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JESUCRISTO: PAN DE VIDA (9)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
12
de setiembre de
2004
- Vigésimo cuarto domingo durante el año
I. ¿DEL CONGRESO EUCARÍSTICO AL SÍNODO PASTORAL NACIONAL?
1. El domingo pasado concluyó el X° Congreso Eucarístico
Nacional. ¿No sería ya tiempo de ir pensando en el próximo, en 2014?
Alguien dirá: ¿para qué tan temprano? Así sería si se tratase de una
celebración destinada exclusivamente al culto eucarístico público.
Para eso basta un par de años de preparación. Pero si se tratase de
revisar cada diez años el caminar de la Iglesia argentina, y ver en
qué medida la evangelización que realiza enfrenta los desafíos que el
mundo le presenta, y todo ello en el marco de una celebración
eucarística, dos años de preparación serían escasos.
2. La tradición existente en la Argentina de un Congreso
Eucarístico decenal y la iniciativa que se viene afirmando desde la
Visita de Juan Pablo II en 1987 de que los Obispos cada diez años
propongamos Líneas Pastorales comunes: pareciera que tienden a
converger en algo nuevo. Tal vez en una Asamblea o Sínodo Pastoral
Nacional, coronado con un Congreso Eucarístico Nacional. El último, si
bien tuvo muy presente la situación del País a evangelizar, no se
inspiró directamente en las recientes Líneas Pastorales “Navega Mar
Adentro”, que actualizan las de 1990, ni tuvo el propósito de proponer
directivas pastorales.
3. Si se decidiese la modalidad que sugiero, llevaría a definir
mejor varias cosas. En primer lugar, el perfil de los congresistas.
Estos deberían ser elegidos en gran medida entre los agentes
pastorales más capaces y activos de las diversas Diócesis y entre los
cristianos que son observadores atentos de la realidad socio-cultural.
Igualmente, los trabajos preparatorios deberían ser muy concienzudos,
a la vez que abiertos al enriquecimiento que harían los congresistas.
Habría que insistirse, sobre todo, en que el Sínodo-Congreso sería un
tiempo de gracia y un llamado a la conversión para que la Iglesia en
la Argentina escuche lo que el Espíritu le quiere decir (cf. Ap.
2,11). Y, por lo mismo, habría de insistirse mucho en la oración
preparatoria. La coronación de la Asamblea pastoral con un Congreso
Eucarístico, le daría un marco litúrgico óptimo. Pues, además de crear
un ambiente excepcional de comunión, nos recordaría dos dimensiones
del misterio de Cristo que son el fundamento de toda acción pastoral:
a) que Jesús, en el momento supremo de su vida, se entregó libremente
por amor a nosotros, y se convirtió en pan y bebida espiritual para
nuestro caminar por el mundo; b) que hemos de vivir preparados para
recibirlo amorosamente cuando él vuelva, y que todo apostolado debe
estar orientado a apurar su Venida (cf. 2 Pe 3,11).
4. Todo esto exigiría otro tipo de organización. Tal vez que la
Iglesia diocesana que sea sede del “Sínodo-Congreso” se ocupe más del
aspecto eucarístico, y que las Iglesias de la Región, o de la Nación,
se ocupen más del aspecto pastoral.
Soñar no
cuesta nada. Pero es un sueño que suscitó en mí el reciente Congreso
Eucarístico. Y antes de que el tiempo lo borre lo consigno por
escrito. Dentro de algunos años Obispos más jóvenes quizá juzguen que
es un sueño digno de ser realizado y decidan llevarlo a la práctica.
II. ADMIRACIÓN Y GRATITUD A LA IGLESIA DE CORRIENTES
ESTÍMULO
PARA LA IGLESIA DE RESISTENCIA
5. Los días vividos en Corrientes durante el Congreso
Eucarístico serán inolvidables. En primer lugar, por el clima de
comunión y de fraternidad, generado especialmente por la Iglesia
anfitriona de Corrientes. Los participantes nos hemos sentido en casa.
El clima que se vivía, en particular durante la Misa vespertina de
cada día, me llevó a pensar en la Casa definitiva del Cielo y me
acicateó a prepararme para ello.
En
segundo lugar, por la organización a todos los niveles, de la que
participaban innumerables colaboradores, aportando cada uno su granito
de arena, y siempre con mucho afecto y eficiencia. Los servidores, los
que atendían la liturgia, los del protocolo, los del coro, los
seminaristas, etc. Ha habido también numerosos colaboradores
chaqueños, unos permaneciendo en el terruño, otros cruzando el puente.
No puedo menos de expresar mi admiración y gratitud por todo el
trabajo hecho, su organización y sincronización. Y también por la
colaboración civil que empalmaba perfectamente con la eclesial.
6. En los años venideros, muy probablemente se le ofrecerá a
Resistencia ser la sede de algún evento eclesial de importancia. Tal
vez otra visita a la Argentina de éste Papa o del futuro, y se decida
que su visita a la Región se realice con una estadía en Resistencia. U
otro evento. ¿Se animarán los resistencianos a poner el hombro?
Santiago del Estero lo hizo en 1994. Corrientes lo hizo ya por dos
veces: en 1987, con la visita del Papa, y en 2004, con el reciente
Congreso. Ambas Iglesias vecinas lo han hecho de manera ejemplar. ¿Por
qué no habríamos de ser capaces los chaqueños? Pero todo habrá de
hacerse de manera que ese esfuerzo extraordinario brote del esfuerzo
cotidiano por evangelizar y lo impulse a una renovación profunda. Lo
extraordinario en la acción pastoral no debe ser como un impulso
espasmódico, sin mucha relación con lo anterior y lo posterior, sino
como el salto que se da en una carrera, que le ayude a sortear
dificultades y dar un renovado impulso hacia delante.
7. Y volviendo a la gratitud: aprovecho esta ocasión para
expresar una vez más mi admiración y gratitud a la familia correntina
por el aporte que hizo a la evangelización del Chaco. Con esto no
niego el aporte de la familia cristiana de otros orígenes: paraguayo,
santafesino, friulano, etc. Pero siento que me corresponde destacar el
aporte que la familia correntina, humilde y trabajadora, hizo a la
evangelización del Chaco, porque se lo da por supuesto y se lo
menciona menos. Y esto es otra lección que me queda del Congreso
Eucarístico Nacional. ¿Qué sería de la evangelización sin el esfuerzo
cotidiano, callado de todo el pueblo de Dios, en especial de sus
miembros más humildes, por trasmitir la fe a sus hijos y por ejercitar
la caridad con los que sufren?
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de
Resistencia
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