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HOY LA PATRIA REQUIERE ALGO INÉDITO


Mensaje del arzobispo de Resistencia, Mons.Carmelo Juan Giaquinta, para la acción de gracias por la Fiesta de la Independencia Nacional, celebrada en la Catedral, el 9 de julio de 2001


I. Celebración Patria


Recordar, agradecer, examinar, proyectar

1. En esta fiesta de la Patria, a los 185 años de la Declaración de la Independencia, nos reunimos en un momento de oración para: recordar los orígenes de nuestra Nación; dar gracias a Dios por todos los beneficios dispensados a lo largo de la historia; examinarnos de eventuales desvíos en la vida de la República y reconocerlos con sinceridad; abrazar el futuro con renovada fe, espíritu de sacrificio y constancia. Estos cuatro pasos están íntimamente relacionados, y son propios de toda celebración cristiana.



II. Crisis epocal de la Argentina


2.
«Hoy la Patria requiere algo inédito". Así se intitula la reciente exhortación del Episcopado. Varios son los pasajes que muestran que lo inédito requerido está en relación, en primer lugar, con lo inédito de la situación que vivimos1.


3.
Lo primero que resalta la exhortación episcopal es la crisis "epocal" en que se debate la Nación. Si bien no emplea esta palabra, no se trata sólo de una crisis coyuntural, pasajera, como tantas que hemos conocido. La Nación ha llegado al final de una época de su historia. Es preciso reconocer con clarividencia este momento, sus peligros y nuevas posibilidades. Y resolvernos a dar el salto hacia el futuro y reemprender la marcha. Que no nos engañe el estilo de este final. No es instantáneo como el de muchas cosas. Es agónico, como el de un ser viviente que sufre por abandonar la vida vieja y teme abrazar la nueva.


4.
Este final coincide con un contexto mundial de cambios muy profundos. Pero la crisis que lo provoca viene desde muy lejos, quizá desde setenta y más años, y ha tenido un ritmo y proceso propio, que ha ido a destiempo del resto del mundo. Mientras éste, y especialmente Europa a la que estamos tan vinculados, enfrentaba sus contradicciones y procuraba resolverlas, los argentinos seguíamos adelante sin detenernos a reconocer y resolver las nuestras. Es una crisis dramática, en la que está en juego nuestra identidad como Nación. Algunos muy ligados a nosotros nos observan con cierta angustia y se preguntan: "La Argentina, ¿fue o es?" 2. Advierten, quizá con más claridad que nosotros, que esta crisis es fruto de un cúmulo de conductas ciudadanas desacertadas y de decisiones políticas cortoplacistas, cuya proyección negativa en el tiempo nos hemos resistido a entender.


5.
Se ha agotado un estilo de ser argentino y de organizar la vida de la Nación. Es el momento de hacer la zaranda. De las cualidades, para valorarlas y legarlas al futuro. Y de los defectos, para reconocerlos y extirparlos.

Reconocer nuestros defectos nos resulta muy doloroso a los argentinos. No estamos acostumbrados. Pero es indispensable que lo hagamos, porque han sido como un cáncer que nos ha debilitado al extremo. El "vivo", un tipo de argentino despreciado incluso por nosotros, no tiene más chance.


6.
Para disimular nuestra incapacidad de organizar una vida política auténticamente democrática, los argentinos acudíamos periódicamente al golpe militar. Así fue desde 1930 hasta 1983. Creíamos que los militares, como por arte de magia, serían capaces de hacer lo que no habíamos logrado todos los demás. Para ventura nuestra, ese recurso se ha desvanecido definitivamente. Estamos por fin solos ante nosotros mismos con nuestros problemas. Y éstos esperan ser resueltos por nosotros con las capacidades que Dios nos da.

En vano pretenderemos en adelante eludir nuestras responsabilidades echando la culpa a los demás. Otros pueblos se han encontrado en situación infinitamente peor que nosotros y salieron adelante. Y ello porque no tuvieron miedo a enfrentarse con su propia realidad. Y para solucionarla echaron mano a lo poco que les quedaba intacto: la voluntad de ser nación y de sacrificarse hasta el heroísmo por reconstruirla.


7.
Nosotros, simples ciudadanos y dirigentes, hemos de jugar hoy toda nuestra responsabilidad para forjar en la Argentina una psicología ciudadana nueva, y asumir nuestro papel en la génesis de los problemas que sufrimos y en la búsqueda y realización de las soluciones que necesitamos.

Éstas son posibles. Hay un medio para ello, pero uno solo: recorrer a la inversa el camino que nos llevó al fracaso. Es decir, adoptar una conducta ciudadana responsable y producir un cúmulo de decisiones políticas fundamentales acertadas.

Todo esto es inédito en la Argentina. Pero no es una tarea sobrehumana. Podemos hacerla. Para tener las fuerzas espirituales necesarias, hoy nos reunimos a orar al Altísimo.



III. Signos de esperanza


8.
A pesar de lo doloroso de la situación, hay signos esperanzadores de una nueva alborada para la Nación. En tal sentido, hay una serie·de hechos positivos a los que alude el mensaje episcopal 3.


9.
A lo dicho por los Obispos, hemos de agregar recientes iniciativas relativas a la reforma del Estado y de la Política, a nivel nacional, provincial y municipal, que se van multiplicando. Denotan que no se ha extinguido el espíritu solidario necesario para la reconstrucción de la Nación, ni falta el sentido de la equidad para reedificarla sobre un elemental sentido de igualdad y de fraternidad.



IV. Conversión sincera del cuerpo social argentino


Entender la raíz ética de lo político y económico4

10. La primera palabra de Cristo fue el llamado a la conversión. También fue la de los Apóstoles. Y ésa es la de los Obispos en el último mensaje. Y hoy la repito a Resistencia y a todo el Chaco: "Es necesario que todos nos convirtamos". Es decir, debemos realizar un cambio profundo de mentalidad - ("meta-noein" dice el texto bíblico original) - en la manera de enfocar los problemas argentinos.

Porque somos conscientes que los llamados genéricos a la conversión pueden perderse como el agua en la arena, los Obispos apuntamos a diversos niveles de la realidad donde debe concretarse la conversión: desde el más hondo de la formación de la conciencia ciudadana, hasta el más exterior del uso de los medios de comunicación.

Pero lo más importante es que la conversión sea en serio, inédita como la crisis a superar, inteligente, sincera, magnánima, dispuesta a grandes sacrificios.

Crear trabajo real para enfrentar la pobreza5


11.
Por largos decenios nos hemos empecinado en creer que nuestros problemas eran primeramente de orden económico- financiero, que se solucionarían inyectando más y más dinero en el mercado, venga de donde viniere. Hemos olvidado la importancia decisiva que el capital humano y el trabajo productivo tienen en la solución de los problemas económicos y sociales. De allí, la ilusión que nuestros problemas podrían ser resueltos por simples decisiones voluntaristas (emisión de dinero, préstamos internacionales), sin atinar a reconocer la raíz ética de todo problema social, sea económico o político. De allí, también, el desconcierto de muchos dirigentes que pensaron que bastaría con aplicar fórmulas que funcionan en otras partes, y ven que aquí fracasan sin explicarse por qué.


12.
Fruto de estos desaciertos es el grado alarmante de pobreza, que desborda lo económico, y ya hiere la calidad del ser humano. Por lo mismo, la conversión debe llevarnos a revisar la manera de enfocar la lucha contra la pobreza.

Desde tiempo inmemorial existen en la Argentina planes asistenciales. Recuerdo que cuando chico, en 1936 y 37, en las Comisarías de la periferia de Buenos Aires se repartía pan, yerba y azúcar. Desde entonces, el asistencialismo del Estado ha crecido paulatinamente hasta alcanzar hoy dimensiones colosales. Casi el 50% de la población chaqueña es asistida por el Estado. Si bien con ella se logra que la gente por ahora no sufra el hambre, contribuye a generar un tipo humano degradado, incapaz de asumir la responsabilidad de su desarrollo integral, fácil víctima de cualquier extremismo, y económicamente muy costoso.

Pero el mismo pobre, todavía orgulloso de su dignidad, clama para que se orienten buena parte de los fondos sociales a incentivar el trabajo productivo de las economías locales y regionales. Más apoyo financiero a las pequeñas y medianas empresas redundará en menos necesidad de cajas y bolsas de asistencia, muchas veces botín del clientelismo político que degrada a quienes su someten a él.

La misma Iglesia deberá revisar su accionar caritativo, no abandonando la necesaria asistencia al caído, pero apuntando siempre a la dignificación del pobre para que éste asuma lo más posible el protagonismo de su existencia.


Descubrir la Democracia como exigencia de ética social6

13. Por lo general, los argentinos nos manejamos con una noción muy pobre de democracia: como si ésta fuese simplemente el hacer lo que a cada uno se le ocurre. No entendemos que democracia es la participación activa de todos los miembros de la sociedad en la consecución del bien común; lo cual exige, a su vez, un alto compromiso ético en el comportamiento social. Cuanto más libres queremos vivir los ciudadanos, tanto más responsables hemos de ser de la convivencia civil.


Revalorizar la Política como arte de la convivencia humana7

14. Una noción muy alta de la política es la que utiliza el documento episcopal: "necesaria mediación al servicio del bien común"; "uno de los más nobles servicios al hombre y a la sociedad"; "principal instrumento de gestión del bien común". Lamentablemente, no es la que comúnmente utilizamos los argentinos. Y es penoso que no hayamos aprovechado la calamidad de la dictadura para purificarnos de la comprensión y vivencia mezquina que habíamos tenido de la política y de la democracia, como en cambio hicieron otros pueblos. Por ello, restaurada ésta, volvimos a las antiguas lacras: la partidocracia, el clientelismo político, el Estado mágico que todo lo puede y de quien se puede abusar sin que le pase nada, el desprecio a la ley, las leyes de privilegio, los derechos adquiridos al margen de los derechos elementales de los demás, la violencia como forma de exigir los propios derechos, la corrupción instalada como sistema de vida.


15.
Dado el escaso valor que la política goza en la apreciación general, una de las responsabilidades más graves que tenemos los argentinos consiste en revalorizarla, tanto en el plano teórico como práctico. Esto incluye la formación de la conciencia del ciudadano; es decir, su sentido de pertenencia activa a la sociedad, en primer lugar mediante el cumplimiento fiel de sus deberes.

En este punto, los cristianos debemos hacer un giro copernicano. En vano pretenderemos ser peregrinos del cielo si viviésemos en la ciudad terrena como fugitivos, a espaldas del bien común y despreciando la ley. Hemos de admitir con humildad que porque nosotros - que constituimos la mayoría de la población - no hemos vivido a conciencia nuestra ciudadanía terrena, cumpliendo nuestros deberes para con la sociedad, la Argentina está hoy gravemente postrada. Por lo mismo, su resurgimiento está en gran parte condicionado al surgimiento de una conciencia ciudadana cristiana madura.


Transformar los partidos políticos8

16. Los partidos políticos son instrumentos indispensables de la democracia y de la vida política moderna. Sin embargo, una serie de hechos recientes, como los cortes de ruta y también otras manifestaciones de vandalismo contra bienes públicos y privados, que se van multiplicando, indican que los mismos, como también los sindicatos, han perdido parte de su capacidad de representación, no encauzan las diferentes corrientes de opinión y con frecuencia son desbordados por las circunstancias.

El deterioro de los partidos viene desde muy lejos. Esto no significa que el sistema de partidos políticos sea desechable. Sin ellos la democracia carecería de los pulmones para respirar. Hoy son más necesarios que nunca. Pero éstos se deben renovar profundamente revitalizando la finalidad para la que fueron ideados: "ser escuela de civismo para sus adherentes e instrumento de selección de los mejores y los más aptos para la consecución de los cargos públicos".

Esta renovación ha de hacerse en forma urgente y profunda. La preparación de las próximas elecciones es una ocasión propicia para comenzar esta renovación. En ellas lo que más importa no es la fuerza política que vencerá, sino que nazca un modo nuevo de hacer política: el diálogo político entre los diversos sectores de la ciudadanía para acordar grandes políticas en orden a la consecución del bien común, y el abandono definitivo de formas partidocráticas, que han fomentado el espíritu de facción por sobre el de ciudadanía, y el privilegio de grupos y sectores por sobre la equidad social.


Mejorar la educación9

17. Los gobernantes y dirigentes sociales podrán hacer poco en la transformación del país si no contasen con el medio básico adecuado para educar al soberano: la escuela. No es el momento de analizar la educación argentina. Pero es un hecho que ésta no prepara para vivir en la sociedad con espíritu solidario y democrático. La educación también está en una profunda crisis. Y ésta no es sólo de orden económico, sino sobre todo espiritual. Fue la escuela la que, en gran medida, construyó al país. Es también la escuela renovada uno de los instrumentos imprescindibles para reconstruirlo.


Poner la cultura comunicacional al servicio del país10

18. Tampoco éste es el momento de pasar revista a los medios de comunicación: Sin embargo, no podemos dejar de subrayar que éstos juegan un papel preponderante en la plasmación de las actitudes del pueblo y, por tanto, también en su conducta en esta crisis epocal. Pero ¿cómo escapar a la fuerza del monopolio informativo que en gran medida impera en la República, y lograr que la opinión pública esté bien informada y sea de veras libre?

En circunstancias anteriores muy graves, como la guerra del Atlántico Sur, algunos medios, especialmente de la TV, cedieron a la tentación de presentar la realidad según los esquemas de sus programas más banales. Y así trataron el drama de la guerra como un espectáculo para el "divertimento" colectivo. Hoy se corre el peligro de que suceda algo semejante. Por ejemplo, en el trato que desde hace tiempo algunos medios dispensan a la figura del Presidente de la Nación, y la sugerencia constante de su renuncia. Esta es una actitud gravemente irresponsable. Pues en vez de ayudar a la opinión pública a comprender la situación y a solucionarla mediante el compromiso de todos los ciudadanos en consolidar las instituciones de la República, impulsa a recurrir a la vieja receta mágica: que otro venga a traernos la solución. Lo cual ha hecho tanto daño a la Argentina y prolongaría peligrosamente la agonía argentina.


Conclusión

19. La exhortación episcopal concluye con un mensaje a todos, dirigentes y simples ciudadanos, para que cada uno asuma su propia responsabilidad. "Dado que la crisis afecta a los vínculos sociales, se hace necesario que, con imaginación y creatividad, todos participemos en recomponerlos, sea en la familia, que es el fundamento de la sociedad, el barrio, el municipio, el trabajo o la profesión. Hoy la Patria requiere algo inédito. Dondequiera que estemos podemos hacer algo para generar mayor comunión. Nosotros mismos, como ministros de reconciliación, unidad y comunión, nos comprometemos a intensificar nuestro trabajo en la reconstitución de esos vínculos" (o.c. nº 12) .


20.
Hemos de tener presente, sin embargo, el dicho bíblico: "Al que se le dio mucho; se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más" (Lc 12,48).

Por ello, concluyendo, quiero insistir en la especial responsabilidad que, en esta hora, nos cabe a los dirigentes de todos los órdenes: político, empresarial, cultural, sindical, militar, religioso, etc.

En el mensaje episcopal de noviembre del año pasado, del que es continuación el de mayo, decimos: "Humildemente y reconociendo nuestras propias limitaciones, queremos convocar a la magnanimidad a toda la dirigencia argentina. Es magnánimo aquel que está dispuesto a sacrificios y esfuerzos en pos de grandes causas. Creemos que esto es lo que nuestro pueblo está necesitando: que no se antepongan intereses personales o sectoriales y se piense en el bien del país, y sobre todo, en esos rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios." (o.c. nº 11)

"La crisis es un desafío y es una oportunidad de cambio y de nuevo comienzo. Por ello, con un corazón esperanzado, preguntamos a la dirigencia argentina y nos preguntamos a nosotros mismos: ¿no habrá llegado el momento de los grandes gestos que fortalezcan nuestra identidad como Nación, para lograr un crecimiento sostenido y solidario, donde se privilegie a los más necesitados?" (o.c. nº 12).

¡Amigos! No nos quepa la menor duda. Llegó el momento de los grandes gestos, brotados de una conversión sincera, capaces de darle sentido a las responsabilidades que como dirigentes hemos asumido en nuestra sociedad, y así entusiasmar a todos los argentinos para ponernos juntos a reconstruir nuestra querida Patria.


Notas

(1)   "Queremos reiterar nuestro llamado del mes de noviembre pasado... Entonces dijimos que cada uno de los habitantes del país estaba llamado a ponerse a la altura de las circunstancias, para salir de esta crisis tan profunda que trasciende lo económico y envuelve el orden político y hasta el mismo estilo de vida de la Nación" (nº 1);

"Nos duele comprobar que el nuevo siglo encuentra al país en una situación tan delicada que no le deja vislumbrar el rumbo y la orientación de su historia" (nº 3);

"Por su extensión en el tiempo y por su intensidad, la crisis de la escala de valores que padece la dirigencia y su resonancia en las instituciones hace peligrar la identidad e integridad de la Nación" (nº 6);

"¿Quién piensa el futuro de la Argentina? ¿Cuál el proyecto de País que oriente nuestra acción? ¡Qué hacer para generar esperanza?" (Nº 8).

(2)   cf. Julio María Sanguinetti, ex presidente del Uruguay, La Nación, 22-06-O1.

(3)   "Son muchos los ciudadanos que ante la crisis vencen el desánimo, no bajan los brazos e intentan convertir sus·vidas en signos de esperanza. Es más, en la conciencia colectiva de los argentinos se advierte un fuerte deseo de privilegiar la ética y la idoneidad, y de alentar a los honestos. También son muchos los que ya están trabajando de modo perseverante por el bien común, generando una corriente de solidaridad que enfrenta la inequidad social. Estos esfuerzos solidarios van tejiendo redes de contención que humanizan las consecuencias negativas del proceso de globalización. Agradecemos la labor desinteresada y silenciosa de tantas personas, organizaciones, y de Caritas, y les pedimos que continúen convocando a otros muchos a extender esas redes solidarias" (nº 10-11).

(4)   "Es necesario que todos nos convirtamos, especialmente los dirigentes, evitando el creciente divorcio con el pueblo y dejando de lado, para siempre, la búsqueda de privilegios personales o sectoriales" (o.c. 8).

(5)   "Los problemas económicos son graves y realmente nos deben preocupar.... Pero más que los indicadores económicos, lo que nos hace percibir la gravedad del problema es la persistencia y extensión de la pobreza del pueblo y el desconcierto de los dirigentes" (o.c. 7).

(6)   "La democracia restablecida hace más de 17 años, olvidó su misión de recrear la sociedad argentina que había sido enfrentada y herida por desencuentros y luchas fratricidas... ¡Cuántos interrogantes sin respuestas! ¡Cuántas ilusiones frustradas!" (nº 3);

"Hace ya 10 años, reunidos en Catamarca, analizábamos los desafíos que enfrentaba la nueva evangelización, lamentando que no se hubiera logrado conciliar la convivencia en libertad con la concreción de una sociedad más justa. Veíamos cómo, progresivamente, se iba perdiendo no sólo lo que tenemos, sino también lo que somos. Ya entonces era visible la corrupción generalizada que nos estaba destruyendo como personas y como sociedad; la falta de independencia y majestad de la justicia, la inoperancia de las leyes; la pobreza y la marginalidad crecientes" (nº 2);

"La sociedad reclama un orden justo que logre desligar a la República de las imposiciones de los grupos de poder, internos y externos al país, y que impida el avasallamiento de la dignidad propia de todo ser humano" (o.c. 7);

"Sólo asumiendo una vida de auténtica justicia y de verdadera libertad, en la que el hombre sea el principio, el sujeto, y el fin de todas las instituciones, encontraremos los caminos que nos lleven a construir una sociedad más justa y equitativa, recreando los vínculos sociales tan deteriorados ahora, en medio de un clima` de violenta inseguridad y temor" (nº 9).

(7)   "Estos años debieron ser el momento de la política que, como necesaria mediación al servicio del bien común; propusiera a todo el pueblo y ejecutara esperanzas razonables" (nº 3);

"La acción política, uno de los más nobles servicios al hombre y a la sociedad" (nº 4);

"Es necesario recrear la política como principal instrumento de gestión del bien común, de modo tal que sea ella la que dirija y encauce también a la economía en el marco de las instituciones republicanas vigentes" (nº 8).

(8)   "Los partidos políticos se están desdibujando. No se percibe en ellos una adecuada y clara escala de valores que los rijan. Han dejado de ser escuela de civismo para sus adherentes e instrumento de selección de los mejores y los más aptos para la consecución de los cargos públicos (nº 5).

(9)   "Crisis que también fluye hacia el resto de la sociedad, a lo cual colabora el empobrecimiento de la educación" (nº 6);

"Es necesario rehacer nuestra cultura, recuperando los valores que nos dieron existencia. Esto supone desarrollar una educación que sea promotora de la persona humana y discierna claramente los desvalores con los cuales vivimos cotidianamente" (nº 9).

(10) "Crisis que también fluye hacia el resto de la sociedad, a lo cual colabora... la poderosa invasión de la cultura comunicacional. Ésta, más allá de determinados servicios en la tarea informativa, se ha transformado en una propuesta frívola, transmitiendo la caricatura del hombre y no su dignidad, o la grandeza de su vocación, la belleza del amor, el sentido del sacrificio y la alegría de sus logros" (nº 6).

Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2328, del 1 de agosto de 2001


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