Documentos  
 

COMPARTIENDO EL EVANGELIO


Reflexión dominical de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" (14 de agosto de 2005)


Evangelio de San Mateo 15, 21-28


En el día del niño, una bendición especial para todos los chicos, para los que están con ellos y para los que están solos. Que nos acordemos siempre de ellos y no solamente cuando llega este día. Cuidemos a los niños para que crezcan bien, démosles cosas buenas, hagámosles regalos: amor, valores, cariño, respeto, buen ejemplo, todas esas cosas. Los regalos materiales, a veces, cuestan, uno los da y ya está. En cambio, los valores son los que deben permanecer siempre.

15 de Agosto; fiestas patronales en nuestra diócesis. “Con María naveguemos mar adentro” y que Nuestra Señora de la Asunción alcance para los sacerdotes, religiosas, laicos, consagrados y familias de Avellaneda Lanús ¡tantas bendiciones!, y que aprendamos de esta mujer el coraje de vivir en la fe y la entrega al Señor y al Evangelio.

¡Que la Fiesta de la Virgen los colme de la presencia de Dios, les dé mucha alegría interior!


Evangelio de hoy:

Podemos tratar muchos aspectos pero no podemos hablar de todos. Lo importante es que Cristo no está despreciando a ésta mujer cananea, que no pertenecía al Pueblo de Israel. Simplemente está poniendo a prueba su fe y su convicción.

Vamos a hacer dos afirmaciones:

Primero: Cristo, el Hijo de Dios que nace en el Pueblo de Israel, que es judío, viene para todos. Dios envía a su Hijo para salvar a todos, para redimir a todos. Ya que Él vivió, entregó su vida, dio su doctrina y murió por todos. Y cuando uno dice TODOS, son TODOS.

En segundo lugar: Cristo reclama, exige del que lo escucha, una fe o una confianza. Si hay fe y confianza, Él obra. Si no lo hay, Jesús no obra. ¿Por qué? Porque no es una cosa mágica. Porque en último término el Señor respeta la decisión del otro.

Si el otro no quiere confiar, no confía, se la pierde.

Si el otro no quiere poner un acto de fe, se lo pierde.

Jesús no lo va a hacer por esa persona. Porque hacer así sería quitarle la libertad. Es decir, Cristo respeta, siendo Dios, la libertad del interlocutor.

Pero esta mujer nos enseña algo muy importante. Primero Jesús la trata “secamente” dice “esto es para los hijos dispersos de Israel, no es para ustedes”, y ella, lejos de ofenderse, lejos del orgullo, sigue insistiendo. Ante el ejemplo que pone Jesús, ella  se lo refuta, se lo contesta. ¡Qué enseñanza!

Nosotros, de Dios, no le podemos exigir nada. Le podemos pedir todo, pero todo lo que Él quiera dar, lo da en su libre y gratuita bondad y misericordia. Haga frío o calor, nos guste o no, estemos de acuerdo o no, no le podemos exigir nada porque nos da todo. Nos da todo y por eso no podemos enojarnos con Él.

Muchas veces, en esta sociedad que vivimos, nos enojamos por cualquier cosa. Somos impacientes por cualquier cosa. Alguien nos pisa en el colectivo y”saltamos como leche hervida”, nos enojamos porque estamos exacerbados. A veces puede pasar esto mismo en nuestro trato con el Señor.

Entonces ¿cuál tiene que ser nuestra actitud? ¡La humildad!

¡Hay que ser humildes!

“Señor, si quieres…”

“Señor, por favor….”

“Te pido esto, mi hijita está enferma….”

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya…”

“Yo te pido esto, pero no te exijo…”

Se lo pedimos con humildad. Si uno aprende este camino, entra en un trato con Dios de otra manera. A veces creemos que, porque gritamos más o porque nos enojamos más, vamos a conseguir más cosas. Todo lo contrario, diría yo. Humildad, verdad y confianza. Aprendamos de la mujer cananea.


Les dejo mi bendición.
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.