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REDESCUBRIR LA NAVIDAD
Mensaje de Navidad del arzobispo de Resistencia, Mons. Carmelo Giaquinta
25 diciembre 2003
I. EL PESEBRE DESCONOCIDO
1.
“¿Sabe Ud. por qué está allí ese cartel explicativo del Pesebre?”,
me preguntó hace veinte días el canónigo Hübenthal en la Plaza del Mercado
de Erfurt, una ciudad de la ex Alemania comunista. Respondí que no. Y
continuó: “Aquí la mayoría no están bautizados. El comunismo introdujo
el miedo en las familias. Los hijos denunciaban a los padres y los padres
a los hijos. De modo que durante cuarenta y cinco años la familia
prácticamente dejó de ser la trasmisora natural de la fe cristiana. Por
ello que hoy debemos explicar hasta lo más elemental de la religión como
el Pesebre de Navidad”.
Entre
tanto la gente iba y venía muy animada por la Plaza del Mercado, en medio
de guirnaldas de luces y de quioscos, donde muchos tomaban vino caliente,
que no acepté. Y ello porque me trajo a la memoria otro vino caliente que
hace casi cincuenta años me hice para curarme de una gripe, pero que me
resultó horrible. No sólo no me curó, sino que no me dejó dormir en toda
la noche y me traumó para siempre. Un vino caliente en la vida basta. Fue
en septiembre de 1955, cuando me encaminaba desde Roma hacia Génova para
embarcarme de regreso a la Argentina.
2. Alguien tal vez diga que éstos recuerdos se parecen a los de un
ebrio. ¿Qué tiene que ver el vino reciente que no tomé con aquel que tomé
hace tantos años? Dejando de lado hoy los recuerdos que me trae aquel
viejo vino: para el brindis de esta Noche Buena quiero compartir con mis
lectores las preguntas que hace brotar en mí el vino nuevo no probado de
Erfurt. A saber: ¿Es tanta la diferencia que hay entre un alemán que vivió
bajo el comunismo durante cuarenta y cinco años y que no conoce el
significado del Pesebre de Navidad, y los que no hemos vivido bajo ese
régimen? ¿Conocen mejor su significado quienes viven hoy bajo el esplendor
del capitalismo? ¿Los que levantaremos la copa esta Noche Buena para
brindar en la Argentina – este fatuo y dolorido primer mundo venido a
menos -, conocemos su significado?
3. Las costumbres religiosas no son despreciables. Pertenecen a la
cultura de un pueblo. Ésta se trasmite no sólo a través de conceptos, sino
sobre todo mediante símbolos, gestos y prácticas. Son como el envoltorio
de un regalo que lo realza y permite apreciarlo mejor.
El mismo
Jesús fue educado en las costumbres religiosas de su pueblo. Cada año,
según dice el Evangelio, iba con sus padres a Jerusalén. Y cada sábado, a
la sinagoga.
De modo
que las costumbres religiosas en general y las navideñas en particular, de
ningún modo son despreciables. Y el atropello de ellas por el régimen
comunista ha sido un crimen de lesa humanidad, aunque pocas veces lo hayan
denunciado las organizaciones internacionales y las entidades de derechos
humanos.
Sin
embargo, no podemos olvidar que la fe cristiana es mucho más que una
costumbre. Es respuesta a un llamado divino. Es una opción de vida. Una
conversión interior. Implica la adhesión de la mente y del corazón a la
persona y enseñanza de Cristo. Y exige renunciar a los criterios y
comportamientos contrarios a él.
4. Si la costumbre religiosa es auténtica, facilita mucho la
aceptación de la fe, pero nunca la suplanta. Cuando sucede esto último, la
fe deja de ser tal y la religión se vuelve puro formalismo, una cáscara
sin contenido, como tantas veces denunciaron los profetas al analizar la
religión de Israel. ¿No acontece acaso esto también entre nosotros que nos
ufanamos de ser un pueblo cristiano?
II. “ADVENIAT”: UNA EXPRESIÓN DE LA FE EN LA NAVIDAD
5. A pesar de lo que me dijo el canónigo Hübenthal, yo me vine
convencido que los alemanes, también los de la antigua República
Democrática, creen en la Navidad mucho más de lo que ellos piensan. Una
demostración palmaria fueron los diecisiete días que pasé recientemente,
desde el 20 de noviembre hasta el 7 de diciembre, invitado por el
episcopado alemán para colaborar en el lanzamiento de la campaña de
Navidad para ayudar a la Iglesia de América Latina, llamada “Adveniat”.
Participé de la misma junto con cinco obispos argentinos más –entre ellos
Mons. Lugones y Mons. Palentini–,
y algunos laicos.
6. ¿Qué es Adveniat”? Suena a “Adviento”. En la oración del “Padre
Nuestro” Jesús nos enseñó a rezar “Venga a nosotros tu Reino”. Y eso en
latín se dice: “Adveniat Regnum tuum”. En 1961, una vez que Alemania se
repuso del desastre de la segunda guerra mundial, los Obispos de esa
nación decidieron realizar una colaboración a la Iglesia de América Latina
que designaron con esa palabra. Se propusieron hacerla durante tres años.
La extendieron después a cinco. Y prácticamente la han transformado en una
ayuda estable. Lleva ya cuarenta y dos años
7.
Esta Colecta no es producto de la plata que les sobra a los católicos
alemanes, como alguien ignorantemente podría pensar. Es fruto de la
generosidad que sus pastores les han sabido inculcar y en la que ahora se
distinguen. Como lo hizo el Apóstol San Pablo con los cristianos de
Corinto cuando los exhortó a subvenir a las necesidades materiales de los
pobres de Jerusalén: “Ya que Ustedes se distinguen en todo, espero que
también se distingan en generosidad. Ya conocen la generosidad de Nuestro
Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de
enriquecernos con su pobreza” (2 Co 8,9).
Advirtamos
la hondura de la enseñanza del apóstol San Pablo. Según él, compartir los
bienes materiales en la Iglesia es fruto de la fe en el nacimiento de
Jesucristo. Es esto lo que significan sus palabras: “siendo rico (Dios) se
hizo pobre por nosotros (=se hizo hombre)”. Por ello, mientras esta Noche
nos alegramos por el Nacimiento de Jesucristo, los invito a alabarlo
también por el amor que ha suscitado en los cristianos alemanes hacia los
cristianos latinoamericanos.
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia
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