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SOMOS CORRESPONSABLES (1)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
10
de octubre de
2004
- Vigésimo octavo domingo durante el año
BUSH Y
EL REINO DEL REVÉS
1.
“El mundo sin Sadam Husseim es ahora más seguro”, repite George W.
Bush en su campaña por la reelección. Y con ello pretende justificar
la decisión de invadir a Irak y sus mentiras sobre las armas de
destrucción masiva, y que reconozcamos que valió la pena. Es incapaz
de reconocer el estrago que esas mentiras han causado al orden
internacional y cuánto más inseguro han vuelto al mundo. Lo mejor que
Bush podría hacer sería confesar: “Mentí. Pido perdón a Irak y al
mundo entero. Y recomiendo combatir a los mentirosos de la política lo
mismo que a los terroristas de Ben Laden”.
2. ¡Cuánto bien le haría al mundo! Y ello, porque hechos
absurdos como ése se nos imponen todos los días. El máximo del absurdo
es que tengamos que decir que lo que está mal está bien. Los medios,
los parlamentos, muchos que posan de pensadores, capitales que ven un
negocio posible en todo lo que sea depravado: van creando un
pensamiento al revés del sentir común. Y todos nos vamos plegando como
borregos al coro monocorde que aplaude lo innombrable: “¡Qué bella es
la fealdad! ¡Qué bien está!”. Está bien la televisión puerca que
invade nuestros hogares. Está bien el sexo en la vía pública. Está
bien la sodomía. Está bien el casamiento de las personas del mismo
sexo. Está bien inducir a nuestros chicos y chicas a tener sexo
prematuro e irresponsable. Está bien la prostitución infantil. Está
bien el turismo porno. Está bien apoderarse de lo que es público,
desde los ventiladores de las escuelas de barrio hasta los tomógrafos
de un gran hospital. Está bien secuestrar personas. Está bien
amputarles un dedo. Está bien apalearlos, filmar el tormento y mandar
el film a la familia para extorsionar el rescate. Está bien degollar a
los rehenes. Está bien cortar las calles. Está bien utilizar cualquier
medio para protestar, incluso desparramar la basura ante las casas de
los vecinos. Está bien que los que tienen poder “metan la mano en la
lata” sin importarles del hambre del pueblo. Está bien... Todo lo
malvado y depravado está bien. Y si no está bien, ¡cuidado con decir
que está mal! Podría ser “discriminación”. A lo sumo dígase que es
“incorrecto”. Y a los malvados llámeselos “pícaros” como si fuesen
chicos traviesos. No medimos las consecuencias de esta tergiversación
de lo malo en bueno.
II. LA MASACRE DE CARMEN DE PATAGONES
3. ¿A alguien se le ocurrió pensar todo lo que pasó por la
mente de “Junior” hasta que decidió disparar contra sus compañeros en
la escuela de Carmen de Patagones? Si todo lo que está mal está bien,
¿no habrá pensado quizá: “¿por qué va a estar mal que yo agarre
el arma de papá y mate a mis compañeros, que son tan desgraciados como
yo?”. También “Junior” es víctima de este mundo que ha perdido los
valores. No importa que viviese en la tranquila Carmen de Patagones
junto al Río Negro, que durante años contemplé desde la orilla vecina
siendo Obispo auxiliar de Viedma. Ya no hay rincones tranquilos. La
geografía dejó de ser la barrera que defienda a los adolescentes de
los antros de corrupción. De muchas maneras, pero sobre todo a través
de los medios, y en especial de la TV, una incultura corrupta y
corruptora se va adueñando de todo. Y ello con la anuencia y aliciente
de los mayores, que hemos claudicado de nuestra misión de educadores
de nuestros hijos. Y también con la cobardía de los buenos, que temen
pasar por mojigatos.
III. CORRESPONSABLES DE LO QUE SUCEDE Y DE LA SOLUCIÓN
4. Admitamos que “Junior” enloqueció. Lo enloquecimos. Muchos
chicos están enloqueciendo en este mismo momento. (Hoy sábado 9 de
octubre, son las 4,10 de la mañana, y junto a mi ventana está pasando
un coche con música a todo volumen. Estamos todos locos. Pero nadie lo
dirá, porque queremos parecer cuerdos). No todos los chicos dispararán
una pistola contra sus compañeros. Pero se están entrenando en un
polígono temible: sensación de abandono, de inutilidad, desilusión,
amargura, resentimiento, odio, placer hueco, sexo fácil, droga. Se
disponen a protagonizar mañana escenas aún más horrorosas que la de
Carmen de Patagones.
No sé
si el padre le enseñó a “Junior” a disparar. Pero tengamos la valentía
de admitirlo: toda la sociedad le enseñó a apuntar contra sus
compañeros.
5. Pero nada malo que hace el hombre es irremediable. Ante la
degeneración ambiental es posible primero poner una barrera de
contención. Leyes inteligentes, que miren a defender el bien común.
Segundo, implementar una educación nueva de nuestros adolescentes,
fundamentada en sólidos valores humanos: veracidad, bondad, justicia,
respeto al otro, sentido del propio cuerpo, solidaridad, amor al
estudio y al trabajo, austeridad, espíritu de sacrificio, coherencia
de vida. Y ello, desde la familia, la escuela, la Iglesia. Y ojalá
también desde los medios de comunicación. Y todo acompañado del
testimonio de vida. Porque nada revienta más a los chicos que vernos a
los adultos mentirles.
IV. DOMINGO DE LAS MISIONES
6. La maldad hoy está globalizada. Muchas de las conductas
inhumanas que desarman a nuestros hijos nos vienen de afuera. Aunque
ya no hay ni afuera ni adentro. Lo que hacemos aquí repercute
instantáneamente en los confines del mundo. Y viceversa. Sin perder la
esperanza, y confiada en la fuerza del Espíritu de Jesucristo, a la
Iglesia le corresponde alentar a la familia a educar a sus hijos.
Alentar a los docentes. Mejorar permanentemente su catequesis. Volver
a enseñar con sabiduría evangélica los mandamientos que Dios escribió
en nuestro corazón.
La
lucha pareciera desigual. No importa. David, confiando en la fuerza de
Dios, pudo contra Goliat.
Y,
además, no olvidemos el trabajo evangelizador a realizar en los
pueblos donde todavía Cristo no ha sido anunciado. Hoy, domingo de las
Misiones, oremos a Dios por ellas. Y realicemos nuestra ofrenda
generosa.
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de
Resistencia |