Queridos hermanos:
¡Feliz
Nochebuena! ¡Feliz Navidad!
Un Niño se nos
ha dado.
Ha nacido
nuestro Redentor, Jesús, el Emmanuel, Dios que nos salva, Dios con nosotros.
Fijémonos qué
contradicción: César Augusto, emperador, ordena por decreto que todos los
ciudadanos tienen que anotarse, para el censo, en su lugar natal. San José y la
Virgen le obedecen. César Augusto es el fuerte y ellos los débiles, los
pequeños, y se van. María estaba embarazada, se van a Belén. Ella va a dar a luz
a Jesús. Allí no tienen lugar, en ninguna casa. Y se van a un establo, a un
pesebre, donde hay olor a pasto, olor a animales. Y allí nace Jesús.
¡Qué
contradicción! Los poderosos de este mundo y este niño pequeño que nos trae la
salvación. Sin embargo han pasado tantos siglos que todavía no entendemos el
mensaje, que todavía queremos tener poder, dinero, honores. Queremos ser
importantes y no entendemos el mensaje de Jesús. Hay que mirar más el lenguaje
del pesebre.
El pesebre es el
lugar de Aquél que nos trae la salvación y que se hizo hombre en todo, menos en
el pecado; que nos da su naturaleza divina para que nosotros humanamente podamos
alcanzarnos; Dios que se hace hombre para que los hombres podamos llegar a Dios;
sin dejar de ser lo que era –el Verbo, Dios– asume lo que no era –hombre-
Misterioso intercambio entre lo divino y lo humano, lo de Dios y lo del hombre.
Los ángeles le
dicen a la Virgen, y a los pastores, ¡no teman!
¡Ay si
escucháramos esta palabra con mayor atención!
¡Dejen de temer!
¡Rómpanse!
¡Rompámonos!
¡Vivamos la vida
de la vocación, humana y cristiana, de la santidad!
¡No nos
arrastremos como tortugas!
¡Vivamos en
plenitud!
¡Tengamos coraje
de vivir en la verdad, en la gracia, en la fidelidad, en la perseverancia!
Muchas veces el
temor que produce esclavitud, nos hace ser serviles de aquello que nos humilla,
nos aplasta y nos enajena. ¡Dejen de temer! Nos dice el ángel, nos dice Dios.
¡Vivamos con esperanza y vivamos en plenitud! Que no tengamos miedo a los
sufrimientos o a las cobardías. Que nos demos cuenta que somos llamados a se
personas del espíritu y no personas de la esclavitud y de la tierra.
Que Jesús nazca
de nuevo en nuestro corazón. En nuestras familias en nuestros hogares, en
nuestra Patria y en la Iglesia.
Les dejo mi
bendición y ¡Feliz Navidad para todos!