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“NUESTRO COMPROMISO CIUDADANO” (5)


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
11 de julio de 2004 - Décimo quinto domingo durante el año



I. LA ASAMBLEA ARQUIDIOCESANA


1. El sábado 3 se realizó la XIX Asamblea Arquidiocesana, sobre el tema “La Santidad y nuestro compromiso ciudadano”. Es ya tradición que se celebre una vez al año, con delegados de todas las comunidades cristianas, asociaciones y movimientos, que componen el entramado de la Arquidiócesis. Esta vez duró sólo un día, en vez de dos. Pero no por ello fue menos intensa y provechosa. Fue estimulante escuchar a laicos integrar un panel sobre la santidad del cristiano en el mundo, y a un presbítero disertar sobre “nuestro compromiso ciudadano”. Y, sobre todo, ver a todos los asambleístas dialogar sobre esto último, y comprenderlo como fruto de la primera, y como una exigencia de nuestra fe que nos lleva a vivir en la sociedad al estilo de los discípulos de Jesús, siendo “sal de la tierra y luz del mundo”.


2. No podemos ser cristianos en el templo y paganos en el mundo. No somos cristianos en el mundo por el hecho de realizar en él gestos religiosos propios del templo. De una manera muy espontánea los asambleístas dijeron lo mismo que dijimos los Obispos en la última asamblea plenaria: “Nuestro compromiso ciudadano es uno de los frutos que derivan de la novedad de la resurrección de Jesucristo y nos ha de impulsar a todos los cristianos a vivir en nuestro País de una manera totalmente nueva, desterrando de nosotros los criterios y comportamientos sociales contrarios al bien común y no acordes con el Evangelio de Jesús. Éste nos manda resistir al mal con el bien, y no ceder a la corrupción por pequeña que fuere. No podemos olvidar que nuestra crisis es fruto de innumerables claudicaciones en la conducta moral de los ciudadanos, en particular de sus dirigentes. Sólo podremos salir de ella con hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria, que cumplan sus deberes y no se contenten únicamente con exigir sus derechos”.



II. “COMPROMISO CIUDADANO”: TRADUCIRLO AL LENGUAJE COTIDIANO


3. Muchas palabras que decimos todos los días acaban por no significar nada a causa del desgaste natural que sufren todas las cosas. Por ejemplo, ¿qué significa “ser santo en el mundo”? ¿O“corrupción”? Ésta significa hoy algo que son capaces de hacer sólo los grandes. Por ejemplo, los sobres de los senadores denunciados por Pontacuarto. De ningún modo corrupción sería “la viveza” que yo, un pobre gato, hago de proporcionarme un carnet de conductor “trucho” por unos pocos pesos. A la vez hay palabras que tienen una carga especial de interpelación. Decirle a alguien “faltaste a la palabra”, hoy lo tiene muy sin cuidado. Decirle, en cambio, “sós un falluto”, lo hace saltar como leche hervida. Igualmente, decir “compromiso ciudadano” puede quedar muy bien en una oración para el próximo Congreso Eucarístico. Pero ¿qué significa para el común de los mortales? De allí la necesidad de un ejercicio permanente de retraducción de tantas palabras que pronunciamos.


4. Un ejemplo de retraducción de la expresión “ser santo en el mundo” es la que el P. Martín Weichs propuso en la Asamblea arquidiocesana. Vale la pena recordarla: “Ser santo en el mundo es, por ejemplo: a) hacer bien el propio trabajo; b) atender con esmero al público; c) no cajonear los expedientes; d) ser buen vecino; e) denunciar los peligros que acechan al barrio o a mi vecino; f) cuidar de la limpieza de la calle, evitar ruidos molestos y no ensuciar las paredes; g) nutrir el sentimiento de pertenencia a la propia ciudad, pueblo o paraje; h) pagar las deudas y los impuestos; i) no abusar del crédito y usar de él con sabiduría evitando endeudar a la familia; j) devolver lo prestado; h) no jugar por dinero; i) militar en política partidaria según la libre opción que cada uno ha de hacer conforme al Evangelio, sin pretender identificarla como opción católica; k) admitir que mi hermano en la fe me apoye en que yo asuma un compromiso sindical o político, pero que a la vez discrepe conmigo en la concreción de mi opción temporal, sin que por ello me sienta traicionado; l) combatir la tentación del partidismo o endiosamiento del propio partido, y procurar que el mismo se vuelva escuela de alta política y de selección de candidatos honestos y capaces; m) sancionar las leyes estudiando a conciencia los problemas y teniendo en vista el bien común; n) en la votación de las leyes, hacer que siempre prime el juicio de la propia conciencia por sobre la disciplina partidaria; ñ) no pretender adquirir derechos que pongan en peligro la equidad social; o) apoyar la revisión de eventuales abusos en este campo; p) asociarse gremialmente para el progreso personal del trabajador y defensa de su dignidad y derechos; q) discernir la justicia o injusticia de una huelga a la luz de la doctrina social de la Iglesia, y según eso plegarse o no; r) elegir dirigentes políticos y sindicales capaces de fomentar la paz social, la justicia y la equidad, e impedir el acceso o la permanencia de dirigentes deshonestos o perturbadores de la paz social; s) reaccionar pacíficamente pero activamente contra todo atropello físico a los derechos de los demás (corte de rutas, de puente, desmanes contra bienes públicos o de privados); etc., etc., etc.”. La lista de equivalencias de la expresión “ser santo en el mundo” es ya muy larga. Pero de ningún modo está agotada. El ejercicio de traducción ha de continuar. Y conviene que lo haga cada cristiano en su propia situación.


5. Mis últimos cinco mensajes dominicales, sumados a los quince anteriores “Ser cristiano hoy”, más el cuádruple aporte que hice a la Asamblea arquidiocesana publicado los días previos a la misma, constituyen ya un pequeño manual sobre “nuestro compromiso ciudadano”, o nuestra manera de ser santos en el mundo. No hay, sin embargo, nada más transformador de la vida social que la adopción de comportamientos sociales nuevos conformes al Evangelio de Jesús. El inminente Congreso Eucarístico Nacional nos pone frente a “Jesús autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”. ¿Seremos capaces los cristianos de no dejar pasar en vano la hora para comenzar un proceso de cambio profundo en nuestros comportamientos sociales?


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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