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HAY QUE MIRAR EL LENGUAJE DEL PESEBRE


Reflexión dominical de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" (25 de diciembre de 2005)
Natividad del Señor


Evangelio de San Lucas 2, 1-
14


Queridos hermanos:

¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!

Un Niño se nos ha dado.

Ha nacido nuestro Redentor, Jesús, el Emmanuel, Dios que nos salva, Dios con nosotros.

Fijémonos qué contradicción: César Augusto, emperador, ordena por decreto que todos los ciudadanos tienen que anotarse, para el censo, en su lugar natal. San José y la Virgen le obedecen. César Augusto es el fuerte y ellos los débiles, los pequeños, y se van. María estaba embarazada, se van a Belén. Ella va a dar a luz a Jesús. Allí no tienen lugar, en ninguna casa. Y se van a un establo, a un pesebre, donde hay olor a pasto, olor a animales. Y allí nace Jesús.

¡Qué contradicción! Los poderosos de este mundo y este niño pequeño que nos trae la salvación. Sin embargo han pasado tantos siglos que todavía no entendemos el mensaje, que todavía queremos tener poder, dinero, honores. Queremos ser importantes y no entendemos el mensaje de Jesús. Hay que mirar más el lenguaje del pesebre.

El pesebre es el lugar de Aquél que nos trae la salvación y que se hizo hombre en todo, menos en el pecado; que nos da su naturaleza divina para que nosotros humanamente podamos alcanzarnos; Dios que se hace hombre para que los hombres podamos llegar a Dios; sin dejar de ser lo que era –el Verbo, Dios– asume lo que no era –hombre- Misterioso intercambio entre lo divino y lo humano, lo de Dios y lo del hombre.

Los ángeles le dicen a la Virgen, y a los pastores, ¡no teman!

¡Ay si escucháramos esta palabra con mayor atención!

¡Dejen de temer!

¡Rómpanse! ¡Rompámonos!

¡Vivamos la vida de la vocación, humana y cristiana, de la santidad!

¡No nos arrastremos como tortugas!

¡Vivamos en plenitud!

¡Tengamos coraje de vivir en la verdad, en la gracia, en la fidelidad, en la perseverancia!

Muchas veces el temor que produce esclavitud, nos hace ser serviles de aquello que nos humilla, nos aplasta y nos enajena. ¡Dejen de temer! Nos dice el ángel, nos dice Dios. ¡Vivamos con esperanza y vivamos en plenitud! Que no tengamos miedo a los sufrimientos o a las cobardías. Que nos demos cuenta que somos llamados a se personas del espíritu y no personas de la esclavitud y de la tierra.

Que Jesús nazca de nuevo en nuestro corazón. En nuestras familias en nuestros hogares, en nuestra Patria y en la  Iglesia.

Les dejo mi bendición y ¡Feliz Navidad para todos!


Mons. Rubén Oscar Frassia,
obispo de Avellaneda-Lanús


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