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SER CRISTIANO HOY (9)


Mensaje
dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
25 de abril de 2004 - Tercer domingo de Pascua



I. “VENCE AL MAL CON EL BIEN”


1. “Matan a un joven que estuvo cinco días secuestrado”, decía la prensa el 24 de marzo. Y desde entonces el caso Axel Blumberg no ha dejado de ser noticia. No recuerdo otro caso en el que un hecho policial sea recordado en forma tan persistente. De hecho suscitó una reacción social que expresa la conciencia de un pueblo que no tolera más ver impotente que maten a sus hijos como moscas. No es el primer caso. Estuvo el de María Soledad, en Catamarca. Y otros. Pero es el primero con una reacción de estas proporciones. Y, en el que el padre del muchacho asesinado asume el acontecimiento como una vocación para suscitar un cambio profundo en el comportamiento de los ciudadanos y de la autoridad. Y sin otras armas que la verdad, la ley, la no-violencia y la perseverancia.


2. Todo hecho social contiene una cuota de ambigüedad. Baste recordar el cambio de humor que hubo entre el primer Domingo de Ramos cuando la gente vivaba a Jesús y el Viernes Santo cuando lo crucificó. Éste también está sometido a la ambigüedad. Pero expreso mi simpatía, pues la reacción habida muestra que hay gente que cree en que el mal puede ser vencido por el bien. Este es un postulado cristiano fundamental. Y está llamado a ser vivido no sólo en las relaciones interpersonales, sino también en los comportamientos sociales. Dios quiera que este fenómeno escape a toda tentación que lo acechare.


3. Que la reacción habida en el caso Blumberg es promesa de una vida social nueva lo sabremos fehacientemente el día en que nos solidaricemos también con las familias de los policías heridos o muertos en acto de servicio. Porque a muchos se los mata y entierra ante la indiferencia de la ciudadanía. Si queremos contar con una policía sana, capaz de batirse en defensa nuestra contra las bandas de ladrones y asesinos instaladas en el País, también ella debe ser sostenida por la simpatía y el agradecimiento del pueblo.



II. INDEFENSIÓN ESPIRITUAL DEL PUEBLO


4. ¿Por qué se ha llegado a este grado de inseguridad colectiva? Las causas son muchas, y hay que reconocerlas y enfrentarlas a todas: de orden político, económico, judicial, policial, etc. La más profunda es el debilitamiento espiritual del pueblo. Y ello por la claudicación de los que ejercen la autoridad pública, el abandono de la enseñanza de los valores morales desde la familia y la escuela, y la agresión que éstos sufren permanentemente desde los medios.


5. Cada uno de estos puntos merecería un estudio especial. Sólo destaco dos. No se puede tener un país seguro mientras se lo hace girar en torno a las riñas de los partidos políticos. Si no fuesen tan trágicas sus consecuencias, uno las despreciaría como peleas de payasos.

Igualmente, sería una hipocresía pretender gozar de seguridad pública mientras desde los medios se impulsa a bajar la guardia moral y a abrirse a todo tipo de maldad. ¿Por qué no violar a una mujer si ello descarga las pulsiones sexuales que se excitan permanentemente desde los programas de la TV, incluso en horario ordinario? ¿Y por qué no asesinarla después si ello es útil para ocultar un acto cuyo conocimiento podría traer consecuencias? La hipocresía reinante en este campo y avalada por la autoridad, es enorme. ¡Ojalá un día se levante una manifestación como la del primero de abril exigiendo la humanización de los medios!



III. PREPARAR LA JORNADA DEL BUEN PASTOR


6. No se puede lamentar la inseguridad del País sin considerar también la responsabilidad que los líderes espirituales tenemos en ella. Hoy sufrimos las consecuencias del abandono de la enseñanza de los mandamientos de la Ley de Dios por el que muchos pastores optaron en la década del 60. Pretendiendo superar lo que entonces se llamaba el moralismo, fue más cómodo abandonar esa enseñanza divina que profundizar en ella y proponerla desde el espíritu de Jesús: “Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los mandamientos” (Mt 19,17). ¡Dios quiera que hoy no estemos tomando otras falsas opciones pastorales cuyas consecuencias desastrosas se sentirán mañana!


7. Nadie como Jesús sintió la indefensión del pueblo: “Al ver a la multitud, tuvo compasión de ella, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”. Pero no se contentó con el sentimiento. Buscó remediar la situación. En primer lugar, enseñó a orar: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”. En segundo lugar, preparó y envió al primer grupo de apóstoles: “Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia... A estos Doce, Jesús los envió” (Mt 9,36-38; 10,1-5).


8. El próximo Domingo, que es el cuarto de Pascua, llamado popularmente “del Buen Pastor”, la Iglesia realiza la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones eclesiásticas. Es una manera concreta de recordar y practicar el mandato de Jesús: “Rueguen al dueño de los sembrados”. No se puede reducir la pastoral vocacional a la oración, pero sin oración no se puede hablar de pastoral vocacional. Es su fundamento imprescindible. El Señor me ha hecho ver que no he insistido suficientemente en este elemento. Pero con su gracia y la colaboración de los fieles y pastores, lo propongo como uno de los objetivos principales de la acción pastoral.

El Domingo también en nuestra Arquidiócesis se realiza la Colecta anual por las Vocaciones Eclesiásticas, que destino especialmente al Seminario y a la formación del Clero. La encomiendo vivamente a la generosidad de todos, y recomiendo que sea preparada durante esta semana. Si queremos un Clero santo, oremos y colaboremos para su formación.


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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