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Reflexiones en torno a un viaje a Alemania
(5)
Mensaje
dominical
del arzobispo de Resistencia, Mons. Carmelo Giaquinta
18
de enero de
2003
I.
ESPAÑOLES, LATINOAMERICANOS Y ARGENTINOS EN ALEMANIA
1. En 1953, cuando estuve por vez primera en Alemania, no hubiese
imaginado que cincuenta años después iba a estar poblada por una
significativa minoría española y latinoamericana. En aquel tiempo un
extranjero en Alemania, y máxime un latinoamericano, era una figura
exótica. Hoy la cosa ha cambiado sustancialmente.
2. Los españoles emigraron a Alemania a fines de los 50 y comienzos
de los 60 por razones de trabajo. Recuerdo que en 1962, en el Hospital de
Schwäbich Gmünd donde me atendí de una fractura sufrida en Roma durante la
primera sesión del Concilio, las auxiliares de enfermería eran españolas.
Ahora me encontré con los frutos maduros de aquella migración. En el
aeropuerto de Dusseldorf me esperaba el señor Suárez, siendo un chaval de
17. Hoy su hija está debutando como miembro del staff de Adveniat. Donde
me encontré con un buen grupo de españoles fue en Wiesbaden. Allí, el
domingo 23 de noviembre, en la parroquia Santísima Trinidad, tuve Misa y
mucho español mayor, con sus alegrías y sus penas. Porque aunque Alemania
no esté tan lejos de España como la Argentina, estar fuera de la patria
siempre duele. Por suerte gozan de la presencia del Padre Grass, un pastor
excelente, que habla español perfecto, y sueña con venir a ejercer su
ministerio sacerdotal en la provincia de Misiones.
3. Los latinoamericanos, en cambio, aparecieron en Alemania
posteriormente, en dos momentos. Primero, entre 1965 y 1979, por razones
políticas. Y desde 1980 hasta hoy, por razones económicas. Donde se me
hizo muy visible la presencia latinoamericana en Friburgo. La capilla
pública del Seminario funciona como parroquia española y latinoamericana,
y es atendida por un sacerdote español, Don Luis Centeno.
Sin tomar en cuenta a
los latinoamericanos que poseen pasaporte de la Comunidad Europea, residen
legalmente en Alemania 85.000 latinoamericanos. De ellos, 24.000
brasileños, 9.000 colombianos, 8.000 peruanos, 7.500 cubanos. Y grupos,
que oscilan entre 5000 y 6000, de chilenos, mejicanos, dominicanos y
argentinos, tendiendo a duplicarse el número de venezolanos, colombianos y
peruanos, y a triplicarse el de los ecuatorianos, cubanos y dominicanos.
Además se calcula un 50% de latinoamericanos ilegales.
4. Argentinos encontré a unos cuantos: un profesor de música en la
Universidad de Maguncia; un matrimonio de Mendoza en Wiesbaden; una chica
salteña, que viajó hora y media en auto hasta Friburgo; un artista de
Rosario en Weimar; una chica jujeña casada con un arquitecto alemán en
Erfurt; una señora mayor que lloraba mientras yo exponía sobre “La crisis
argentina”; varios de San Isidro; una chica de Villa Ballester. Y varias
personas más vinculadas con la Argentina.
II. “Españoles,
alemanes y latinoamericanos en la Argentina”
5. Todo lo
dicho puede parecer intrascendente. ¿Porqué lo cuento? Porque hace
cincuenta años el título habría sido este otro: “Españoles, alemanes y
latinoamericanos en la Argentina”. Que hoy no sea éste último, sino el
anterior, me entristece. Y no porque le niegue a nadie el derecho a
emigrar a Alemania. Al contrario. Ver a una nación destruida como la vi
yo, que se levantó en pocos años, y se convirtió en tierra de esperanza
primero para los fugitivos del Este, y luego para muchos habitantes de los
países del Sur de Europa, y de otros pueblos más, e incluso para muchos
latinoamericanos, eso me alegra. Lo que me pone triste es que la Argentina
haya dejado de ser la tierra de esperanza que fue en 1870 y 1930, y
todavía entre 1945 y 1960, a la que vinieron millones de europeos,
incluidos no pocos alemanes. Una verdadera proeza recordada por el Faro
Argentina, en el Monte Gianicolo de Roma, cuyos destellos divisaba todas
las noches desde la terraza del viejo Colegio Pío Latino Americano junto
al Tíber siendo estudiante entre 1949 y 1954. Lo cual me producía una
honda satisfacción frente a los otros compañeros latinoamericanos. No sé
si el Faro funciona todavía. Pero aún así, y a pesar de que en el Año
Nuevo las encuestas mostraron a los argentinos entre los diez países más
optimistas del mundo, me siento triste. Porque hemos optado por ser una
nación mediocre: la de la pampa enorme apretujada e Buenos Aires y en las
demás capitales de Provincia, la del Tango y de Maradona. Y no ya más la
tierra prometida, abierta a “todos los hombres del mundo que quieran
habitar el suelo argentino”.
III. Necesidad
de una política poblacional
6. Alemania tiene una superficie de 356.000 km2, sólo un
poco más grande que la que ocupa la Región Pastoral del NEA, formada por
las provincias de Misiones, Corrientes, Formosa, Chaco, y además
Reconquista, que alcanzan una superficie de 322.354 km2. Sin
embargo, Alemania tiene uno de los índices de vida más altos del mundo. El
NEA, en cambio, no se diferencia en muchos rubros de los países africanos
más pobres. ¿En qué estriba la diferencia? Muchos son los factores. Uno no
menor es su población, su distribución territorial y la conciencia social
de la misma. Alemania tiene más de 80 millones de habitantes, y atrae
población extranjera. El NEA, en cambio, apenas un poco más de 3 millones,
y expulsa población. Mientras Alemania antes de la guerra mundial
insistía, como Italia, en que le hacía falta un espacio vital (“Lebensraum”,
“spazio vitale”), y con ello pretendía justificar sus guerras de anexión a
semejanza de lo que hicieron ante Estados Unidos y Gran Bretaña, se dio
cuenta que le sobraba espacio si lo usaba racionalmente. Y fue así que
acogió a millones de fugitivos y de trabajadores de otros países.
¿Qué habremos de
cambiar en el NEA y en la Argentina para que nuestros hijos florezcan
aquí? Hace falta una conciencia social nueva y, consecuentemente, una
política poblacional. Algo de lo que nuestros dirigentes todavía no
hablan.
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
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