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LA EVANGELIZACIÓN DEL CHACO
Y LA CONCEPCIÓN INMACULADA DE LA VIRGEN MARÍA
Carta pastoral de
monseñor
Carmelo Juan Giaquinta,
arzobispo
de Resistencia, , en el 150º aniversario del Dogma de la Inmaculada
Concepción de la Santísima Virgen María y en el 50° aniversario de su
patronazgo sobre la Provincia del Chaco
I. UN POCO DE HISTORIA
1. Hoy, solemnidad de la Concepción Inmaculada de la Santísima
Virgen María, es una fecha muy
querida
para todos los cristianos. Y para los chaqueños en particular. Y ello
por muchos motivos.
Los
orígenes de la fe cristiana en nuestra tierra se remontan a la
fundación, en 1585, del primer
pueblo
llamado Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de la Buena
Esperanza del Río Bermejo.
Innumerables templos se levantaron luego bajo esta advocación, entre
los que se destacan dos parroquias erigidas en 1937, antes de la
creación de la Diócesis de Resistencia en 1939; a saber: Inmaculada
Concepción de Barranqueras, e Inmaculada Concepción de Presidencia de
la Plaza; y, más tarde, la Vicaría parroquial Inmaculada Concepción de
Margarita Belén, erigida en 1971.
2. No podemos olvidar que hace 50 años la autoridad provincial,
por Ley 90, del 30 de septiembre de 1954, decidió “designar como
Patrona de la Provincia Presidente Perón con todos los honores y
prerrogativas inherentes a su Patrocinio a la Inmaculada Concepción de
la Santísima Virgen María”.
Igualmente que, a pedido de Mons. Enrique Rau, segundo obispo de
Resistencia, el Papa Pío XII, el 05 de mayo de 1956, nombró “a la
Bienaventurada Virgen María Inmaculada desde su concepción como
patrona principal de toda la diócesis de Resistencia”, que
entonces comprendía Chaco y Formosa, junto con San José Obrero.
3. Además, hoy recordamos el 150 aniversario de la Bula
Ineffabilis Deus, con la cual el Papa Pío IX proclamó “que la
doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada
inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su
concepción por singular gracia de Dios omnipotente, en atención a los
méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por
Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los
fieles”.
II. LA FE EN EL MISTERIO DE LA CONCEPCIÓN INMACULADA
4. Sin embargo, las conmemoraciones no bastan para captar todo
lo que la conciencia cristiana quiere significar con la fe en la
Concepción Inmaculada de la Virgen María. Por ello conviene que,
guiados por
la Palabra de Dios, nos detengamos a considerarla un momento.
No se
trata, por cierto, de la concepción virginal de Jesús en el seno de
María, misterio que veneramos en la solemnidad de la Anunciación del
Señor, el 25 de marzo. Tampoco tiene que ver directamente con el acto
con el que los padres de María la engendraron, pues el acto marital es
en sí mismo santo y no debe ser purificado de ninguna mancha.
La
Concepción Inmaculada tiene que ver con un misterio muy hondo: la
mancha (macula) que todos los hombres heredamos de nuestro primer
padre Adán, fruto de su desobediencia a Dios, de la que fue preservada
María “en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del
género humano”.
De
esta mancha nos habla el libro del Génesis en el capítulo 3, que se
lee en la primera lectura de esta solemnidad, y sobre la cual
reflexionó profundamente el apóstol San Pablo en la Carta a los
Romanos, y que él llamó pecado: “Por un solo hombre el pecado entró
en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos
los hombres, porque (en Adán) todos pecaron” (Rm 5,12).
5. Se trata de un pecado misterioso, que no es personal nuestro
como el que cada uno de nosotros comete, sino pecado cometido por Adán
y heredado por nosotros de él en cuanto cabeza y origen de la
humanidad. Y por lo mismo con nefastas consecuencias para toda su
descendencia. De allí, que lo llamemos “pecado original”. Desde aquel
entonces ya no nacemos como hijos de un padre inocente, sino de un
padre pecador. Algo semejante a la situación de los descendientes de
un abuelo rico que hubiese cometido el despropósito de perder su
fortuna jugando a la ruleta: la habría perdido para sí, y también para
sus hijos y nietos. Desde Adán nacemos privados de la gloria con que
Dios revistió al primer hombre cuando lo creó. Y, por lo mismo,
intrínsecamente inclinados al mal, a pecar. San Pablo, que tuvo una
experiencia muy fuerte del pecado, escribió: “Sé que nada bueno hay
en mí. El deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el
realizarlo” (Rom 7,18).
6. De allí, la necesidad que el hombre tiene de ser rescatado
por Dios, como éste lo prometió ya en la primera hora, movido a
misericordia por su criatura: “Pondré enemistad entre ti (la
serpiente) y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la
cabeza” (Gen 3,15). Dios que creó bueno al hombre, incluso “muy
bueno” (Gen 1,31), se propuso recrearlo y rescatarlo del pecado por
medio de su Hijo Jesucristo, y ponerlo en una situación infinitamente
superior a la anterior. Como razona el mismo Apóstol: “Si la falta
de uno solo (Adán) provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el
don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron
derramadas mucho más abundantemente sobre todos... Donde abundó el
pecado (de Adán), sobreabundó la gracia (de Jesucristo)” (Rom
5,15.20). En el pregón pascual la Iglesia se extasía ante esta
sobreabundancia de la misericordia divina y se atreve a proferir
palabras de las que sólo es capaz el lenguaje del amor: “¡Oh
dichoso pecado de Adán (sic!), que nos mereció tan grande redentor!”.
7. El pueblo cristiano, a través de su devoción y de la
reflexión de sus doctores, entendió que era justo de toda justicia que
el Hijo de Dios al venir al mundo “nacido de una mujer” (Ga 4,4)
para purificarnos de la mancha del pecado original, preservase de la
misma a la que habría de ser su Madre. Y ello desde el primer instante
de su concepción. De allí, que hablemos de concepción “in-maculada”
(sin macula o mancha) de la Santísima Virgen María.
III. RESONANCIAS DEL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
8. Esta es la fe que se expresa en la alegría tan particular
que el pueblo cristiano prueba en esta solemnidad. Y que a los
cristianos chaqueños nos embarga de manera muy especial. Es también
la fe
que el pueblo sencillo profesa al pedir el Bautismo para sus hijos. Lo
que Jesucristo nuestro Redentor obró en María en el instante de su
concepción, el pueblo cristiano quiere que el Bautismo lo realice en
sus hijos para que, liberados del pecado, vivan ya desde la tierra
como hijos de Dios.
9. El dogma de la Concepción inmaculada nos refresca la fe en
el dogma del pecado original. Si bien éste no fue una tragedia que
destruyese la obra de Dios en el hombre, es un drama gravísimo que
sigue afectando la relación entre la criatura y Dios Creador. Si
olvidásemos el pecado original no habría una comprensión cristiana de
la historia humana. No se entendería la encarnación de Jesucristo, ni
su mandato misionero: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean
mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo” (Mt 28,19). Tampoco se entendería la existencia de
la Iglesia, ni el ministerio de sus ministros, ni toda la acción
pastoral que desplegamos, ni el impulso para revisarla una y mil veces
y hacerla más conforme al Evangelio de Cristo y realizarla en
comunión. Sin admitir el pecado original no se podría formular una
antropología auténticamente cristiana. Ni trazar una pedagogía de
veras católica.
IV. LA INTERCESIÓN DE MARÍA POR NOSOTROS
10. En esta hora de la Provincia, llena de posibilidades y de
dificultades, y al cumplirse 50 años de cuando la Inmaculada
Concepción fue designada “Patrona de la Provincia”, encomiendo a ésta
a la intercesión de tan bondadosa Madre.
Igualmente, y sobre todo, encomiendo a su intercesión a la Iglesia
arquidiocesana, a todo el Pueblo de Dios, con todas sus familias,
Parroquias, Asociaciones y Movimientos, a todo el Presbiterio y a cada
uno de sus miembros, a los Diáconos, al Seminario Interdiocesano La
Encarnación, al Centro Vocacional Jesús Maestro, a la Escuela de
Diaconado Permanente San Esteban, a todas las congregaciones
religiosas masculinas y femeninas que dan testimonio de Cristo entre
nosotros.
También le encomiendo mi pobre persona para que en el último tramo de
mi ministerio episcopal no me falte sabiduría espiritual, fortaleza y
fidelidad para llevar al Pueblo de Dios “al estado de hombre
perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo” (Ef
4,13).
11. Me permito recomendar a todos los cristianos que, al pasar
por la rotonda entre las Rutas 11 y 16, saluden a María Inmaculada con
el saludo del Ángel rezando un Ave María.
Igualmente que, al pasar por el Triángulo, en 25 de Mayo y Ruta 11,
saluden de la misma manera a la Virgen de Luján, la cual también nos
recuerda su Inmaculada Concepción. Felicito a las autoridades que le
han devuelto al lugar su original sencillez y belleza.
Recomiendo a todas las personas piadosas colaborar con las autoridades
para que dichos espacios resplandezcan por la limpieza y el buen
gusto. Y así sea grato entrar y salir de la ciudad capital.
12. Y tú, María Inmaculada, acuérdate siempre de todos nosotros
ante tu amado Hijo Jesucristo. “¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce
Virgen María!”
En Resistencia, el 8 de diciembre del año 2004
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo de Resistencia |