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COMPARTIR LOS DONES DE DIOS (3)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
7 de noviembre
de
2004
- Trigésimo segundo domingo durante el año
I.
DESDE PAMPA DEL INDIO A LOS CONFINES DEL MUNDO
1.
El domingo antepasado (24 octubre) dejé Pampa del Indio, donde estuve
durante cinco días haciendo la visita pastoral, y, tras un breve paso
por Resistencia para rehacer la valija, seguí viaje hacia Roma, para
participar del Primer Congreso Mundial de Organismos eclesiales que
trabajan por la Justicia y la Paz, que se realizó del 27 al 31 de
octubre. Hoy, (2 de noviembre cuando escribo esto), ya estoy de
regreso, pero con toda la carga que significa haberme encontrado con
cristianos de 93 países: Afganistán, Albania, Angola, Australia,
Austria, Bangladesh, Belarus, Bélgica, Benin, Bosnia-Herzegovina,
Brasil, Bulgaria, Burkina Faso, Burundi,... Y no sigo enumerando, para
que esto no parezca una clase de geografía. Cada país entraña un
dolor, una injusticia, muchas veces en grado desgarrador, como los
tres millones de muertos en la región de los Grandes Lagos de África,
y los cuatro millones de desplazados. Pero también, una posibilidad
para que cada comunidad cristiana y cada uno de sus miembros, como
también todos los hombres de buena voluntad, muestren su capacidad de
compartir los dones que Dios les ha regalado, lo cual hace a la
verdadera solidaridad y a la posibilidad de construir una sociedad
basada en la amistad social.
II. ¿COMPETIR O
COMPARTIR?
2.
La conclusión que uno saca de escuchar tantos dolores e injusticias,
es que los problemas de este mundo tienen solución, por graves que
fueren, si se los enfoca desde el espíritu de compartir los dones que
Dios nos ha dado con tanta liberalidad. Y si se los produce con
esfuerzo, se los usa con moderación y se los comparte con justicia y
equidad. Y que, en cambio, tienden a agravarse enormemente cuando se
impone el espíritu de la pura competencia, según el cual el más fuerte
tendría derecho a acaparar todo lo que está a su alcance, depredándolo
si fuere necesario, revendiéndolo luego al precio que dicta su interés
3.
“¿Competir o Compartir? Desafío para el tercer milenio”: así
intitulamos el primer capítulo de la carta que los Obispos dirigimos
sobre “Compartir la multiforme gracia de Dios, sobre el
sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia” (31 octubre
1998). Fue un título profético. Todavía no había acontecido el 11
de septiembre, ni el 20 de diciembre de 2001, ni la guerra de
Afganistán, ni la de Irak, ni tantos otros hechos lamentables que
muestran que los grandes de este mundo pretenden construirlo sobre el
espíritu del “competir” más que sobre el de “compartir”. De primera
impresión, la situación del mundo es descorazonadora. Pero el
cristiano y la Iglesia están en él mundo como un poco de levadura para
fermentar la masa humana con el espíritu del “compartir”. ¿Qué vale
ese poco de levadura? A simple vista es algo despreciable. Pero ¡qué
poder tiene! ¡Y cuán comible se vuelve el pan con ella! Aquí vale la
pregunta: ¿los cristianos argentinos compartimos todo lo que somos y
tenemos para que el Evangelio de Jesucristo sea anunciado? Porque de
lo contrario ¿cómo seríamos levadura?
III. ¿LOS
CATÓLICOS ARGENTINOS COMPARTIMOS?
4.
La respuesta a la pregunta no puede ser apodíctica por el sí o por el
no. Depende del ángulo en el que nos pongamos. Si nos ubicamos en el
de la gente que trabaja apostólicamente en nuestras parroquias: ésta
muchas veces “comparte” en grado notable y digno de elogio. Si nos
ubicamos en el de la gente que sólo frecuenta la Iglesia en forma
regular, la cosa cambia. No siempre hay correspondencia entre lo que
recibe de la Iglesia y lo que le aporta. Muchas veces ni toma a su
cargo la educación en la fe de sus hijos. Y esto no es un reproche,
sino una constatación. Tal vez nunca se les enseñó a gustar el gozo
que ello es capaz de provocar. De allí la importancia que la jornada
nacional del 4-5 diciembre sobre el sostenimiento de la obra
evangelizadora de la Iglesia sea dedicada especialmente a este sector
del pueblo cristiano. Y si nos ubicamos en el ángulo de la inmensa
mayoría que se profesa católica, pero que no participa semanalmente de
la Eucaristía: este tipo de cristiano tiene con respecto a la Iglesia
la misma actitud mágica que el ciudadano argentino tiene frente al
Estado. Ésta lo puede todo, lo tiene todo. Por tanto se le puede
exigir todo, sin aportarle nada a cambio. Ni se le ocurre que a la
Iglesia ha de construirla también él, con su participación activa,
poniendo a su disposición su ser, con sus talentos, tiempo y dinero. Y
todo ello según la propia vocación.
5.
Un estudio nacional realizado por Gallup en julio de 2002 sobre 1251
casos, mostró que: a) el 80% se profesa católico; b) el 79% se percibe
como una persona religiosa; c) el 46% de los encuestados tiene una
imagen positiva de la jerarquía de la Iglesia (regular: 29%; negativa:
18%). Pero el 46% dice no saber nada de donde proviene la principal
fuente de financiamiento de la Iglesia Católica argentina. Lo más
llamativo es que ante la pregunta sobre “cuál debería ser la principal
fuente de financiamiento de la Iglesia”, un 42% señaló al Vaticano,
mientras que un 33% señaló a los fieles, el 18% al Estado, el 14% a
inversiones que debería hacer la Iglesia, el 7% a donaciones a recibir
del exterior, otro 7% a alguna empresa argentina, un 2% a otras
fuentes, mientras un 16% dice no saber cómo podría ser financiada.
Ante este tipo de respuesta, el calificativo de “mentalidad mágica” no
pareciera excesivo. ¿Cómo superarla?
6.
Primeramente, tomando conciencia de cuán hondo es el convencimiento
colectivo de que la Iglesia no necesita del aporte de los fieles. Ante
una pregunta sobre el porcentaje de ingreso familiar que deberían
aportar los fieles a la Iglesia: el 58% respondió no saber; el 23%,
que nada; el 11%, que del 1 al 5%; el 6%, del 6 al 10%; el 1%, del 11
al 25%; y otro 1%, 26% o más. La cuesta a remontar es empinada. Pero
no imposible si se asume el tema con una catequesis adecuada, con
sinceridad, sin maniqueísmo, y sin caer en la mentalidad de este mundo
con respecto al dinero.
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia |