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EL DESAFÍO DE LA BÚSQUEDA DE DIOS (2)


Mensaje
dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia,
21 de setiembre de
2003



I. LA 25° PEREGRINACIÓN DIOCESANA A ITATÍ:
UNA EXPRESIÓN DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR


1. En 1979 partía hacia Itatí la primera peregrinación juvenil de la Arquidiócesis de Resistencia, presidida por el Obispo José Agustín Marozzi. El lema inspirador fue: “Por una primavera diferente, VAMOS A ITATI” para pedir a María por las VOCACIONES SACERDOTALES Y RELIGIOSAS. Uno de sus principales animadores fue Chino Fernández. Se sumó también un grupo de peregrinos de la Diócesis de Formosa, presididos por su Obispo Dante Sandrelli. E igualmente, peregrinos de algunas parroquias de Corrientes. Posiblemente no se sabía entonces que se estaba dando origen a una de las manifestaciones de fe cristiana más significativas de la Región del NEA. Este año peregrinamos con el lema “Madre de los pobres, danos el Pan de Vida”, muy en sintonía con el próximo Congreso Eucarístico Nacional a celebrarse en Corrientes en 2004.


2. La peregrinación es una expresión de la religiosidad innata del ser humano. En los remotos tiempos de la humanidad, Abrahán peregrinó desde su patria natal hacia la tierra que Dios le mostraría. Israel peregrinó durante cuarenta años hacia la Tierra Prometida. San Lucas cuenta que los padres de Jesús peregrinaban cada año a Jerusalén para la fiesta de Pascua. Los musulmanes peregrinan. E igualmente los hindúes. No es de extrañar que los cristianos también peregrinemos. Ninguna ley lo manda. Es una orden que parte del corazón. Y con la peregrinación representamos el misterio de la existencia, pues creemos que “no tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura” (Hebreos 13,14). Una especie de drama sacro, en el que somos protagonistas y no meros espectadores. Y con él expresamos nuestro convencimiento sobre la provisoriedad de nuestra vida, a la vez que la importancia de cada uno de sus momentos presentes. Pues, como dijimos los Obispos, “somos peregrinos del cielo, pero no fugitivos de la tierra”.


3. Es cierto que todo signo religioso, como cualquier otro gesto humano, puede ser privado de su significado, e incluso provisto de uno falso. Por ejemplo, se puede dar un beso con el cual se significaría que se ama a una persona, y sin embargo se la puede traicionar como hizo Judas con Jesús. Los profetas denunciaron muchas veces la incongruencia de los gestos religiosos vaciados de su significación. Pero no por ello tales gestos dejan de ser una manera acorde con la naturaleza del hombre de expresar su anhelo de Dios. Y bien realizados pueden orientarlo hacia Él.


4. Hace años, en agosto de 1995, estando de Visita pastoral en la Parroquia de San Carlos de La Escondida, tuve ocasión de apreciar cuán en serio peregrina mucha de nuestra gente. Para ir a Itatí se preparaban con la oración. Y también ejercitándose con marchas más cortas, de modo que, llegado el momento, estuviesen entrenados. No me cabe duda que esa gente peregrinaba en serio. Y que así lo han hecho también muchos de los que peregrinaron ayer a Itatí, en esta 25ª edición de la Peregrinación diocesana.


5. La intención de la primera peregrinación de orar por las vocaciones eclesiásticas ha de ser una intención permanente, que se renueve en cada una de las futuras peregrinaciones. Una manera de poner en práctica la orden que Jesús dio a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mateo 9,37-38). En este año, en el que Dios me concede la gracia de celebrar el 50º de mi ordenación sacerdotal, peregrino a Itatí con la intención de implorar la gracia para nuestra Arquidiócesis de numerosas vocaciones eclesiásticas: sacerdotales, religiosas, misioneras, contemplativas. E igualmente por la santificación del Clero. Siempre que sea posible lo haré con esta intención. E invito a hacerlo así.



II. EL ROSARIO DE LA VIRGEN MARÍA


6. Otra expresión popular de la piedad cristiana, que nutre el anhelo de Dios, es el rezo del Rosario de la Virgen María. Muchos de los peregrinos que ayer fueron a Itatí lo recitaron una y otra vez a lo largo de la marcha.

El Rosario no pertenece a la liturgia oficial de la Iglesia. Pero el que lo inventó fue un genio de la fe y del amor cristiano. Genio de la fe, porque en su rezo meditado se contempla todo el misterio de la salvación realizada por Jesucristo: misterios gozosos, dolorosos, gloriosos. Y ahora, misterios de luz. Genio del amor, porque nadie puede rezar con tanta insistencia el Padre Nuestro y repetir el saludo del Ángel a la Virgen María sin que tenga de veras un espíritu filial que todo lo alcanza, como dice Jesús en el Sermón del Monte.


7. De esta práctica popular, Juan Pablo II dice en una reciente carta apostólica: “El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a “remar mar adentro”, para anunciar, más aún, “proclamar” a Cristo al mundo como Señor y Salvador, “el Camino, la Verdad y la Vida”, el fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización.


8. Recomiendo que el miércoles primero de octubre de este año, en todas las comunidades cristianas, se realice el rezo del Santo Rosario, en unión con el Papa Juan Pablo II: por sus intenciones, por su salud, por el aumento de las vocaciones eclesiásticas en nuestra Arquidiócesis, muy especialmente por las sacerdotales, y por la santificación del Clero. También, por nuestros niños y adolescentes: que ninguno de ellos carezca de escuela y de catequesis. Igualmente, por la paz social de nuestra Provincia, por las autoridades recientemente electas, y para que se acreciente entre los chaqueños el auténtico espíritu ciudadano. Y así haya trabajo para todos, y seamos solidarios unos con otros, gocemos de seguridad y de libertad, y se promueva el desarrollo integral de cada uno, de todos los sectores y grupos sociales, y de la sociedad entera.


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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