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"DIOS LOS CREÓ VARÓN Y MUJER"
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo
de Resistencia,
31
de agosto de 2003
I. La distinción de los sexos y la relación mutua
1.
La distinción de los sexos es una de las experiencias fundamentales que
hace el ser humano todos los días. De la manera más natural. Casi sin
darse cuenta. Se es varón, o se es mujer. Nuestros hijos en casa son nene
o nena. Lo mismo en la escuela. Y también en la catequesis. Y en todas las
demás circunstancias de la vida: en el trabajo, en la universidad, en la
diversión. Y, sobre todo, en el matrimonio, donde el varón se dona
totalmente a la mujer, y la mujer al varón, y ambos forman así una
sociedad singularísima al servicio del amor mutuo y de la vida.
2.
Que se es varón o se es mujer: son afirmaciones que surgen de la evidencia
psicosomática de ambos. Muchísimo antes que se compusiese el libro del
Génesis, todo el mundo sabía lo que un día se escribiría en éste: que
“Dios creó al hombre a su imagen, los creó varón y mujer” (Gen 1,27). La
Biblia, que recoge la sabiduría popular, recogió también tales
experiencias y afirmaciones. Éstas no son, por tanto, afirmaciones
bíblicas o religiosas impuestas a la realidad, sino lo contrario:
verificaciones de la realidad que pasaron a integrar el universo de la
Biblia.
II. La demolición de la
moral heredada
3.
Que el ser varón o el ser mujer acontezca a veces con ciertos desajustes
(psíquicos, fisiológicos, e incluso sociales), ¿invalida ello el valor de
lo masculino y de lo femenino, y la mutua relación entre ambos? ¿La
realidad de los sexos debe ser tratada a partir de los desajustes de la
naturaleza humana? ¿o a partir de su integridad? ¿El hecho que durante
siglos se haya faltado al respeto que merecen los homosexuales y las
lesbianas, justifica que ahora se agreda con tanta saña a la familia?
¿Sobre qué bases debe reconstruirse la Patria derrumbada? ¿Sobre las
mejores expresiones de la naturaleza del hombre? ¿O sobre las modas
impuestas a través de los medios?
4.
Formulo tales preguntas porque no hay prácticamente una semana en que los
medios no informen de alguna iniciativa orientada a demoler los mejores
logros morales de la humanidad e imponer una moral distinta. La última fue
el jueves 21 de agosto, cuando dos mujeres formalizaron su unión civil en
el Registro Civil de Buenos Aires, lo que constituye la primera de estas
características entre lesbianas en la Argentina y en Latinoamérica”.
Y
antes, el 18 de julio, fue la celebración de una unión civil de dos
homosexuales, también la primera en la Argentina y en América Latina.
Y
antes, fue el convenio suscrito entre el Consejo de los Derechos de Niñas,
Niños y Adolescentes con la Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina
(SIGLA), por el cual esta organización, a cambio de una contraprestación
dineraria sufragada por el erario público, colabora en la educación de los
menores.
Y
antes... Es de nunca acabar. ¡Una campaña muy bien orquestada, que no deja
respiro! Y la mayoría de los ciudadanos quedan aturdidos, y sin capacidad
de reaccionar.
5.
El desconcierto alcanza al mundo cristiano. Recientemente escuchamos la
agria disputa habida en la Iglesia episcopaliana de Estados Unidos por la
ordenación de un obispo gay. Y la ruptura práctica con la Iglesia
anglicana, de cuya comunión aquella forma parte.
Por
fortuna, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República
Argentina (ACIERA) publicó un comunicado ejemplar ante la Ley de Unión
Civil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que bien puede ser suscrito
por los católicos.
6.
Y, por fin, el proyecto de Ley, del diputado provincial Daniel A. San
Cristóbal, presidente del Bloque FREPASO, ingresado el 12 de agosto, para
promover en esta Provincia el Reconocimiento y Protección de las Uniones
Civiles de dos personas, con independencia del sexo, orientación sexual e
identidad de género.
Felicito, una vez más, a la Liga de Madres de Familia de Resistencia
porque, sin esperar consignas de la jerarquía, ya emitió su opinión.
III. La doctrina católica
7.
No me propongo analizar el mencionado proyecto de Ley. Prefiero que sean
los fieles laicos quienes lo hagan. Sólo recuerdo algunos fundamentos
bíblicos en los que se basa la doctrina católica al respecto, y también
los principales documentos eclesiásticos recientes en los que ésta se
expresa. Primero, la carta a los Romanos 1,24-27; 1ª a los Corintios
6,9-10; 1ª Timoteo 1,10. Segundo, el Catecismo de la Iglesia Católica, en
los números 2357 al 2359 y en 2396. Tercero, las recientes
“Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las
uniones entre personas homosexuales”, publicado por la Congregación para
la Doctrina de la Fe, el 3l de julio (ver en AICA, n° 2433). De la misma
Congregación romana, los siguientes documentos: a) Declaración sobre la
Persona Humana (29-12-1975); b) Carta sobre la atención pastoral a las
personas homosexuales (1-10-1986); c) Algunas consideraciones
concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no
discriminación de las personas homosexuales (24-07-1992). Igualmente, del
Pontificio Consejo para la Familia: a) Carta a los Presidentes de las
Conferencias Episcopales de Europa sobre la resolución del Parlamento
Europeo en relación a las parejas homosexuales (24 marzo 1994); b)
Familia, matrimonio y “uniones de hecho” (26-07-2000).
8.
Doctrina no nos falta a los cristianos. Pero muchas veces no la conocemos
en profundidad, ni sabemos enunciarla de manera adecuada al hombre de hoy.
Con frecuencia también nos falta convencimiento. Y ello porque no nos
detenemos a contemplar el ser sexuado del hombre, que es el primer
Evangelio en el que Dios nos revela el misterio de éste.
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
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