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¿EXTINCIÓN DEL COLEGIO CATÓLICO?


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
3 de octubre de 2004 - Vigésimo séptimo domingo durante el año



1.
“Al borde del abismo... Camino al cadalso”: la revista CONSUDEC (del Consejo Superior de Educación Católica) intituló así su editorial de la primera quincena de julio, refiriéndose a la cuestión planteada en el título de este mensaje. Puesto que estamos a pocos meses del inicio del año escolar 2005, no es oportuno callar sobre un problema que, si bien es público, no es muy conocido por el Pueblo de Dios, ni siquiera por los padres que envían a sus hijos a los Colegios católicos.



I. DIVERSIDAD DE SITUACIONES Y UN MISMO PROBLEMA


2. ¿Cuál es el problema? En primer lugar, aclaremos la diversidad que hay entre los colegios católicos según la persona jurídica que los organiza y su ubicación en el Pueblo de Dios. Así: 1°) los colegios que pertenecen a asociaciones conformadas principalmente por laicos, con el reconocimiento del Obispo; por ejemplo: Fe y Alegría, San Roque. 2°) Los que pertenecen a Congregaciones religiosas; por ejemplo: Itatí, Don Bosco, María Auxiliadora, Don Orione, Emilio Lamarca, Cacique Pelayo, Inmaculada Concepción de Gral. San Martín. 3°) Los que pertenecen a una Parroquia; por ejemplo: San José Obrero, Domingo Savio. 4°) Los que podría organizar directamente el Arzobispado; de los cuales no existe ninguno.


3. Sin embargo, el problema que hoy sufren todos los colegios es el mismo. Y dado que, en el plano pastoral todos están bajo la autoridad del Obispo, corresponde que salga en defensa de ellos. Incluso, como miembro de la Conferencia Episcopal Argentina, no puedo desentenderme de la problemática que se está sufriendo en las demás circunscripciones eclesiásticas. Y tampoco soy indiferente a la suerte de los colegios de otras confesiones religiosas, cristianas y no, que pasan por la misma situación.



II. EL SERVICIO EDUCATIVO PRESTADO POR LA IGLESIA


4. Es grande el aprecio de la Iglesia por la Escuela como instrumento de la evangelización y promoción de la cultura. Y así también lo reconoce la gente. No es el caso de demostrarlo haciendo la historia de la educación en nuestra Patria. Nuestros próceres fueron prácticamente todos educados por la Iglesia. Hasta 1883 no se conoció otra escuela que la católica. Y una vez aceptado el desafío que supuso la ley de enseñanza laica, la Iglesia no dejó de ofrecer una alternativa educativa conforme al principio de la libertad de enseñanza, sancionado en la constitución nacional y en la provincial. El documento del episcopado “Educación y proyecto de vida” (1985) es una muestra inequívoca del aprecio de la Iglesia. Sin olvidar, que su mejor demostración es la creación de escuelas por parte de ella en los lugares más difíciles y carentes de educación. Hoy una red de más de dos mil institutos educativos católicos en todo el País sirve a las familias que quieren ofrecer a sus hijos esta alternativa educativa. Y alivia enormemente al Estado de los gastos que representaría sostener íntegramente semejante red de escuelas. Por su parte, la Iglesia universal rubricó su aprecio por la escuela en el documento del Concilio Vaticano II sobre “La educación cristiana de la juventud”, y en varios documentos posteriores con los que puso en marcha la reforma educativa promovida por él. Todo lo cual está reflejado en la legislación canónica.



III. DERECHO DEL DOCENTE A UN SUELDO JUSTO


5. En relación con lo anterior, la Iglesia defiende con claridad el derecho de los docentes a una retribución salarial digna del trabajo que cumplen.

Que los docentes argentinos suelen estar mal retribuidos, no hay que demostrarlo. Basta comparar el sueldo que perciben con el de otros agentes del Estado. Y ni qué hablar si se lo comparase con el que perciben sus colegas en otros países.



IV. EL MEOLLO DEL PROBLEMA


6. El problema que hoy aflige a la educación católica, y que la expone a serio peligro de extinción, consiste sustancialmente en el apartamiento por parte del Estado de la legislación vigente referente a los sueldos de los docentes de los establecimientos públicos de gestión privada. Y ello a partir de una resolución de la Subsecretaría del Ministerio de Trabajo de la Nación que interpretó que la suma no remunerativa de $100, dispuesta en julio de 2002, alcanzase también a los docentes de educación de gestión privada. Aumento que se ha incrementado por decretos posteriores.

De mantenerse firme la resolución de la mencionada Subsecretaría, muchos colegios católicos habrán de cerrar sus puertas. Y si alguno quedase, para seguir funcionando debería renegar de los propósitos fundacionales de servir a las clases humildes y cobrar cuotas prohibitivas. En esas condiciones, yo no autorizaría en el territorio de la Arquidiócesis de Resistencia a ningún cura párroco a promover un solo colegio parroquial más. Y recomendaría estudiar cómo desprenderse de los existentes.

En algunos ambientes hay un grave equívoco con respecto a la financiación de los colegios católicos, que es necesario superar. Éstos de ningún modo están organizados como empresas lucrativas. Y la autoridad no los puede tratar así.



V. INVITACIÓN A LOS PADRES A ASUMIR SU RESPONSABILIDAD


7. Dejo a otros que, con mayor competencia, expliquen detenidamente las sendas equivocadas seguidas por las autoridades nacionales hasta crear inútilmente una situación de conflicto, que está consumiendo ya demasiadas energías y amenaza convertirse en una grave cuestión social.

Invito a los padres que envían a sus hijos al Colegio Católico a asumir la responsabilidad que les cabe en la defensa del mismo. Como pastor los acompañaré. Pero no podré hacer lo que les corresponde a ellos. Pues cualquiera sea la opción educativa que elijan, siempre son ellos los primeros responsables. (28/9/04)


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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