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DESAFÍO PARA UNA NUEVA SOCIEDAD:
FORMAR LA CONCIENCIA DEL CIUDADANO


Charla de Carmelo Juan Giaquinta, Arzobispo de Resistencia y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, en ACDE- Buenos Aires (7 octubre 2003))



INTRODUCCIÓN


1. Puesto a redactar la charla para ACDE-Buenos Aires, y procurando ambientarme ante mi auditorio, hojeo La Nación de la última semana, y extraigo los títulos de la primera página que supuestamente lo habrán interesado. Aquí van retrospectivamente algunos. Los del sábado 27 de septiembre dicen: “Repunta la economía tras 120 días de estancamiento”, “Para Lavagna el sistema jubilatorio es un fracaso”; el 26-09: “Kirchner pidió en la ONU apoyo para pagar la deuda”, “Cómo afectará a los afiliados a las AFJP la quita de capital”, “El comercio no es tan justo como parece”; el 25-09: “Para las AFJP peligra el futuro de las jubilaciones”; el 24-09: “Bush recomendó firmeza con los acreedores privados”, “Prevén demoras en el canje de la deuda”, “EE.UU. no esperará a los que se resisten” (sobre el fracaso de la reunión de Cancún); el 23-09: “Propuso la Argentina la mayor quita de deuda de la historia”, “Rechazo de los acreedores”, “El transito por un estrecho desfiladero” (análisis de la noticia); el 22-09: “Lavagna propondrá hoy una fuerte quita en la deuda”; el 21-09: “El FMI urge que se apruebe reformas antes de fin de 2004”, “Inquietantes sorpresas en el presupuesto”. Y así podríamos seguir.



I. EL NUEVO GIGANTE GOLIAT


2. No puedo imaginar hoy (28 de septiembre) cómo seguirán los títulos de los diarios durante la semana entrante. Sin embargo, estoy seguro que en primera página seguirán los títulos económicos. ¿Qué puedo decirles a Uds. de los problemas de esa área? Me siento como un pequeño David frente al gigante Goliat. Pero imagino que Uds. porque me ven así, y deben enfrentar todos los días a ese gigante, y no saben cómo hacerlo, me invitaron para que si yo la tuviese les comunique la mirada pícara de David.


3. El primer libro de Samuel cuenta las bravuconadas de Goliat frente a Israel (1 Samuel 16-17). Seguramente que el joven David estudió el campo por donde debía avanzar hacia el gigante, miró bien su estampa para descubrir el lado débil por donde penetrar su figura acorazada, eligió el arma con la cual herirlo y matarlo, calculó bien el momento para atacar, y finalmente atacó. Le dio un hondazo en la frente, el gigante cayó, David corrió, le sacó la espada y le cortó la cabeza.


4. El campo de batalla

En cada una de las etapas de mi episcopado he descubierto algún ángulo del campo de batalla en el que se hace el guapo el gigante que nos amedrenta a los argentinos.

En la primera etapa, estando en Viedma (1980-1986), descubrí el gigantismo de Buenos Aires y el consecuente dominio despótico que ejerce sobre el resto de la República. Y que es preciso revertir. Pues este fenómeno, además de ser pesadísimo a nivel nacional, tiende a repetirse en todas las provincias; a saber: gran capital, y cuerpo flaco.

Este desequilibrio entre cabeza y cuerpo falsea la identidad de la Argentina y del argentino, y le engendra un cúmulo de enfermedades espirituales y sociales. Por ejemplo, pensar que el País es grande porque la ciudad capital lo es; que se puede vivir de espaldas y a costilla del campo; que es necesario armar un gran aparato estatal porque es preciso dar de comer a mucha gente que se amontona en los suburbios de las ciudades; etc.

En la segunda etapa (1986-1993), como Obispo de Posadas, descubrí otro ángulo del campo de batalla: la existencia del Tercer Mundo en la Argentina. Y ello porque conocí al colono que, deslomándose de sol a sol junto con su mujer y sus hijos a quienes sacaba de la escuela para cosechar el tabaco, percibía al año $1.500 pesos netos, mientras que un colono que fuese electo concejal de un municipio rural ganaba automáticamente $2.800 pesos mensuales. O sea que, no sólo hay países que viven a costillas de los que producen las materias primas, sino que dentro de la misma Nación hay sectores que viven así, e incluso los hay dentro del mismo campo argentino. Aunque conocía la palabra “Tercer Mundo” desde fines de los años 50, sólo entonces comprendí su significación más cruda.

En la tercera etapa (1993-2003), como arzobispo de Resistencia, descubrí otro ángulo del campo de batalla: el salitre moral que carcome a la sociedad, y que es la falta de conciencia como ciudadano del argentino en general y del cristiano en particular. Y ello con ocasión de los controles a ejercer sobre la acción del Estado por parte de las ONG y de la Iglesia a los que son invitadas continuamente por éste. Por ejemplo, con ocasión de las inundaciones y de los diferentes planes sociales que el gobierno implementa después del 21 diciembre de 2001. ¿Cómo es que los mismos dirigentes estatales me dicen que si no es por medio de la Iglesia los dineros para tal o cual acción social no llegarán al pueblo? ¿Acaso la mayoría de los empleados estatales, desde la máxima jerarquía hasta la inferior, no se profesan cristianos y católicos? ¿No son ellos los mejores controles estatales? ¿Qué clase de pastor soy si los fieles socialmente mejor posicionados, como son los empleados estatales, son incapaces, según lo confiesan ellos mismos, de hacer que los recursos para la asistencia a los más desposeídos lleguen a destino?


El gigante, su debilidad, el arma a emplear

5. Entonces tomé conciencia que el gigante a enfrentar es un monstruo. Aparentemente invulnerable. Pero también empecé a darme cuenta que la batalla hay que plantearla de manera muy diferente a como normalmente se la hizo. Que hay un ángulo por donde es posible entrarle al gigante: la frente. Y que el arma a emplear es muy sencilla y muy eficaz, como la honda de un niño. A saber: crear en el pueblo argentino, y principalmente entre los cristianos, la conciencia de ser y vivir como ciudadano.

El gigante es tal porque los adversarios somos enanos espirituales, sin conciencia de ciudadanos. No es lo mismo que los argentinos seamos treinta y siete millones de habitantes que treinta y siete millones de ciudadanos. Porque somos sólo habitantes de este suelo que lo usufructuamos, y no ciudadanos que lo construyamos como una Patria de hermanos, el problema se nos presenta como insoluble.


El momento para el ataque

6. Algunos tal vez piensen que la lucha contra el gigante es sólo económica. Y quizá por eso crean que el peor momento de la crisis ya pasó.

Esa es una interpretación. Yo pienso lo contrario: que el peor momento tal vez todavía podría sobrevenir. Y no porque sea un analista económico. Y tema a la insolubilidad de los problemas económicos. Sino porque como un observador común de la realidad social en su integridad, sin encandilarme con lo económico como si fuese toda la realidad, no veo que nada haya cambiado sustancialmente en la compleja realidad argentina. No niego los numerosos hechos positivos que se han producido desde el 01 de enero de 2002. Pero insisto en que no siento que haya habido un cambio sustancial en la moral social de los argentinos, que nos lleve a buen puerto, a una democracia orgánica, participativa, basada en la mayor responsabilidad moral de cada uno de los ciudadanos y en la reforma de las instituciones.


7. ¿Acaso que yo piense que el cambio moral de la sociedad pueda darse como en los individuos, con un acto de arrepentimiento personal y la confesión de las propias culpas? ¿O como en la Iglesia, con la celebración del tiempo de Cuaresma o por medio de un Concilio? No. Pero sí puede darse mediante la autocrítica sincera que los partidos políticos tienen obligación de hacerse con la participación de todos sus actores. ¿No la ha hecho el Ejército, y la misma Iglesia? ¿Por qué los partidos políticos no? ¿Acaso no surgieron de ellos todos los dirigentes que tomaron todas las decisiones económicas y políticas que hundieron a la República? Llama la atención la incapacidad mostrada hasta ahora para tal autocrítica, y la susceptibilidad que muestran ante cualquiera que desde fuera les sugiera que la hagan.



II. EL ARMA DE DAVID:

UNA CONCIENCIA CIUDADANA BIEN FORMADA


8. Pero no basta reclamar la autocrítica de los políticos. Ni podemos quedarnos esperando a que la hagan.
Formar la conciencia ciudadana es la principal batalla a librar para solucionar la crisis argentina. Y ello con el apoyo de los políticos, o a pesar de ellos. Sin esa conciencia todo lo que hagamos por paliar la pobreza e injusticia en la Argentina, sería como pretender llenar un barril sin fondo. No basta ya sólo con “hacer algo por la sociedad”. Los cristianos debemos “existir de manera nueva en ella”: como ciudadanos responsables.

(NB.: Esta parte de la charla está inspirada en otra que di al Foro de Laicos, el 06 de julio).

A continuación hago algunas sugerencias fundamentales para formar la conciencia ciudadana. Son muy modestas, pero pueden resultar muy eficaces como la honda de David.


Retomar la Teología de la creación (1ª)

9. Una primera tarea de la Iglesia para la formación del cristiano como ciudadano es volver a enseñar la primera página del Génesis: que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y lo puso en el Jardín de Edén para que lo cuidara y cultivara. Y para eso lo dotó de inteligencia, voluntad, dos brazos, amor a su mujer e hijos, y tierra bajo sus pies. Es decir, Dios creó al hombre con todos los recursos para enfrentar los problemas de la vida y resolverlos. De hecho, éste es el primer artículo de nuestra fe: “Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra”.

Es perniciosa la actitud en que han caído muchos argentinos: de no creer más en sí mismos, de pensar que todo problema personal debe ser resuelto por los otros, en especial por el Estado o por Caritas. Mal podremos los cristianos decir que creemos en Dios Creador si no creemos en nosotros como seres creados por Él, o no valoramos los talentos y recursos con que nos ha dotado para enfrentar la vida.


Retomar la Teología del Trabajo y redescubrir el valor de la Empresa (2ª)

10. No desconozco la situación crítica del trabajo en el mundo contemporáneo. Se habla de su desaparición en un futuro próximo tal como lo hemos conocido hasta hoy. Pero en la Argentina, más grave que la falta de trabajo, es el trabajo chapucero, mal hecho, a desgano, casi con bronca. No siempre es fácil encontrar un trabajador competente y honesto. Y lo que decimos del trabajador, vale del empresario.

Hemos de volver a la Teología del Trabajo, gracias a la cual entendemos que el Trabajo nos asemeja a Dios creador, que se alegra con su obra: "Y vio Dios que era bueno" (Gen 1,10). Igualmente, hemos de apreciar que la empresa es una forma eminente  de trabajo realizado en comunidad.


Iluminar y rescatar la misión de los gremios y sindicatos (3ª)

11. Los gremios y sindicatos están para la defensa del trabajador. La principal defensa es la mejor capacitación profesional y moral del mismo. Un trabajador así dignificado impone respeto al patrón. Y es frecuente que éste entienda que el trabajador es el capital más importante de su empresa, y lo quiera retener y promover. Lamentablemente, muchos gremios y sindicatos se han olvidado de esta tarea capital y se han reducido a la lucha por el aumento permanente del sueldo, que es pensada muchas veces sólo desde los intereses de los jefes sindicales y gremiales, los cuales instrumentan los reclamos para mantener su liderazgo. Más triste aún es la desmoralización activa del trabajador que promueven muchos gremios. En vez de enseñar a trabajar bien, enseñan a hacerlo mal. Por ejemplo, en vez de enseñar a trabajar para recolectar la basura, enseñan a trabajar para desparramarla.


Profundizar la visión del pobre (4ª)

12. Hasta fines de los años 60, en la pastoral de la Iglesia dominaba la figura del trabajador. A partir de entonces, y en especial desde Medellín, se ha hecho dominante la figura del “pobre”. No son figuras que se contrapongan, sino que se complementan. Sería bueno hacer el intento de la complementación, pues si se insistiese unilateralmente en la figura del pobre, podría cederse a la tentación de considerarlo sólo como un oprimido, sin capacidad de enfrentar sus problemas y de volverse dueño de su destino.


Revisar el ejercicio del derecho a la protesta (5ª)

13. La Iglesia reconoce el derecho al reclamo, incluso mediante formas legítimas de protesta (huelga), que sean conducentes al fin y no hieran el bien común. En la Argentina se vienen difundiendo formas de protesta que indican un estado de desesperación, pues no reparan en herir los derechos de terceros. ¿Cómo reclamar hoy según justicia? Los hindúes supieron reclamar y obtuvieron su independencia de Gran Bretaña sin disparar un solo tiro. ¿Y los argentinos que nos decimos mayoritariamente cristianos y católicos?


Descubrir la sociedad como estructura interfamiliar (6ª)

14. Es preciso rescatar la visión de los orígenes de la sociedad. Ésta es inicialmente una sociedad interfamiliar, que impulsa a cultivar entre las familias vínculos de amistad, servicio y ayuda mutua. De este modo las familias y cada uno de sus miembros pueden alcanzar más fácilmente su perfección.


Descubrir y amar a la sociedad como prójimo colectivo (7ª)

15. Nuestra catequesis ha puesto el énfasis en el prójimo, y especialmente en el pobre, según enseña Jesús (Mt 25,31-46). Hoy es preciso descubrir también a la sociedad como prójimo colectivo digno de amor. Y esto, desde sus concreciones más pequeñas (el vecino, los vecinos, la cuadra, el vecindario, el barrio), hasta las más grandes (el pueblo, el municipio, la provincia, la región interprovincial, la nación), y también las internacionales (Mercosur, UE, etc.).


Rescatar el valor de la palabra dada (8ª)

16. La amistad social se expresa en la palabra dada y se nutre de ella. Los cristianos, que somos los hombres del Amén, hemos de honrar la palabra que damos, y ello en todos los niveles: personal y social. En los años que vienen los argentinos tendremos la ardua tarea de reconstruir nuestra credibilidad a nivel internacional. Pero hemos de comenzar a reconstruirla en el trato diario.


Descubrir lo público como lo que es de todos (o propiedad comunitaria) (9ª)

17. Paradójicamente, en la Argentina, “público” no significa que algo es de todos, sino que es de nadie. Por eso actuamos de manera tan incivil. Porque la calle es pública, es de nadie, y por ello tiramos en ella papeles y botellas descartables. El aire es público, y por tanto de nadie, y por ello atronamos con los parlantes no importa la hora. Las paredes externas de las casas son públicas, y por tanto de nadie, y por ello las pintarrajeamos. Los transportes son públicos, y por tanto de nadie, y por ello tajeamos los asientos. Los dineros son públicos, y por tanto de nadie, y por ello nos apoderamos de ellos. De allí no hay sino un paso a entender que la república, no es ya más la “res publica” (la cosa pública), sino lo que es de nadie, y por eso cada uno hace de ella lo que se le ocurre. ¡Cuánta educación necesitamos los argentinos en el renglón de lo “público”!


Descubrir la comunidad política como sociedad necesaria (10ª)

18. No basta cualquier tipo de asociación interfamiliar. Por ello nuestra catequesis ha de subrayar la necesidad de la comunidad política, con sus autoridades y diversos poderes, y también con los ciudadanos con sus deberes y derechos.


Descubrir la dignidad de la vocación política (11ª)

19. La vocación política es la más noble de las vocaciones terrenales, pues su misión es construir la "pólis" o ciudad terrena, en justicia, verdad, libertad y solidaridad, y hace posible las demás vocaciones humanas, incluso la contemplativa y religiosa.


Respetar la autoridad y obedecer la ley civil (12ª)

20. La Palabra de Dios nos enseña a obedecer a la autoridad, pues viene de Dios (ver Romanos 13,1-7). Igualmente, a la ley civil que, salvo evidencia en contrario, se presume justa. E igualmente nos enseña a resistirla pacíficamente cuando la ley fuese inicua; es decir, en contra de la ley natural y del bien común. Como dijo el apóstol Pedro a las autoridades judías: “Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios” (Hch 4,19).


Descubrir al Estado como creación de los ciudadanos (13ª)

21. El Estado es una construcción permanente de los ciudadanos para que los defienda y ayude a conseguir el bien común. Éstos lo construyen con el pago de los impuestos, la exigencia de su buena administración, el cumplimiento de las leyes, la crítica sincera. El Estado no debe ser ni grande ni chico. Debe ser fuerte, justo, y contar con estructuras adecuadas a la consecución del bien común. Es preciso superar la concepción mágica del Estado, como si fuese un dios que existiese desde siempre, que lo pudiese todo, a quien nada malo le podría pasar, a quien todo se le puede exigir.


Descubrir al ciudadano como sujeto de deberes (14)

22. Todo derecho tiene su correspondiente deber. Una educación que sólo enfatizase los derechos estaría equivocada. No basta concebir al ciudadano como sujeto de derechos. Éste tiene deberes a cumplir. Y éstos no se agotan en votar cada cuatro años, sino que abarca una amplia gama, que incluye:

* deberes menores, que consisten en servir constantemente al prójimo colectivo a través de pequeños gestos (p. e. cuidar la limpieza de los espacios públicos, evitar los ruidos molestos, hacer bien el propio trabajo, ser buen vecino);

* deberes mayores (p. e. abonar a tiempo los impuestos y servicios);

* deberes máximos (p. e. votar al presidente de la Nación, hacerle juicio político).


Revisar los partidos políticos y sindicatos (15ª)

23. Los partidos políticos y los sindicatos son dos formas de representación (política y social) necesarias, pero que muchas veces se han corrompido profundamente, adoptando incluso estilos mafiosos de proceder. Necesitan una autocrítica a fondo. Y la ciudadanía ha de ayudarlos a hacerla.


Descubrir al cristiano como ciudadano del mundo (16ª)

24. Una auténtica espiritualidad mira al cristiano tanto como miembro de la Iglesia, cuanto de la sociedad civil, según lo enseña el apóstol San Pablo (Rom 12-13). Éste, si bien es peregrino del cielo, no es fugitivo de la tierra.


Descubrir el valor de la micropolítica (17ª)

25. Por micropolítica entiendo la educación del ciudadano, que se imparte en la familia, en la escuela y en la catequesis, con la palabra y el ejemplo. Sin esta educación “micropolítica” la comunidad política y la vocación política no tienen sustento.

Junto a esta trilogía sería deseable incluir a los medios de comunicación, por el gran poder que podrían ejercer para formar la conciencia del ciudadano responsable. Pero como con frecuencia “patean en contra”, prefiero considerarlos fuera de la micropolítica.


26. Quedan sin duda muchos otros pasos a dar. Pero estos ya son suficientes para comenzar la construcción de la conciencia ciudadana de los argentinos.


Resistencia, 28 de septiembre de 2003.


Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo de Resistencia



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