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COMPARTIENDO EL EVANGELIO
Reflexión dominical de
monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial
"Compartiendo el Evangelio" (25 de setiembre de 2005)
Evangelio de San Mateo 21,
28-32
Recordatorio:
Hoy es el Día
Bíblico Nacional, recordamos que siempre la Palabra de Dios, nos ilumina, nos
alimenta, nos reúne y nos da vida. Que el Señor bendiga a todos aquellos que
tratan más de cerca, con cariño y respeto, la Palabra de Dios.
Evangelio:
¡Qué simple,
concreto y claro, es el Evangelio de hoy!
En primer lugar,
viene el padre que manda, el envío. Los envía a trabajar y “nos” envía a
trabajar. El primer hijo le dice que no. Después piensa, reflexiona y va. No
importa si cuesta lo que se nos pide. No importa que uno vacile en un momento o
que tenga un sentimiento contradictorio. Después reflexiona, piensa reza, se
corrige y concluye cumpliendo la voluntad del Padre.
Ese cumplió, el
otro no. Dijo si, si, si, pero después ¡nada! Fue una respuesta labial, que no
estaba conectada con su vida, ni con el corazón. Fue una respuesta superficial,
directamente vacía.
Lo que tenemos
que pensar es que tenemos que obedecer. Tenemos que tener una vida unitiva. Es
decir una vida que signifique sentimiento, voluntad, inteligencia y obra. Acá
está el principio fundamental. No basta decir ¡Señor, Señor! Sino hacer la
voluntad del Padre. Cumplirla.
La obra es
expresión del pensamiento.
La obra es
expresión de lo que uno es. Es el fruto.
¡Y necesitamos
dar frutos! ¡Todos tenemos que dar frutos! Si no los damos es porque no estamos
convencidos. Y porque no estamos convencidos no hacemos obras. Y porque no
estamos convencidos no damos frutos. En todo caso, damos frutos secos, amargos,
fríos. Es importante darnos cuenta de esto.
En segundo
lugar, y lo decía el Papa Benedicto XVI, el ser convence y el obrar convence
solamente si es fruto y expresión del ser. El obrar tiene que estar unido al
convencimiento. Cuando uno está convencido, obra. Si uno no obra, es porque no
está convencido. No hay más vueltas.
Decía muy bien
el Papa Pablo VI, el hombre contemporáneo escucha más a gusto a aquel que da
testimonio que a los que enseñan. Y si escuchan más a los que enseñan, es
porque estos dan testimonio. “Obras son amores” decía Santa Teresa, nuestra co-patrona.
¿Queremos,
amamos? Entonces ¡hacemos!
Un padre quiere
a su hijo, ¡lo cuida!
Una madre quiere
a su hija, ¡la cuida!
Un hijo quiere a
su padre, ¡lo cuida! Busca la forma para poder expresar el amor. Si no lo
expresa, uno puede decir “es porque no hay amor”. Punto, no nos mintamos más.
Digamos las cosas como son y llamémoslas por su nombre.
A veces
nosotros, los cristianos, los católicos, creemos que tenemos más derechos y el
Señor nos hace una afirmación: “los publicanos y las prostitutas llegan antes
que ustedes al Reino de Dios”. ¿Por qué? No es que esté alabando a los
publicanos o el comportamiento de las prostitutas, sino que esta gente –como se
da cuenta que ha pecado– tiene el corazón más fresco al arrepentimiento y
también a creer.
En ocasiones,
los que se siente justos no se arrepienten, y llegan a hacer el famoso
“cumplimiento”: cumplen y mienten. En cambio el que se enlodó, se enchastró,
pecó, porque lleva a la conversión y al arrepentimiento, ese sí es capaz de
poner el corazón con todo, y responderle a Dios. Aunque primero le dijo que no,
después le dice, arrepentido y con fe, que SI. Dios quiera que siempre podamos
decir SI al Señor, aunque nos cueste.
Les dejo mi
bendición y hasta la próxima semana.
Mons. Rubén Oscar Frassia,
obispo de Avellaneda-Lanús
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