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SÓLO EL
ESPÍRITU HEROICO
RECONSTRUYE
UNA NACIÓN
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo
de Resistencia
4
de enero de 2004
Reflexiones en torno a un viaje a Alemania (Nota 3)
I. DE LA ALEMANIA DE POSGUERRA (1953)...
1. En mi reciente viaje a Alemania, muchas veces me referí a la
experiencia que tuve de ella hace cincuenta años. Era casi una muletilla
que me servía para iniciar una conferencia de prensa, o una exposición en
la Universidad, o en la Academia Católica. Así me sucedió en Maguncia, en
Friburgo y en Stuttgart. Decir “hace cincuenta años yo estuve aquí”, a mis
oyentes alemanes les impresionaba, porque la mayor parte no había nacido,
o eran entonces demasiado niños para tener conciencia cabal del desastre
que había sufrido Alemania. Sobre todo les impresionaba que alguien venido
de tan lejos, del remoto Chaco, les contase cómo estaba Alemania en 1953,
ocho años después de la guerra. “Las calles y veredas, libres de
escombros. Pero el resto, Kaput. Ruinas. El 53% de Stuttgart estaba
destruido”. Les impresionaba que les dijese cómo se reconstruyó Alemania.
“Por todas partes, andamios llenos de albañiles, hombres y mujeres
vistiendo pantalones, levantando paredes. Todos trabajaban. Todos
colaboraban. Hasta la monjita del barrio se acercaba y te exigía tu
colaboración: ‘Señor capellán, usted también tiene que colaborar con cinco
marcos para los fugitivos del Este”. Les impresionaba que les recordase
que el canciller Adenauer un día les dio el siguiente anuncio: “En
adelante, los días sábados trabajaremos sólo ocho horas, y no nueve como
venimos haciendo”. Porque trabajaban ocho horas diarias para el propio
sustento, y una hora para la reconstrucción de Alemania. A partir de
entonces, no más la semana laboral de cincuenta y cuatro horas, sino sólo
de cincuenta y tres.
2. Ante estos recuerdos míos, algunos mostraban dudas si ellos hoy
serían capaces de hacer lo mismo, o si su espíritu se habría ablandado
demasiado con el espíritu americano que ha invadido todo. Pero sobre todo
mostraban cierto disgusto porque a los alemanes del Este les habrían
facilitado demasiado las cosas. “Los teléfonos son más modernos en el Este
que en el Oeste. Además, nosotros no tuvimos muchas facilidades que ellos
gozan ahora. Por ejemplo, a nosotros no nos dieron la casa como a muchos
de ellos”.
Yo me decía: “Rencillas
de hermanos, como en la parábola del hijo pródigo”. La actitud del hermano
mayor que se quedó en casa, contra su hermano menor que se había fugado y
era recibido con todos los honores, a primera vista pareciera justa. Sin
embargo, fue mucho más sabia la actitud del padre que lo recibió con
alegría. Sin juzgar de la justicia de tal o cual disposición en favor de
los alemanes del Este, no cabe duda que la magnificencia mostrada y
practicada por los alemanes del Oeste al recibirlos como a iguales,
permanecerá en la historia como uno de los grandes testimonios de
humanidad y de altísima política. Así, y sólo así se reconstruyen los
pueblos.
... A LA ARGENTINA DEL 2003
3. Decir “hace cincuenta años yo estuve aquí, en Alemania”, también
a mí me resultaba impresionante. Porque ya no soy el muchacho de
veintitrés años, que había llegado a aprender el idioma. Sino alguien que
en cierto modo se está despidiendo de la existencia terrena. Pero sobre
todo hoy me resulta lacerante. En estos cincuenta años, la Argentina
pareciera haber hecho el proceso inverso al de Alemania. Ellos se
levantaron de las ruinas modernas más grandes conocidas en Europa, con
esfuerzo, ahorro, y humildad, que es signo de inteligencia, asumiendo la
corresponsabilidad moral que les cabía en los fenómenos del nazismo y de
la guerra mundial. Nosotros, en cambio, nos hemos acostumbrado a
despilfarrar y vuelto indolentes; nos sale espontáneamente ser matones,
hasta en la política internacional; y de ningún modo aceptamos
corresponsabilidades históricas en las desgracias que nos han ocurrido.
Otros organizaron la guerrilla revolucionaria. Otros hicieron una de las
represiones militares más demenciales de la historia moderna. Nosotros no
tuvimos nada que ver con esos horrores.
III. ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE ARGENTINA Y ALEMANIA?
4. Difícil decir en qué estriba la diferencia entre Alemania y
Argentina. Unos dirán que consiste en la historia. Ellos son un pueblo de
miles de años, que sufrió mucho, y finalmente aprendió. Algo de eso hay.
Porque al cabo de tres guerras con Francia (dos de ellas mundiales),
aprendieron que el camino de la victoria era totalmente al revés del que
venían recorriendo: no ya la guerra con Francia, sino la paz con ella; no
ya apoderarse del hierro y del carbón del otro, sino compartir el propio
con ellos.
Nadie hoy se atrevería
a decir que la diferencia está en los genes, porque parecería participar
de la demencia del racismo nazi.
Otros ponen la
diferencia en que los alemanes tuvieron la ayuda del Plan Marshall. Y
soñamos que si nosotros la tuviésemos...
¿Me pregunto si una
diferencia importante no consiste en que los alemanes tuvieron hombres que
supieron enfrentar al pueblo con la verdad de lo sucedido y de la
situación que debían enfrentar, y así suscitaron el espíritu heroico que
la nación necesitaba para la reconstrucción? ¿Y que nuestros dirigentes,
en cambio, hasta ahora han sido demasiado votodependientes? ¿Y, por tanto,
incapaces de arriesgarse a hablar con verdad al pueblo? En 1985, el Dr.
Alfonsín nos convocó a una economía de guerra. Yo me dije: “aquí tenemos a
nuestro Adenauer que nos va a conducir al resurgimiento”. Pero la frase no
sonó feliz. Nos rebelamos todos. No se habló más de economía de guerra, y
ésta se incendió en 1989. Después vino el Dr. Menem que habló de cirugía
sin anestesia. También me dije: “aquí está nuestro Adenauer”. Pero me
equivoqué de lejos, pues esa cirugía desangró al país. No digamos nada del
Dr. De la Rúa. Ahora oro fervientemente para que el Dr. Kirchner sea el
que debe ser, y nosotros seamos un pueblo sabio que no temamos escuchar
palabras sabias que nos inviten a regenerar la moral ciudadana y
reconstruir al País.
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
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