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Reflexiones en torno a un viaje a Alemania (4)


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
11 de enero de 2004



1. Así rezaba el título de los carteles y folletos con que Adveniat y la Academia Católica de Rottemburg-Stuttgart invitaban a un seminario de dos días sobre la Argentina (28-29 noviembre 2003). Y daban la siguiente explicación: “Desde la explosión de la aguda crisis económica, política y social en diciembre de 2001, la Argentina está regularmente en los titulares de la prensa internacional. Más allá de las noticias de la crisis actual, nuestra imagen del país sudamericano está marcada con frecuencia por estereotipos y clichés: Buenos Aires la ciudad capital, el Tango, y las grandes estrellas del fútbol. La finalidad del seminario es compartir una mirada sobre la Argentina que procure observar más allá de esos estereotipos, la otra Argentina, y comprender la crisis de los últimos años”.


2. Nadie piense que los alemanes se desvivían por conocer qué pasa en la Argentina. Pero cuando se proponen una cosa la hacen en serio. En el Adviento pasado la Iglesia Católica de Alemania trató de poner a la Argentina en el punto central de la Campaña de ayuda a la Iglesia de América Latina, llamada “Adveniat”. (De esta Campaña dije algo en mi primera nota publicada en la víspera de Navidad). Y entonces, a organizar la cosa: interesarse por ella e interesar a otros a participar. Por ello enviaron a la Argentina un equipo de periodistas para informarse directamente de la situación. Invitaron a seis obispos argentinos y a algunos laicos, para que recorriesen por separado las diferentes regiones de Alemania para dar testimonio directo de la vida social y eclesial de nuestro país. Organizaron con nosotros más de doscientas actividades. Y además interesaron a algunos centros de estudios de Alemania que se dedican a investigar los problemas del Tercer Mundo. Convocaron a la prensa en diferentes ciudades. (A mi me tocaron seis conferencias con ella). Y armaron la jornada antes mencionada.



II. NECESITAMOS UN BUEN DIAGNÓSTICO


3. “Más allá de Buenos Aires...”. Eso de querer que sus compatriotas conozcan a un país lejano pero procurando descubrir algo más que la cáscara que cada tanto les muestra la prensa, me pareció un gesto de gran honestidad de parte de la Iglesia alemana. ¿Cómo podrían ayudarnos si no nos conociesen, o conociesen sólo nuestra primera apariencia?

Y me quedé pensando: ¿no será ésta –“procurar ver más allá de lo que se ve” una actitud que falta en nuestro comportamiento frente a la situación del País, y digna de ser imitada por nosotros si queremos ser artífices de su reconstrucción?


4. Cuando sucede un accidente, se estudian las causas,
“más allá de los efectos de un choque”, porque sólo así se pueden evitar nuevos accidentes. Y si sobreviene una enfermedad, se hace el diagnóstico, porque sólo así se la puede curar.

Para hacer un diagnóstico, el médico clínico le ordena al paciente que se desvista, lo palpa, lo ausculta, le pregunta por enfermedades en la familia, le ordena análisis. “Más allá...”. Si es necesario, consulta a otros colegas. Así surge el diagnóstico. Y entonces establece la terapia. Habrá cirugía o no, prescribirá tal o cual medicina. Y proseguirá de cerca la evolución del paciente con un control muy preciso. Pero si el paciente se rehusase a desnudarse, o por miedo a sentir dolor pretendiese imponerle al médico que no lo palpe, el diagnóstico sería imposible.


5. Esto que sería ridículo en el campo médico, sucede en el campo político-social. Los argentinos no conocemos la enfermedad que nos está matando como Nación. Y son muchos los que no la quieren conocer. Este desconocimiento es grave a nivel de dirigencia. Se oye decir con frecuencia: “el diagnóstico ya lo conocemos. Lo complicado es la solución”. Dicho con todo respeto, la mayoría de los dirigentes no sabe qué es un diagnóstico político-social. Lo confunden con la tertulia política, la charla de café, la discusión acalorada, patriótica, en la que dicen muchas cosas, pero que no atinan a determinar las causas de nuestro mal. La dificultad de hacer un diagnóstico se vuelve enorme cuando se trata de que los grandes partidos políticos se sometan a un examen. Hay temas que no se pueden tocar. Que no se pueden preguntar. Sobre los cuáles ni siquiera se puede esbozar una hipótesis de análisis. Porque enseguida se pierde el control y la racionalidad.

Por fortuna, se advierte un cierto cambio. Ya no se toma como un acto de traición a la Patria decir que de los problemas argentinos los principales responsables somos los mismos argentinos. Pero todavía nos falta mucho para que nos dispongamos a una buena revisación médica, y tener así un buen diagnostico. Cuando no le tengamos más miedo al diagnóstico, la solución se nos impondrá por sí sola. Y será rápida y beneficiosa.



III. DOS HORAS CON LOS DIRECTIVOS DE LA TELEVISIÓN ALEMANA


6. La primera de todas las actividades previstas de mi periplo alemán fue en Maguncia el viernes 21 de noviembre.  Consistió en una larga entrevista y posterior almuerzo con los directivos del programa “Iglesia y Vida”, que se trasmite por el segundo Canal televisivo de la TV alemana. Al principio me extrañó que el encuentro no tuviese como objeto realizar un programa en directo conmigo. Después entendí. Se trataba, más bien, de que ellos, los directivos, recabasen información directa sobre la Argentina y sobre nuestra Iglesia, de modo que, al momento de hacer un programa en el que se hable de la Argentina, tengan un marco referencial directo y distinto del que dan las agencias internacionales. Me pareció requeteserio. Buscar información directa. No contentarse con las apariencias. Ir “más allá”. Si los alemanes buscan ir “más allá” de lo que dicen sobre nosotros las agencias, ¿por qué rehusaremos conocernos a fondo?


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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