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“JESUCRISTO: PAN DE VIDA” (3)


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
1 de agosto de 2004 - Décimo octavo domingo durante el año



I. TENSIONES, PROBLEMAS Y COMUNIÓN


1. La cercanía de las primeras comunidades cristianas con los Apóstoles y con Jesús, y la lejanía entre ellas y nosotros, hacen que las idealicemos como si no hubiesen tenido problemas o fuesen siempre de fácil solución. Esta idealización no resiste una lectura atenta de los libros sagrados. San Lucas, al narrar la primera celebración de la Eucaristía, la de Jesús con sus Apóstoles, pinta las tensiones entre éstos durante la última cena: “Surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande”. Cuesta imaginar que los Apóstoles, a esa altura de la convivencia con Jesús, tuviesen ese tipo de miserias. Pero el autor sagrado pinta la realidad con crudeza. Y como no hay mal que por bien no venga, nos ofrece la enseñanza de Jesús sobre la primacía en la Iglesia: “Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor. Porque ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve” (Lc 23,24-27).


2. La carta de San Pablo a los corintios muestra también tensiones de otro tipo. Unas que imponía el ambiente en el que estaban inmersos. Por ejemplo: ¿se puede comer la carne inmolada a los ídolos que se vende en el mercado? Otras provenían del lastre moral que los recién conversos traían. Por ejemplo: “Si es cierto que hay un solo Dios y que los ídolos no tienen existencia, ¿qué me impide participar en el banquete en honor de ellos? ¿Acaso me puede manchar una carne ofrecida a un ser inexistente?” San Pablo zanja la cuestión utilizando la noción de comunión, que después se volvió clásica para designar la Eucaristía: Dice así: “La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, pues todos participamos de ese único pan... Los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a Dios. Ahora bien yo no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios. No pueden beber la copa del Señor y la copa de los demonios. No pueden sentarse a la mesa del Señor y a la mesa de los demonios”. (1 Co 10,16-21).



II. LA COMUNIÓN: CRITERIO CRISTIANO FUNDAMENTAL


4. A partir de entonces “comunión” es un criterio fundamental para iluminar cualquier realidad de la vida del cristiano y de la Iglesia. Así lo hizo el Concilio Vaticano II. Y ahora las nuevas Líneas Pastorales. Invito a mi lector a tomar el Nuevo Testamento, y verificar la profundidad y multiplicidad de uso que tiene la palabra “comunión”. Primero, significa “comulgar” (o participar) en los padecimientos de Cristo. No hay comunión sin unión con su misterio pascual (Flp 3,10; 1 Pe 4,13). No se trabaja por ella si no se está dispuesto a sufrir como él sufrió por reunir en la unidad a los hijos de Dios dispersos. Y sabemos que si comulgamos en sus padecimientos, también comulgaremos en su gloria (Ef 5,1). Segundo, se trata de comulgar en el Espíritu de Cristo, dejándonos mover por él, teniendo los mismos sentimientos y actitudes de Jesús (2 Co 13,13; Flp 2,1). Tercero, se trata de comulgar en su Evangelio, en la vivencia del mismo y en la misión de anunciarlo (1 Co 9,23). Cuarto, nada hay más contrario a la comunión con Cristo que pactar con el espíritu del mundo (2 Co 6,14; Ef 5,11).

La noción de comunión alcanza en San Juan una perfección insospechada, pues armoniza todo, al hombre con Dios y a los hombres entre sí: “Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no procedemos conforme a la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado ” (1 Jn 1,3.6.7).



III. LA COMUNIÓN DE BIENES ESPIRITUALES Y MATERIALES


5. Si la “comunión” consiste en que los discípulos de Cristo compartan todo (la muerte y resurrección de Cristo, su gloria, el Espíritu Santo, el Evangelio): ¿cómo entonces no compartirán los bienes materiales con los hermanos que carecen de ellos? Lo afirmó categóricamente San Pablo cuando explicó el por qué de su viaje a Jerusalén: “Voy a Jerusalén para llevar una ayuda a los santos de allí. Porque Macedonia y Acaya resolvieron hacer una colecta (“comunión”) a favor de los santos de Jerusalén que están necesitados. Lo hicieron espontáneamente, aunque en realidad estaban en deuda con ellos. Porque si los paganos participaron (comulgaron) de sus bienes espirituales, deben a su vez retribuirles con bienes materiales” (Rm 15,25-279.



PREPARAR LA COLECTA POR LA OBRA EVANGELIZADORA


6. Vuelvo a recordar que el 14 y 15 de agosto se realizará la Colecta Anual para la Obra evangelizadora de la Arquidiócesis de Resistencia. Y conviene prepararla, como hacían los primeros cristianos. San Justino, un filósofo que vivía en Roma en torno al año 150, describe así su experiencia: “Celebramos esta reunión el día del Sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando la tiniebla y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos. Los que tienen y quieren, cada uno según su libre determinación, da lo que bien le parece, y lo recogido se entrega al presidente y él socorre de ello a huérfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los forasteros de paso; en una palabra, él se constituye provisor de cuantos se hallan en necesidad” (Apología I,67).


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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