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COMPARTIR LOS DONES DE DIOS (6)


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
28 de noviembre de 2004 - Primer domingo de Adviento



I. JESÚS POBRE, MODELO INSPIRADOR DE LA IGLESIA


1.
Al hablar de compartir los bienes para realizar la obra del Evangelio, un elemento necesario a tener muy en cuenta es la práctica y la enseñanza de Jesús. Ante todo es preciso destacar que Jesús llevó una vida sencilla. No quiso para sí el estilo de severa austeridad de Juan Bautista, pero abrazó la vida de la gente pobre. A uno que se ofreció a seguirlo le dijo: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc 9,58).

Siempre será inspirador volver a contemplar la figura de Jesús pobre. De esto nos dio ejemplo la Iglesia en el Concilio Vaticano cuando se propuso su renovación: “Así como Cristo realizó la obra de la redención en la pobreza y persecución, también la Iglesia está llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación. Cristo Jesús, a pesar de su condición divina, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo (Flp 2,6) y por nosotros se hizo pobre a pesar de ser rico (2 Co 8,9). También la Iglesia, aunque necesite recursos humanos para realizar su misión, sin embargo no existe para buscar la gloria de este mundo, sino para predicar, también con su ejemplo, la humildad y la renuncia” (Lumen Gentium 8).

Hoy también, cuando nos proponemos catequizar al Pueblo de Dios sobre su obligación de sostener incluso económicamente la obra evangelizadora de la Iglesia, hemos de mirarnos en Jesús como en un espejo. La Iglesia, que necesita de bienes materiales, no puede poseerlos como una multinacional.



II. LA ANUNCIO DE JESÚS SOBRE LOS BIENES MATERIALES


2. Un segundo elemento a tener en cuenta es la enseñanza de Jesús sobre los bienes materiales. Este punto ocupa un lugar muy importante dentro del anuncio de Jesús. Recomiendo a mis lectores tomar el Evangelio según San Lucas y leer sobre todo los capítulos 12, 16, 18 y 19. Allí se ve clara la amonestación de Jesús a no dejarse atrapar por la avaricia, a confiar en la Providencia, a administrar los bienes materiales compartiéndolos con los demás y asegurándose con ellos los bienes definitivos del Cielo, a renunciar a ellos para dedicarse al Evangelio, a trabajar y perfeccionar los dones que Dios nos da para servir con ellos al Reino.

Vale aquí la misma conclusión del párrafo anterior. La Iglesia, que debe anunciar que los bienes de este mundo han sido dado por Dios a todos los hombres, y que deben ser administrados para el disfrute de todos, no puede quedar atrapada en la posesión de los mismos. Es sabido, por lo demás, que los períodos de decadencia de la Iglesia han coincidido con aquellos en los que las abadías y obispados eran disputados como presa de rapiña. ¿Existen hoy situaciones en que nuestra Iglesia estaría presa del dinero? Es una pregunta que no debemos temer hacernos delante de Cristo dueño del mundo pero pobre.



III. JESÚS TENÍA UNA ECONOMÍA AL SERVICIO DEL EVANGELIO


3. Al hablar del sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia, hemos de preguntarnos también sobre cómo hacía Jesús. Observando el Evangelio, vemos que Jesús, el cual hasta antes del Bautismo de Juan había vivido oculto en Nazaret trabajando con sus manos, desde entonces se confía a la Providencia y a la caridad de sus discípulos. San Lucas nos cuenta de un grupo de mujeres que lo acompañaban junto con los Doce, “que los ayudaban con sus bienes” (Lc 8,1-3). San Juan nos dice que Jesús tenía organizada una bolsa común, donde la gente echaba de buena voluntad, y que en ella había suficiente no sólo para que comiese Jesús y los Doce, sino para compartir con los pobres. En la última cena “Jesús le dijo (a Judas): ‘Realiza pronto lo que tienes que hacer’. Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: ‘Compra lo que hace falta para la fiesta’, o bien que le mandaba dar algo a los pobres” (Jn 13,27-29). El hecho de que Judas fuese el administrador malo de la bolsa de Jesús, como lo muestra un párrafo anterior (ver Jn  12,4-6), no le quita a esa iniciativa nada de su bondad. Jesús que multiplicó milagrosamente los panes para la multitud que lo seguía, no lo hacía para sí. Los Evangelios nos traen un solo caso donde Jesús intervino milagrosamente para el pago de sus impuestos y los de Pedro (cf. Mt 17,24-27).


4. Por lo demás Jesús fue claro en no ligar la suerte del Evangelio al dinero. Al enviar a los 72 discípulos les dijo: “No lleven dinero, ni alforja, ni calzado” (Lc 10,4). Pero enseguida habló del salario del predicador: “Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario” (Lc 10,7). Más tarde el apóstol San Pablo, recordó esta disposición de Jesús: “El Señor ordenó a los que anuncian el Evangelio que vivan del Evangelio” (1 Co 9,14).



IV. MORIR AL PIE DEL CAÑÓN


5.
Hablando de “compartir”, quiero compartir con mis lectores una experiencia minúscula, para mí llena de significado. Está relacionada con la muerte del Cardenal Juan Carlos Aramburu, quien fuera mi Arzobispo cuando yo era sacerdote en Buenos Aires (1967-1980), y que me consagró obispo. Como se dice popularmente, murió al pie del cañón. A los 92 años, cada martes y jueves por la tarde, iba desde el barrio Belgrano, donde vivía retirado, al Santuario de San Cayetano de Liniers para atender confesiones e impartir el sacramento de la reconciliación. El jueves 18, a las 17,05, su chofer le avisó por el teléfono interno que estaba a disposición para llevarlo. Y él le respondió que estaba casi pronto. Al no venir, a las 17,55 van a su habitación. Y lo encuentran recostado en su cama y listo para salir. Al principio pensaron que se había dormido. Pero no. Había partido para la Casa del Padre, a escuchar no ya confesiones sino el cántico nuevo que los elegidos cantan delante del trono de Dios. 


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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