EL CHACO
QUE QUEREMOS (3)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo
de Resistencia,
24
de agosto de 2003
I. LA
POLÍTICA, O LA VIDA HUMANA EN LA CIUDAD
1. “Todo es política”, dice muchas veces la gente con bronca,
queriendo significar que todo lo referente a la vida pública está lleno de
chanchullos. Sin embargo, significa todo lo contrario. Proviene de la
palabra griega “polis”,
que significa “ciudad”. La “política” es, por lo mismo, la vida en la
ciudad, entendida en su sentido más hondo: la relación permanente con los
semejantes buscando el bien común en verdad, justicia, solidaridad y paz.
2. Entendida así, la política es la vocación original de todo
hombre. Llamado por su misma naturaleza a vivir con otros, es un ser
esencialmente político. Aristóteles lo definía como “zoón politikón”,
“animal político”. No hay uno que no lo sea. Toda conducta pública de un
individuo es política, porque repercute en la “pólis” o ciudad. Incluso la
vida de un monje en su monasterio es política, pues cumple una misión de
signo para los demás ciudadanos. Esta misma nota, la tercera que escribo
sobre “El Chaco que queremos”, es eminentemente política, pues está
dirigida a iluminar sobre esta dimensión esencial del ser humano.
3. ¿Tiene el argentino, de ordinario, esta comprensión de la
política? ¿Y el chaqueño? Mi impresión al respecto es negativa. Somos, en
general, un pueblo individualista, incivil, rebelde a las leyes, e incapaz
de cuidar lo público como un bien de todos. En los últimos años, sin
embargo, percibo un vuelco, al menos dentro de las comunidades cristianas,
hacia una comprensión más “política” de la vida. Cada vez más el cristiano
es consciente que no puede ser peregrino del cielo si es fugitivo de la
tierra.
II. LA POLÍTICA COMO VOCACIÓN ESPECÍFICA
4. Siendo tan compleja la vida de los hombres en la sociedad, es
natural que algunos sean llamados de manera especial a procurar la armonía
entre todos los miembros, grupos y sectores que la componen. Es lo propio
de la autoridad. Ella tiene una vocación y misión política muy específica.
Lo mismo vale de las instituciones organizadas para elegir, controlar y
destituir a las autoridades. Modernamente, los tres poderes del Estado y
los partidos políticos.
En este
sentido restringido no todos tienen vocación política. Pero los que la
tienen, poseen la más noble de las vocaciones terrenales. La política, en
efecto, como arte de procurar el desarrollo y la armonía entre todos los
que componen la sociedad, favorece el cultivo de las demás vocaciones: la
técnica, la científica, la artística, la filosófica, la poética; incluso,
la vocación religiosa. Pues, donde reina la verdadera política hay paz y
florecen todas las capacidades del hombre.
III. EL FRACASO DE LOS POLÍTICOS ARGENTINOS
5. ¿Es ésta la comprensión de la política que tienen el político y
los partidos argentinos? Si atendemos a las manifestaciones de enero 2002,
con el grito desesperado “que se vayan todos”, es evidente que el pueblo
no lo sentía así. Y si miramos el itinerario errático seguido por la
dirigencia política desde 1930 hasta hoy, que ha llevado al País de tumbo
en tumbo, tampoco se deduce una respuesta positiva. Es difícil encontrar
en Occidente otra nación, con tantas posibilidades, cuya dirigencia
política haya obrado más insensatamente, a contrapelo de la historia y del
bien del pueblo. Antes podía descargar sus responsabilidades en los
militares por sus reiterados golpes. Desde hace veinte años los políticos
y los partidos no tienen más ese chivo expiatorio. El colapso del 20 de
diciembre del 2001 es obra de su exclusiva responsabilidad.
6. ¿Esta impresión negativa se cambió en los dieciocho meses
transcurridos? Algunos, cansados de escuchar pálidas sobre la Argentina,
prefieren desconocer que nuestros problemas hunden sus raíces en decenios
de descomposición política, y cediendo a la tentación de las soluciones
mágicas que nos ha caracterizado, se extasían con el factor “K”, que
estaría solucionando todo. La simple observación de la realidad dice que
falta el ingrediente de otros factores indispensables para el resurgir
argentino. Hay mucho movimiento en varios renglones de la política: las
tratativas con el Fondo Monetario Internacional, la revisión de las leyes
que tienen que ver con el pasado tenebroso del Proceso Militar, el juicio
a miembros de la Suprema Corte, las relaciones entre el presidente y el
vice, etc. Es de desear que tales movimientos vayan en la buena dirección.
Pero no se ve de parte de los hombres y partidos políticos ningún paso
decidido hacia la autocrítica que la “pólis” argentina espera. ¿No fueron
ellos los que prepararon siempre el clima para la intervención de los
militares? ¿Los que los incitaron reiteradas veces a la rebelión? ¿Los que
fomentaron la subversión? ¿Los que les dieron a los militares el primer
aval para una represión desmesurada? ¿Los que aprobaron todos los pasos
que llevaron al presente descalabro económico y jurídico? Deuda externa,
pesificación, devaluación, privatización de las empresas públicas,
reelección presidencial, acrecentamiento del número de miembros de la
Suprema Corte, aprobación de sus nombramientos, etc. Sin olvidar las
acusaciones nunca desmentidas de soborno en el Senado nacional. ¿Todo el
movimiento político de los meses recientes tiene que ver con un cambio
real en la ética política? ¿O se están moviendo algunas piezas para que
todo quede como antes? ¿Por qué no dedicar mayores esfuerzos en poner en
práctica los consensos logrados en las Mesas del Diálogo Argentino, en
especial en la de Reforma Política? Existen ya muchos acuerdos, que
valdría la pena implementar, sobre: 1) mejoras en las formas de
representación política, y en los mecanismos de selección de los
representantes y acceso a las candidaturas; 2) mecanismos de
transparencia; 3) mecanismos de participación y control de la ciudadanía;
4) fortalecimiento del Poder legislativo. No hay que olvidar que fueron
los grandes dirigentes políticos quienes pidieron el Diálogo, y que fue el
ex presidente Duhalde quien lo convocó.
IV. 253º ANIVERSARIO DE SAN FERNANDO DEL RÍO NEGRO
7. El 27 de agosto próximo celebraremos el 253º aniversario de San
Fernando del Río Negro, la primitiva Resistencia, el inicio de la
ciudadanía en el Chaco. ¿Por qué no aprovechar ese día para reflexionar
sobre cuán ciudadanos somos los resistencianos y los chaqueños? ¿Por qué
los políticos de los diversos partidos no lo destinan a meditar sobre el
presente y el futuro de la Provincia? ¿Y en especial sobre el ejercicio de
la política? ¿Y si lo hiciesen juntos, como se sugirió al final del largo
ejercicio de diálogo del año 2000? ¡Qué promesa para el Chaco, y qué
lección para la República!
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
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