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JESUCRISTO: PAN DE VIDA (8)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
5
de setiembre de
2004
- Vigésimo tercer domingo durante el año
I.
CULMINACIÓN DEL X CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL
1. Hoy culmina en Corrientes el X Congreso Eucarístico
Nacional. He venido refiriéndome a él desde el domingo de Corpus
Christi (13 junio). Escribo “culmina” porque, si bien el Congreso
concluye en su exterioridad, su materia es inagotable, y ésta nunca
puede concluir. De la Eucaristía vale lo que el evangelista San Juan
escribió de las demás obras de Jesús: “Si se las relatara
detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los
libros que se escribirían” (Jn 21,25).
A esto se
suma que el Sínodo de los Obispos prepara su XI Asamblea Ordinaria
para octubre de 2005, sobre el tema “La Eucaristía, fuente y cumbre
de la vida y misión de la Iglesia”. A lo cual sucederá la
exhortación apostólica postsinodal sobre el mismo tema. De esta
manera, la Eucaristía permanecerá explícitamente en el primer plano de
la conciencia de la Iglesia argentina durante mucho tiempo. Es ésta
una circunstancia que los pastores y catequistas, junto con todos los
cristianos, deberemos aprovechar con sabiduría.
II. “JESÚS AUTOR DE NUESTRO COMPROMISO CIUDADANO”
PRIMER FRUTO DEL CONGRESO
2. Por caminos impensados, la situación desastrosa de nuestra
Patria se ha colado en la oración preparatoria del Congreso
Eucarístico, y hemos rezado cientos de miles de veces, y tal vez
millones, que éste “nos devuelva a Jesús como autor de nuestra fe y
de nuestro compromiso ciudadano”. La fe cristiana, que supera
ampliamente este compromiso, carece de este fruto en la mayoría de los
cristianos argentinos. Y de rebote en nuestra Patria hay escasa
conciencia de que somos ciudadanos corresponsables del bien común. Nos
paremos más a una nación feudalizada en miles de grupos de intereses
contrapuestos, que no a una Patria de hermanos en la que nuestros
hijos puedan crecer sanos de cuerpo y de espíritu.
Podemos
pensar con razón que, con ocasión del Congreso, la necesidad del
compromiso ciudadano se haya abierto camino en la conciencia de muchos
cristianos. Y que cultivado con esmero puede redundar en una
conciencia ciudadana nueva, con la que todos los argentinos nos
hagamos cargo de todos.
III. “PROCLAMAR LA MUERTE DEL SEÑOR”
SEGUNDO FRUTO DEL CONGRESO
3. Aunque parezca de Perogrullo, confío que el Congreso
Eucarístico y el próximo Sínodo de los Obispos pongan en evidencia lo
que es fundamental de la celebración de la Eucaristía. Como decía el
apóstol San Pablo, esto consiste en “proclamar la muerte del Señor
hasta que él vuelva” (1 Co 11,26).
En la
celebración dominical, podríamos desvivirnos por miles de aspectos
relativos a la Eucaristía: que es una fiesta, que es un convite, que
es comida espiritual, que es un compartir, que es una reunión de
hermanos, etc. Pero si olvidásemos, o relegásemos al segundo plano,
que es la celebración del memorial o sacramento de Jesucristo que
aceptó ir a la muerte por amor a nosotros, no sería una celebración
eucarística cristiana. Para una celebración eucarística veraz es
fundamental volver siempre a los gestos y palabras de Jesús: “Tomó
el pan, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: ‘Esto es mi
Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía’.
Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: ‘Esta copa es
la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” (Lc
22,19-20).
Esto es
lo que debe brillar ante los ojos de los fieles que participan de la
Eucaristía y de los catecúmenos que son iniciados en ella. Incluso,
todas las prácticas eucarísticas fuera de la celebración eucarística
deben inspirarse en los gestos y palabras de Jesús. Así la adoración
al Santísimo Sacramento, las visitas al Santísimo, la procesión del
Corpus Christi. La misma teología de la Eucaristía debe inspirarse
permanentemente en esos gestos y palabras.
IV. ANUNCIAR LA VUELTA DEL SEÑOR
TERCER FRUTO DEL CONGRESO
4. Hay un elemento más a tener en cuenta para una celebración
eucarística auténtica: esperar con amor la vuelta del Señor. El
apóstol San Pablo lo enseñó con claridad: “Y así siempre que coman
este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que
él vuelva” 8 1 Co 11,26). Mientras los cristianos de Corinto se
ensimismaban en una celebración eucarística egoísta e inmediatista, en
la que cada uno comía su propia comida y hasta se emborrachaba, el
apóstol traza el horizonte amplio y maravilloso en el que se celebra
la verdadera Eucaristía: la vuelta del Señor, y, por tanto, su espera
amorosa.
5. Este aspecto es fundamental en el mensaje de Jesús. Así como
no se entiende su Evangelio sin su Muerte y su Resurrección, tampoco
se lo entiende sin su Vuelta definitiva. Lo profesamos en el Credo:
“Y de nuevo vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos”. Lo
decimos durante la celebración eucarística: “Anunciamos tu muerte,
Señor, proclamamos tu Resurrección, hasta que vuelvas”. Pero ¿lo
creemos?
Los
católicos nos sonreímos cuando otros cristianos le ponen fecha a la
vuelta de Jesús. Pero el anuncio de su vuelta está tan poco presente
en la predicación y catequesis católica contemporánea que me pregunto
si esos cristianos no tendrían motivo para burlarse de nosotros.
Porque si no viviésemos esperando la vuelta del Señor no seríamos
cristianos.
6. Aunque parezca contradictorio, el futuro del “compromiso
ciudadano” de los cristianos argentinos mucho depende de cuán viva sea
la fe en la vuelta definitiva del Señor ansiada durante la celebración
eucarística. Si el Señor que vuelve no sostuviese nuestros esfuerzos
por construir aquí abajo una patria de hermanos, pronto nos
fatigaremos, y arrinconaremos ese ideal entre los trastos viejos.
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de
Resistencia
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