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“JESUCRISTO: PAN DE VIDA” (2)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
25 de julio de
2004
- Décimo séptimo domingo durante el año
I. JESÚS RESUCITADO, AUTOR DEL DOMINGO
1.
Parecerá una perogrullada, pero hubo un tiempo en que el Domingo no se
llamaba Domingo. Los romanos lo llamaban “Día del Sol”. Todavía hoy en
inglés se lo llama así: “Sonday”. Los hebreos, en cambio, decían
“Primer día de la semana”, que recordaba el inicio de la semana en que
Dios creó al mundo: “Entonces Dios dijo: ‘Que exista la luz’. Y la
luz existió. Este fue el primer día” (Gen 1,3.5).
Los
primeros cristianos, que de ordinario eran hebreos, continuaron
hablando como de costumbre. Pero pronto advirtieron que ese primer
día, en que debían reiniciar las fatigas semanales para ganarse el
pan, se había llenado de una luz extraordinaria. Jesús muerto en una
cruz y traspasado por una lanza había resucitado. Y con su
resurrección había iniciado una nueva creación. “El primer día de
la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena
fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. El
evangelista San Juan insiste: “Al atardecer de ese mismo día, el
primero de la semana, estando cerradas las puertas donde se
encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y
poniéndose en medio de ellos, les dijo: ‘La paz esté con ustedes!’”
(Juan 20,1.19).
2.
¿Cómo entonces no reunirse ese día a celebrar al Señor resucitado? ¿Y
qué manera mejor de hacerlo que repetir el gesto que él mismo había
ordenado en la última cena y que había realizado después de resucitar?
Cuenta San Lucas que “el primer día de la semana,... dos de los
discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús. Jesús se acercó y
siguió caminando con ellos. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde
iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron:
‘Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba’. Él entró
y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la
bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los
discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido
de su vista”. Vueltos enseguida a Jerusalén no se contuvieron en
contar “cómo lo habían reconocido al partir el pan” (Lc
24,1.13.28-31.35). ¡Inconfundible Jesús en ese gesto!. Sin duda
que Jesús es el autor del Domingo.
Por un
tiempo los discípulos continuaron llamando ese día como hasta
entonces: “Primer día de la Semana”. Pero con el pasar de los años
optaron por bautizarlo y llamarlo “Dies Domini”, o “Día del Señor” (Ap
1,10), y finalmente “Domingo”. El Domingo es así el principio
fundamental de la vida cristiana y de la acción pastoral de la
Iglesia. Ningún recurso pastoral es más grande que una buena
celebración dominical.
II.
CELEBRACIÓN DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
3.
A partir de la Resurrección los cristianos comenzaron a reunirse en
ese día, para celebrar la muerte y resurrección de Jesucristo,
cumpliendo el mandato dado por él en la última cena: “Tomó el pan,
dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: ‘Esto es mi
Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía” (Lc
22,19).
El
apóstol Pablo lo recuerda expresamente: “Lo que yo recibí del
Señor, y a mi vez les he trasmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús,
la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y
dijo: ‘Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en
memoria mía. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa,
diciendo: ‘Esta es la copa en la Nueva Alianza, que se sella con mi
Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía’. Y así, siempre
que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor
hasta que él vuelva” (1 Co 11,23-26).
4. ¿Cómo se desarrollaba la celebración? Excepto las alusiones
que tenemos en la carta recién citada (capítulos 10-11), no tenemos
demasiadas precisiones en el Nuevo Testamento. Pero si leemos con
atención el libro de los Hechos de los Apóstoles, podemos descubrir su
estructura esencial. Allí San Lucas recuerda una escena en Tróade, de
la que él mismo participó, y que tuvo por protagonista al apóstol
Pablo: “El primer día de la semana, cuando nos reunimos a partir el
pan, Pablo dirigió la palabra a la asamblea y su discurso se prolongó
hasta la medianoche. La habitación donde nos habíamos reunido estaba
muy iluminada.. (Acontece entre tanto la caída, muerte y
resurrección de Eutico). (Pablo) volvió a subir, partió el pan y
comió... Y todos se sintieron muy consolados” (Hch 20,7-8.11-12).
Sin mucho
esfuerzo descubrimos dos partes fundamentales de la celebración: el
anuncio de la Palabra de Dios por labios del Apóstol y la “fracción
del pan”. Sustancialmente las dos partes de la celebración
eucarística. Como decimos hoy: la mesa del Pan de la Palabra y la mesa
del Pan eucarístico.
III. DOMINGO: DÍA DEL COMPARTIR PREPARAR LA COLECTA PARA LA OBRA
EVANGELIZADORA
5. Cuando hay fiesta se comparte. No está bien comer y que el
otro mire. Jesús no comía sin pensar en los que no comían. Así en la
última cena, cuando salió Judas, el ecónomo del grupo, todos pensaron
que había ido a dar algo a los pobres (Jn 13,29). El apóstol San
Pablo, por su parte, ordena hacer en domingo la colecta para los
pobres de Jerusalén: “El primer día de la semana, cada uno de
ustedes guarde en su casa lo que haya podido ahorrar, para que las
donaciones no se recojan solamente a mi llegada” (1 Co 16,2).
6.
En tres semanas más, el 14 y 15 de agosto, realizaremos la Colecta
arquidiocesana para la Obra Evangelizadora. Cuando la establecí en
1994 no imaginé que la misma daría origen a un vasto movimiento de
reflexión y acción en la Iglesia argentina, llamado Plan Compartir.
Hoy, como el apóstol Pablo, recomiendo preparar esta Colecta. Que los
Consejos Parroquiales de Asuntos Económicos realicen la debida
catequesis. Que los fieles católicos sean generosos. Y Dios los
recompensará sobre toda medida.
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de
Resistencia
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