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“NUESTRO COMPROMISO CIUDADANO” (3)


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
27 de junio de 2004 - Décimo tercer domingo durante el año



I. LA FAMILIA: CÉLULA Y ARQUETIPO DE LA SOCIEDAD


1. Partiendo de la segunda narración bíblica de la creación del hombre, que trae el libro del Génesis, el domingo pasado dije que el primer compromiso ciudadano es “trabajar bien”. Siguiendo esa misma guía, hoy agrego que el segundo compromiso es “tomar a la familia como arquetipo de la sociedad y cuidarla”. Con esto no estoy haciendo una investigación antropológica sobre qué apareció primero, si el trabajo o la familia. Simplemente adopto una guía popular de reflexión sobre los fundamentos de la sociedad.


2. La narración a la que aludo muestra de manera inigualable el encuentro de la primera pareja humana. Adán cuidaba el jardín de Edén, lo visitaba permanentemente, y a cada ser le ponía su nombre. Pero entre todos ellos no encontró a nadie con quien compartir su admiración y alegría. Entonces sobreviene el portento que no sospechaba: “El Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando éste se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor formó una mujer y se la presentó al hombre. Éste exclamó: ¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre”. Y el escritor comenta: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne” (Gen 2,21-24).

Mientras Adán estaba sólo, no era varón de nadie. En cierto modo no había acabado de ser creado: “Entre ellos no encontró ayuda adecuada” (Gen 2,20). Cuando se encuentra con la mujer, sólo entonces llega a existir plenamente: “¡Ésta sí que es hueso de mis huesos!”.


3. El hombre bíblico fue creado por Dios como familia, cuyos miembros se sirven (“famulare”) unos a otros y así contribuyen al crecimiento de cada uno y del conjunto.

Algunas características fundamentales de la familia están a la vista. Primero, la igual dignidad de sus miembros. El varón y la mujer son iguales. En el relato bíblico esto está dicho de manera magistral. En la familia son iguales también los demás miembros: el grande y el chico, el niño y el anciano, el sano y el enfermo.

Segundo, en la familia hay diversidad, pero ésta no conspira contra la igualdad de sus miembros, sino que se resuelve en la complementariedad y reciprocidad de los sexos y de las generaciones, dando lugar a la concordia familiar.

Otra ley fundamental de la familia es el especial cuidado por el más débil. Cuanto más pequeño o débil o enfermo es un miembro, más los otros se esmeran en cuidarlo.

La familia también conserva los recuerdos del pasado: dolores y alegrías, el nacimiento del hijo y la muerte del abuelo. Son como la piedra basal sobre la que se edifica. Pero es también una sociedad en tensión hacia el futuro. Le importa mucho el mañana: la terminación de la escuela primaria del nene, los quince de la hija, el casamiento del hijo mayor.



II. ¿LA SOCIEDAD ARGENTINA ES UNA GRAN FAMILIA?


4. Igualdad, diversidad, complementariedad y reciprocidad, amor preferencial al más débil, conservación del pasado, sueño del futuro: estos valores, a la vez que afianzan a la familia, hacen de ella el arquetipo inspirador de la sociedad política. De hecho, la tribu o sociedad política primitiva surgió como asociación de familias y al servicio de ellas. Por eso, si bien sus fines son un tanto diversos, es normal que las leyes que estructuran internamente a las familias asociadas tiendan a reflejarse en ella.


5. Sería interesante analizar aquí si las leyes fundamentales familiares se verifican en la sociedad política argentina. No es el momento de hacerlo. Pero valdría la pena que el lector lo intente.

Por mi parte, tomo al acaso el diario del martes cuando escribo esta nota. ¿Y qué leo en la primera página? “Busca el gobierno aislar más a los piqueteros duros”; “San Isidro, la capital de los secuestros extorsivos”. Me pregunto ¿dónde está en todo esto la inspiración familiar de la sociedad? Paso a las páginas interiores, y me topo con estos otros títulos: “Más controles para el plan Jefes y Jefas”; “Denuncian a docentes por desvestir a dos alumnos”. Me sigo preguntando ¿dónde está el espíritu familiar de la sociedad? Sin contar los títulos más específicamente policiales, o los que aluden a las reyertas políticas.

Decir que la sociedad política argentina es una gran familia pareciera una gran ilusión. Y, sin embargo, así debiera ser. Y de ese norte o ideal político el cristiano y todo ciudadano honrado no han de apartarse jamás por duras que sean las contradicciones que deba sufrir.



III. SEGUNDO COMPROMISO CIUDADANO: CUIDAR LA FAMILIA


6. Uno que quiera insertarse en la sociedad como un ciudadano cabal, mal lo hará si descuida a su propia familia. A su vez, una sociedad política irá a los tumbos si olvida que surgió fundamentalmente para servirla, y que sus grandes leyes han de inspirarse en las leyes internas de aquella. Y peor, si atenta contra la familia.

Esto último es hoy muy frecuente. Incluso la consigna de grandes centros de poder político y económico del mundo es desvencijar a la familia. Y volverla una palabra equívoca para designar cualquier tipo de asociación entre seres humanos en los que se comparta el sexo, sin importar la naturaleza de la relación ni la ética.

El ataque a la familia hoy es alevoso. Por ello, felicito a los fieles cristianos que, sin esperar consignas de la jerarquía, se organizan para defender y difundir sus valores.

A éstos se refiere la declaración que publicamos los Obispos en la reciente Asamblea Plenaria: “La Familia: imagen del amor de Dios. Reflexión sobre situaciones difíciles y ambigüedades en referencia a la vida, la familia y algunas cuestiones éticas.” Recomiendo leerla.


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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