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"NUESTRO COMPROMISO CIUDADANO"

 

Homilía del Arzobispo de Resistencia, Carmelo Juan Giaquinta, en el tedéum por la Fiesta Patria del 9 de julio de 2004

 

1. Hemos rezado recién como oración por la Patria la del X° Congreso Eucarístico Nacional. Aconsejo repetirla, con fe y confianza, todos los días que faltan para ese acontecimiento de gracia. Pero recordemos que éste será tal sólo si abrimos con sencillez nuestro espíritu para recibirla. Pues no hay acontecimiento que produzca mágicamente efecto alguno, y menos la transformación de algo tan noble, inmenso y querido como nuestra Patria.

Comentemos brevemente dos de las frases de la oración

Jesús, alimento de los valores que nos identifican como pueblo

2. Por cierto que tenemos valores que nos identifican como pueblo. Millones de extranjeros, especialmente de Europa, y también de América Latina, vinieron a nuestra tierra atraídos porque en nosotros había valores que los sedujeron. ¿Cómo definirlos? Son los valores expresados en el Preámbulo de la Constitución Nacional: voluntad de “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. Son todos valores coherentes con el Evangelio de Jesucristo. A un mundo dividido por tantas guerras, la Argentina se les brindaba como una tierra donde era posible encontrar todo lo que en sus patrias faltaba. ¿Cómo no emprender la travesía para venir a la Argentina!

3. Pero un cuerpo hermoso y sano puede enfermarse. También el cuerpo de un ser tan querido como el de nuestra Patria. No tiene que irritarnos que nos digan que estamos enfermos. Nadie tiene que sentirse menoscabado por ello. Ni el simple ciudadano, ni la autoridad. Hace pocos días, en preparación a la Asamblea Arquidiocesana, procurando detectar la hondura de nuestra enfermedad y suscitar la voluntad de ponerle remedio, en todos y en especial en los cristianos, escribí: “Según mi experiencia, en el fondo de la crisis argentina existe un problema fundamental: los argentinos hemos sido educados en una falsa autocomprensión de nosotros mismos, que no se corresponde con la realidad, y caímos en un solipsismo enajenante que nos lleva a prescindir de la sociedad y del mundo en que vivimos. De allí, nuestro descompromiso ciudadano”.

No voy a detenerme hoy en explicar mi experiencia, que no es corta. Tampoco pretendo que se comparta mi interpretación de la historia argentina. Pero no dejemos pasar el Nueve de Julio sin contemplar los valores que hicieron de la Argentina una tierra de esperanza. Y animémonos a verificar la enfermedad que padecemos, que no es sólo económica, ni causada sólo por factores externos.

Jesús, autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano

4. La fe cristiana supera infinitamente el compromiso ciudadano. Pero éste es un fruto necesario de la misma.

Los cristianos mal podríamos ser peregrinos del cielo si fuésemos fugitivos de la Patria terrena. Los argentinos somos treinta y siete millones de habitantes. Pero muy pocos son los ciudadanos. Los primeros sólo usufructúan de la República. Los segundos la construyen con inteligencia, amor y sacrificio, pensando en las generaciones futuras.

5. Me permito remitir aquí a cuanto dije en esta misma ocasión el año pasado sobre el amor a la República, a la “cosa pública”. Igualmente, sobre la patología, que afecta el sistema nervioso de nuestra sociedad, y que consiste en desconocer lo público como aquello que es de todos, y que por todos debe ser cuidado, sostenido, defendido.

De los siete pecados capitales, a los que me referí hace pocos días, y de los cuales tenemos que desmalezar el alma argentina para sembrar en ella la semilla de la ciudadanía, tal vez éste sea el más grave, y que se lo erradica sólo con una educación nueva impartida especialmente desde la familia, la escuela y la catequesis, que cultive las virtudes y grandes valores ciudadanos. ¡Ojalá que los medios quieran colaborar a esta educación! ¡Y que los que estamos investidos de autoridad, cualquiera sea, demos el testimonio que convenza a nuestros hijos!

6. Otras frases en la Oración podrían inspirar nuevos puntos de reflexión: generar “hombres y mujeres honestos y capaces”; hacer “posible la reconciliación en nuestra sociedad herida por la división y el desencuentro”; establecer “la auténtica solidaridad con quienes están más heridos a causa de la injusticia y de la pobreza”. Pero hoy nos basten las dos frases mencionadas. Y transformemos su reflexión en oración de alabanza y de súplica a Dios nuestro Padre, para restaurar en nuestra querida Patria los valores que nos identifican como pueblo, y crecer en nuestro compromiso ciudadano.


Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia



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