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EL ESCÁNDALO DE LA POBREZA
Y LA EXCLUSIÓN SOCIAL (2)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo
de Resistencia,
5
de octubre de
2003
I.
UNA MIRADA CIENTÍFICA SOBRE LA POBREZA DEL CHACO
1. Sin proponérselo explícitamente, las recientes Jornadas
organizadas por la Comisión arquidiocesana Justicia y Paz, nos han dado
una radiografía de la pobreza en el Chaco. Sólo a modo de ejemplo,
recuerdo algunos datos aportados por el equipo de la Facultad de Ciencias
Económicas de la UNNE dirigido por el Dr. Antonio Besil.
1° Índices de
marginalidad y pobreza: según los últimos datos provenientes de la
Encuesta permanente de Hogares, el Gran Resistencia concentra el 71,8% de
la población bajo la línea de pobreza, y el 30,6% bajo la línea de
indigencia.
2° El PBG per
cápita de la Provincia: al año 2000 era de 3.000 dólares, frente a un
promedio nacional de 8.000 dólares, y 23.000 de la ciudad autónoma de
Buenos Aires. O sea casi ocho veces menos que en la Capital Federal.
3° El índice
de desarrollo humano de la Provincia: según un informe de Naciones Unidas
del año 2000, ésta ostenta un nivel muy bajo, el cuarto en toda la escala
nacional, sólo antecedido por las provincias de Formosa, Jujuy y
Corrientes.
4°
Desmantelamiento de la industria provincial: desde 1985 a 1994, los
establecimientos industriales han descendido de 2.317 a 1.513; y, entre
los mismos años, el número de empleados en esos establecimientos descendió
de 19.272 a 9.433. Entre 1990 y 1999 la participación de la industria
manufacturera dentro del PBG de la Provincia cayó del 12% al 4%.
5° Mercado
laboral: Si bien las últimas mediciones de la citada Encuesta sorprenden
por la brusca disminución de la tasa de desempleo, el análisis de los
datos muestra que gran parte de los nuevos empleados son beneficiarios de
programas de empleo transitorio y precario. Creció el número de
trabajadores ocupados (79%), disminuyó el de los subocupados (21%), pero
la realidad es que los trabajadores formales representan sólo el 47,2%,
mientras los informales son el 52,8%.
6° La
participación de la actividad privada dentro del PBG provincial es apenas
superior al 50%, mientras que el Estado participa con más del 40%, siendo
una de las más altas de la República. Durante las dos últimas décadas
(1982-2002), el déficit fiscal ha sido permanente. La recaudación es muy
baja: 10% sobre el total de ingresos. La dependencia de la Provincia es
grande: sólo el 25% de los ingresos manejados por el sector público son
aportados por la Provincia. La deuda pública provincial es superior a
$3.500 millones, equivalente a + 100% de su PBG y más de 3 Años de su
presupuesto de gastos. Su situación de pagos se encuentra muy
comprometida: $177 millones en el 2004; $397 millones en el 2005.
El panorama
justifica cuanto los Obispos decimos en “Navega mar adentro” sobre el
desafío que presenta a la Evangelización “el escándalo de la pobreza y la
exclusión social”(ver nn.34-39).
II. UNA MIRADA EN CALIENTE SOBRE LA POBREZA: LOS BARRIOS DE RESISTENCIA
Y LA CRECIENTE INSEGURIDAD
2 Después de escuchar el enfoque científico anterior, dediqué la
mañana del martes pasado a visitar los barrios de
la
Parroquia Santísima Trinidad que están al sur de la avenida Soberanía
Nacional: Vista Linda, Villa Encanto, Familias Unidas, Menem Junior, San
José Obrero, Viales. Entonces la pobreza cobró toda su dramaticidad, lo
mismo que la fortaleza de mucha gente por salir de ella.
Pero antes de
esa visita me encontré con un grupo de familiares de asesinados por la ola
delictiva que amenaza convertir a nuestra capital provincial en un
aguantadero de delincuentes. ¡Cuánto dolor en esos hermanos nuestros! Y
también cuánta pasividad en los resistencianos para asumir en la
conciencia colectiva el problema de la inseguridad.
Éste es un
problema complejo, y ha de ser enfocado desde muchos ángulos: policial,
jurídico, político, económico. Y también, desde un enfoque pastoral, como
aludí en mi homilía en la Misa al cumplirse 40 años de la Policía
Provincial. Somos 350 mil resistencianos, que tenemos 700 mil ojos, con
los cuales no se puede comparar ningún sistema de ojos electrónicos.
Suponiendo que en Resistencia hubiese un número exorbitante de
delincuentes (¿1.000? ¿10.000?), quedarían 340 mil resistencianos
honestos. ¿Cómo es que estemos viviendo como miles de ratones asediados
por cuatro gatos? Si cada resistenciano mirase sólo por sí y se
despreocupase de los demás, no haría falta que haya 10.000 delincuentes.
Bastaría uno solo suelto para sentirnos inseguros. ¿Qué hacer? Primero, no
enloquecer ante el problema optando por el gatillo fácil. Segundo,
despertar de nuestro ensimismamiento mirándonos el ombligo.
III. LA POBREZA RELIGIOSA: EL DRAMA DE EMIGRAR SIN CATEQUESIS
3. Ante el cuadro de la pobreza, los cristianos no podemos olvidar
la pobreza religiosa. Sigue vigente cuanto hemos dicho los Obispos en las
primeras Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización (1990): “La
marginación religiosa del pobre es la más grave en orden a su dignidad y a
su salvación; mucho más que la marginación económica, política o social.
Es misión específica de la Iglesia atenderlos espiritualmente. Predicar la
Palabra a todos, reconociendo que quienes experimentan peculiares
situaciones de carencia, debilidad o sufrimiento, están más necesitados de
Dios, y muchas veces se hallan más abiertos, como María, para recibir la
Buena Nueva en su corazón” (LPNE 32).
4. Me permito repetir aquí una consideración que hice en las
recientes Jornadas de Justicia y Paz, al plantear el gran desafío que la
migración interna sin rumbo, en especial de los niños y adolescentes,
plantea a la identidad nacional: “En la misma Iglesia, no entendemos el
desafío que la emigración interna plantea a la pastoral. Son muchos los
adolescentes que emigran sin escuela completa y sin catequesis de
iniciación cristiana. Pero ello nos preocupa poco. La emigración no es un
simple cambio de domicilio. Es un drama humano y pastoral. Insertarse en
una nueva comunidad cristiana puede demandar años. De modo que emigrar sin
catequesis puede implicar la pérdida de la fe y el agravamiento del drama
de la emigración. ¿Nos lo planteamos los pastores? A veces hacemos
interminables discusiones sobre la edad para la catequesis de comunión y
de confirmación, pero permanecemos totalmente ajenos al drama real de la
gente que se siente constreñida a buscar el pan material en otra tierra.
¿Lo podrá encontrar si se marcha desprovista del pan espiritual que brinda
la catequesis?”.
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
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