|
“HAGAN USTEDES LO MISMO…
CREANDO ESPACIOS DE AMOR”
Homilía de monseñor Eduardo Horacio García, obispo auxiliar de Buenos
Aires, en la Misa Arquidiocesana de Niños, que se realizó en el
estadio del club Vélez Sársfield el 15 de octubre de 2005
“Hagan Ustedes lo
mismo” es el pedido de Jesús a sus amigos mientras les lavaba los
pies, poco antes de entregar su vida, de dar toda la Vida. Hacer lo
mismo que ÉL. En un gesto resumió todo lo que hizo durante esos años,
pasar haciendo el bien”, y lo que haría en forma definitiva en la
cruz, amar hasta el extremo. Amar como un ponerse de rodillas,
inclinarse, agacharse más abajo que el “otro”, para servirlo sin
condiciones. Jesús se hace respuesta gratuita a la necesidad, lava lo
pies a los que ama; se salpica con el barro que se forma con la tierra
del otro y con su agua nueva; los acaricia con amor, procurándoles un
espacio de descanso para cuerpo y el corazón, en fin, se entrega todo,
entregando “todo” en el gesto.
"Hacer lo mismo" no
es, simplemente, repetir o copiar. “Hacer lo mismo" es "hacer lo que
Jesús hizo". ¿Y qué hizo Jesús? Jesús creó espacios de amor. "Hacer lo
mismo" es recrear desde sus sentimientos la vida. "Hacer lo mismo" que
hizo Jesús es ganarle al mal amando a Dios con todo el corazón y los
demás con alma y vida. "Hacer lo mismo" que hizo Jesús es ganarle al
odio y a la bronca desde el perdón y la comprensión que crean la
unidad. "Hacer lo mismo" que hizo Jesús es ganarle al sufrimiento
ayudando, mimando y consolando. "Hacer lo mismo" que hizo Jesús es
ganarle a la violencia poniendo gestos de inédito paz de y ternura
donde pareciera que no hay lugar . "Hacer lo mismo" que hizo Jesús es
ganarle a la intolerancia con la paciencia, la comprensión y la
confianza que nos animan a seguir.
“Hagan Ustedes lo
mismo” es llamarnos, nada más y nada menos que, a ser “Él Mismo” y
para que no sea un sueño loco sino la locura de una realidad nueva
abre su corazón y nos ofrece el Espíritu Santo para nos asegure en la
promesa afirmada con sus labios: “Ustedes harán cosas mayores”.
“Hagan Ustedes lo
mismo” es pedirnos que lo dejemos ser en nosotros. Por y para eso se
parte y se reparte en cada Eucaristía creando el “espacio primero y
necesario para todo amor que es nuestro propio corazón”
Inclinarse,
salpicarse, servir, dar la vida, no encierra un pedido exagerado e
innecesario de Jesús, sino que nos invita a vivir con Su Espíritu, a
vivir en Su Espíritu. El supuesto pedido, encierra el premio, ser uno
con Él para ser uno con el Padre, y entonces hacer cosas mayores,
milagros, eso mismo, hacer milagros con el don de la vida recibida.
Queremos y
necesitamos los milagros del amor y la responsabilidad cotidianos para
los : Niños y jóvenes en situación de calle, mendigando, durmiendo
en estaciones de subtes y ferrocarriles, en zaguanes y recovas; en
ocasiones “aspirando” solos o grupalmente… en el cotidiano paisaje
ciudadano.
Niños y
adolescentes cartoneando y hurgando en la basura en búsqueda quizá de
su única comida diaria, aun en horas entradas de la noche.
Niños y jóvenes,
muchas veces bajo la mirada de mayores que los regentean, ocupados en
diversos trabajos formales e informales, vendiendo, haciendo
malabarismos, limpiando vidrios, abriendo puertas de automóviles o
repartiendo estampitas en los subtes…
Así nos decía el
Cardenal Bergoglio en su mensaje del 1 de Octubre.
Y agregaba: La
búsqueda e implementación de respuestas no emparchadoras no pueden
hacernos olvidar que necesitamos un cambio de corazón y de mentalidad
que nos lleve a valorar y dignificar la vida de estos chicos desde el
seno de su madre hasta que descansen en el seno del Padre Dios, y a
obrar cada día en consecuencia.
Debemos
adentrarnos en el Corazón de Dios y comenzar a escuchar la voz de los
más débiles, estos niños y adolescentes… Tanto esas voces como la
palabra del Señor deberían conmovernos en nuestro compromiso y en
nuestra acción:
-
Nunca la
niñez abandonada en nuestra ciudad;
-
nunca la
adolescencia y la juventud marginada en nuestra ciudad;
-
ningún
cristiano, ninguna parroquia, ninguna autoridad indolente o
indiferente frente al vía crucis de nuestras familias y de nuestros
niños;
-
ningún egoísmo
o interés personal o sectorial menguando el esfuerzo y el compromiso
que dilate la necesaria unidad y coordinación para el esfuerzo
impostergable e inmediato.
Vinimos para
dejarnos alimentar por Jesús, para adorarlo y que sus sentimientos se
queden muy suavemente en nuestro corazón y podamos con su ayuda hacer
lo mismo que Él en nuestra casa, en el colegio, en el barrio, en
nuestra patria; para que llenos de su vida construyamos un mundo más
bueno, construyamos su reino de amor.
Mons.
Eduardo Horacio García,
obispo auxiliar de Buenos Aires |