¡Tranquilícense, no teman. Soy
yo! ” Esta palabra que es un consuelo enorme: ¡Soy yo, el Señor!
El Señor está, aunque a veces
uno no lo vea, no lo perciba, no lo reconozca.
¡A seguir luchando!
En la historia de los
hombres, en las familias, ¡cuántas veces nos sorprende una dificultad! Una
familia que estaba muy bien, y de pronto una hija que se enferma. Como que “le
cortan las piernas” a esa familia. Antes estaba todo tranquilo, ordenado,
prolijo y de golpe viene el caos. Entonces ahí: “tranquilícense, no teman soy
YO”. Escuchemos esto y veremos que, de la prueba, saldremos fortalecidos.
Que San Cayetano interceda
por todos y cada uno de ustedes.
Les dejo mi bendición.