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SER CRISTIANO HOY (10)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
2 de mayo de
2004
- Cuarto domingo de Pascua
I. JESÚS
BUEN PASTOR Y LOS PASTORES DE LA IGLESIA
1. Este Domingo, el cuarto de Pascua, es llamado popularmente
“del Buen Pastor”. Y ello, porque cada año se proclama una parte del
capítulo 10 del Evangelio según San Juan, referida siempre a Jesús
bajo la figura del Pastor que da la vida por las ovejas. Es una imagen
pascual, pues nos recuerda el misterio de la muerte y resurrección de
Jesucristo: “Yo soy el buen Pastor, y doy mi vida por la ovejas. El
Padre me ama porque doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita,
sino que la doy por mi mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla”
(Jn 10,11.14-15.17-19).
2. La imagen del pastor es bíblica. Con ella se designaba al
rey y demás jefes de Israel. La peor situación del pueblo era carecer
de pastor. Así cuando Moisés se sintió morir, le suplicó a Dios que
“ponga al frente de esta comunidad a un hombre que la guíe en todos
sus pasos, así no estará como una oveja sin pastor” (Números 27,17).
La desilusión que con frecuencia Israel probó de sus pastores, lo
llevó a designar como tal a Dios. Y así lo cantaba en sus salmos: “El
Señor es mi pastor, nada me puede faltar” (Sal 23,1).
Al designarse Jesús
a sí mismo como el Buen Pastor, o cuando expresó su sentimiento de
compasión por la gente, “porque estaban fatigados y abatidos, como
ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9,36), sus oyentes entendieron
perfectamente de qué se trataba. También lo entendieron los discípulos
cuando Jesús, al confiarle a Simón Pedro la misión de pastorear a sus
ovejas, le preguntó si lo amaba (Jn 21,15-17), según leímos el Domingo
pasado.
II. ¿QUÉ ES LA CARIDAD PASTORAL?
3. Ser pastor en la Iglesia y amar al pueblo hasta dar la vida
son sinónimos. Modernamente decimos esto con una expresión feliz:
“caridad pastoral”. Pero, a fuerza de utilizarla, su significado puede
deformarse. Y ello, tanto en las ovejas como en los pastores.
En las ovejas,
porque corren el peligro de imaginar a sus pastores como “superman”
del Evangelio, al servicio permanente no ya de sus verdaderas
necesidades espirituales sino de sus fantasías religiosas. Pasó en
tiempos de Jesús, cuando tuvo que defender el derecho de sus apóstoles
al descanso: “Vengan ustedes solos a un lugar solitario, para
descansar un poco. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no
tenían tiempo ni para comer” (Mc 6,31).
También puede
deformarse en nosotros los pastores. Porque, aún con la gracia de
Dios, somos humanos y falibles. De allí que ya en la primitiva Iglesia
apareciesen en algunos pastores rasgos de egoísmo. Por ello el apóstol
Pedro los tuvo que amonestar: “Apacienten el Rebaño de Dios, que les
ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como
lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no
pretendiendo dominar a los que les han sido confiados, siendo de
corazón ejemplo para el Rebaño” (1 Pe 5, 2-3).
III. JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES ECLESIÁSTICAS
4. Como anticipé el Domingo pasado, hoy la Iglesia realiza la
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Eclesiásticas. Ésta es
para implorar de Dios por un número suficiente de pastores y por su
santidad. Igualmente, por las demás vocaciones de especial
consagración: religiosos y religiosas de diferentes estilos de vida y
laicos consagrados.
5. El insuficiente número de pastores preocupó al mismo Jesús.
Por ello ordenó orar: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores
son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores
para la cosecha” (Mt 9,37).
El número de
pastores en la arquidiócesis de Resistencia es muy bajo: además del
Obispo, hay 60 presbíteros (de los cuales sólo 20 pertenecen
establemente a la Arquidiócesis), y 10 Diáconos Permanentes. En este
momento existen 22 seminaristas que se preparan para el sacerdocio,
tres de los cuales serán ordenados Diáconos el 28 de mayo.
El número
insuficiente no debe convertirse nunca en una obsesión. Tal vez sea
ésta una de las razones que esté en la base de los escándalos del
clero que últimamente han sacudido a diversas Iglesias. Se parte de
una concepción excesivamente clerical del ministerio, se acentúa
entonces en demasía la insuficiencia de los ministros, y se cae así en
el error de no reparar en la calidad de los candidatos y de su
formación.
6. La oración ha de ser sobre todo por la santidad del Clero.
Jesús se pasó la noche entera en oración cuando eligió a los Doce
Apóstoles (Lc 6,12-16). Lo hizo especialmente en la última noche que
pasó con ellos: “Padre, manifesté tu nombre a los que separaste del
mundo para confiármelos. Yo ruego por ellos. Ya no estoy en el mundo,
pero ellos están en él. Cuida en tu Nombre a aquellos que me diste. No
pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Conságralos en la verdad” (Jn 17).
La oración por las
vocaciones incluye pedirle a Dios el don de la sabiduría espiritual
para todos los que tenemos responsabilidades en la selección y
formación de los candidatos al sacerdocio; a saber: a) el Obispo que
acepta a los candidatos en sus diversos pasos (desde el ingreso al
Seminario hasta la ordenación sacerdotal); b) los Superiores del
Seminario, a quienes la Iglesia confía la misión pastoral más
delicada; c) el Clero de las Parroquias, que hace la primera selección
y orientación de los candidatos; d) los Directivos del Centro
Vocacional Jesús Maestro, que han de hacer el primer acompañamiento
formal de los candidatos antes del ingreso al Seminario; e) el pueblo
de Dios, sin el cual es imposible que surjan vocaciones; f) las
familias que se ven beneficiados con el llamado de uno de sus hijos,
para que lo secunden. También hemos de orar por la docilidad de los
seminaristas: que se dejen enseñar por la Iglesia Madre. Y finalmente,
para que todos, pastores y fieles, trasmitamos un mensaje claro y
homogéneo sobre el ideal del ministro del Evangelio a imagen de Jesús.
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de
Resistencia
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